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Unión Aduanera con Centroamérica


Un mercado geográficamente integrado por 35 millones de consumidores, separados por siete republiquitas suicidas que tejen una maraña burocrática infranqueable que todo lo enreda, impide o entraba el intercambio comercial y de servicios entre ellas. El proceso de integración centroamericana tiene 50 años de dinero vanamente gastado, con magros resultados. Hasta ahora han sido inútiles todos los esfuerzos de integración. Pero hoy asoma un rayo de esperanza.
Reunidos en El Salvador, los mandatarios del Istmo, incluyendo a nuestro presidente electo, Martín Torrijos, han anunciado el logro de un avance de 93.4% en los esfuerzos por lograr una unión aduanera en América Central, que incluiría a Panamá. El mero hecho que nuestro país forme parte plena del convenio, es positivo y acaba con década y media de vacilación en cuanto a su incorporación al proceso de integración con sus vecinos.
La unión aduanera permitiría que todas las naciones del Istmo cobraran iguales cargos, costos, honorarios, restricciones y exigirían los mismos papeles, formatos, inspecciones y requisitos, incluso sanitarios y de seguridad, obviando en lo posible duplicidades, dobles tributaciones, tramitaciones y demoras. Si eso se logra, lo cual se espera para diciembre próximo, el intercambio comercial entre ellas y con el resto del mundo, se hará más fluido, sencillo y uniforme.
Obviamente, menos burocracia y menos costo es igual a más comercio, más riqueza y más empleo. La Unión Aduanera viene como anillo al dedo a la firma de convenios de libre comercio entre sus integrantes y con naciones fuera del área. Y para Panamá, que tiene un denso intercambio comercial con sus vecinos, no puede ser mejor, con los más modernos puertos del continente y centros de redistribución a disposición de sus socios del Istmo.
Esa neutralidad es la única defensa frente a quienes pretenden convertir el Canal en objetivo del terrorismo internacional. Este es el momento para que Panamá reafirme su liderazgo ante la comunidad internacional como potencia marítima de primer orden y se encamine a convertirse en el principal centro logístico del hemisferio occidental. Su posición geográfica es un recurso natural incomparable al servicio de la región y del mundo.
La rápida recuperación de su espacio en el sistema internacional, logrado por las nuevas autoridades panameñas, vinculando los temas de la integración y el comercio, aportará la coherencia que demandan las actuales relaciones exteriores.
Un canal neutral requiere, al mismo tiempo, de un trabajo recíproco y de equilibrio con todos los bloques y naciones.
La vocación internacionalista de Panamá debe conducir sus relaciones exteriores por el camino del multilateralismo, con claras definiciones en los foros mundiales y ante los mecanismos de consulta y concertación regionales. Eso obliga a reestructurar el servicio exterior como una prolongación de las políticas internas y transformarlo en un instrumento del desarrollo económico nacional.
Las relaciones exteriores de Panamá, sin duda, saldrán fortalecidas con la próxima cita presidencial en ocasión del cambio de gobierno. Una política exterior de amistad y cooperación, afianzada en la dignidad nacional, es lo que se valora y respeta en un mundo cada vez más interdependiente.
Por eso, en las relaciones internacionales deben ponderarse los aspectos sociales, políticos, económicos y de seguridad, bajo el imperativo de la convivencia y el respeto mutuo.
El encuentro de mandatarios en Panamá es una oportunidad invalorable para imprimirle un nuevo rumbo a las relaciones exteriores que involucren la defensa de los intereses nacionales, a toda la sociedad y al Estado, y dejen de lado esa forma de mirar al mundo desde la óptica de las preferencias personales y de las coyunturas políticas.

101 años de Panamá América

 
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