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¿Universidad barata?


Se difunde en forma incesante e interesada el mito de que las universidades públicas (UP y UNACHI) son baratas para beneficio de los estudiantes. Pero la verdad es que estas universidades baratas, por sus efectos prácticos, son para los contribuyentes unas de las más caras del mundo. Y no sólo eso. Tampoco se dice que la apología o defensa de estas universidades baratas no es gratuita ni altruista; porque no se hace pensando en los estudiantes sino en los docentes y administrativos que dentro de estas instituciones se han convertido en una casta privilegiada que engulle en salarios la casi totalidad de los escuálidos presupuestos que el Estado asigna a la educación superior del país del canal.
La educación barata sirve para muchas cosas. Pero esencialmente para justificar la ignorancia, la corrupción y los privilegios del cuerpo docente/administrativo. Por eso los demagogos se tornan en defensores oficiosos y a ultranza de la educación barata o gratuita, aunque los resultados sean o sigan siendo meramente nominales. ¿Por qué? Porque los estudiantes, salvo honrosas excepciones, no valorarán una educación gratuita o semi gratuita. No se tornarán exigentes por algo que no les cuesta o por una educación que so pretexto de ser barata o gratuita va desmejorando paulatinamente su calidad.
Por ello, no resulta casual que los mismos defensores de la tesis de la universidad barata sean asimismo los beneficiarios y promotores de toda clase de vicios, fanatismos y disfunciones que han venido convirtiendo el quehacer universitario en una negación tácita de la misión de la ciencia y de la conciencia.
En estas universidades baratas, los auténticos hombres de ideas son odiados, despreciados y marginados. ¡Los charlatanes son premiados o endiosados! ¡Y se elogian y se condecoran entre sí! ¡Se creen buenos y hasta santos ejemplares! ¡Son o se creen zares anticorrupción! Pero en realidad son sostenedores de un orden educativo caduco, festivo y represivo (de la conciencia) que cosecha los réditos reales de una universidad barata, desmovilizada, donde sólo pareciera haber interés por lo sibarítico, por los faraónicos emolumentos o por todo aquello que sirva para insensibilizar la conciencia o perpetuar un orden de cosas caduco, patrístico y vergonzante para una auténtica universidad.
Estos avivatos quieren o pretenden negar el derecho de disentir de los docentes y estudiantes o el derecho a una educación de calidad con el cuento de que hay que ahorrar migajas o diciendo que no se valora la oportunidad de trabajar o estudiar en estas universidades baratas. Y por arte de birlibirloque, sacan a flote el tema de la corrupción ajena. Pero esto nada nos dice del hecho de que de nada o para nada nos sirve una educación barata sin calidad; tampoco de lo risible que resulta ahorrar migajas a expensas de algunos estudiantes y profesores, sin que ello implique limitar el derroche de los recursos universitarios pagando dietas, viáticos, viajes o dos, tres y hasta cuatro salarios a una misma persona. ¡Esto no es corrupción! ¡Esto se llama, me imagino, excelencia académica!
En estas universidades, uno no aprende a enseñar o a elevar sus niveles de conciencia y de acción. Aprendemos a mantenernos inmutables ante las múltiples hostilidades reales y simbólicas de docentes y estudiantes. Aprendemos a resignarnos ante una realidad que en verdad es una anti realidad. Aprendemos a creer o a tolerar lo falso, fingido, intrascendente, relativo, conveniente, dobles discursos, adulaciones desbocadas y otras confituras dañinas al ser y razón de ser de lo universitario, lo ético, lo idílico, que subyace en nuestra mismidad subyugada por la mediocridad y los intereses creados de aquellos que maliciosamente han devenido en defensores oficiosos y a ultranza de estas universidades baratas.
Hoy hay en la UNACHI, para hablar de algo conocido, un clima de desgano, repliegue, splin emocional. Hay también mucha gente que habla de la corrupción como algo lejano, ajeno; como un vicio del que critica o del que hace un esfuerzo para no dejarse tragar por el bla, bla, bla, convertido en credo académico o administrativo. Pero lo cierto es que resulta bastante indiciario que a estas alturas la UNACHI sea una de las pocas instituciones públicas que no ha elaborado el Código de Ética que exige la Ley de Transparencia. Y también que no se haya enviado al nodo de transparencia de la Defensoría del Pueblo la planilla de sus empleados. El día que esto se haga sabrá la opinión pública quiénes son los verdaderos beneficiarios de esta glorificada educación barata. ¡Y también sabrá a cuánto ascienden los ingresos reales de aquellos que hablan de corrupción, de ahorro, a la par que reciben dos, tres o más salarios por los valiosos e indispensables servicios que supuestamente prestan a esta universidad barata para los estudiantes, pero que para los contribuyentes -por sus efectos prácticos- resulta una de las caras del mundo!
(samudio@cwpanama.net)
Del Grupo de Río también surgió una iniciativa para ayudar a superar la crisis política de Ecuador. El jueves, 51 diputados ecuatorianos de cuatro partidos pidieron al Congreso iniciar un juicio político contra el presidente Lucio Gutiérrez, acusado de peculado.
El anuncio sobre Ecuador fue efectuado por el canciller brasileño Celso Amorim, ante la posibilidad de deterioro en el país andino.
Amorim se ha convertido en uno de los cancilleres más activos tanto en dinamizar el papel de Brasil como motor del movimiento integracionista sudamericano, así como en proyectar el papel de la región en los organismos mundiales.
En tanto, el presidente peruano Alejandro Toledo anunció que el 8 y 9 de diciembre, 10 jefes de Estado firmarán en Cuzco la creación de la Comunidad Sudamericana de Naciones, agregando la dimensión política a la integración comercial. La nueva Comunidad estará constituida por los países del Mercosur -Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay-, y por los de la Comunidad Andina de Naciones, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, a los que se sumará Chile.

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