¿Universidad de Panamá transformada?
EL ÁNGULO TITULAR del artículo pertenece, como ocurre en todo el país, a un problema más amplio y más profundo: el fracaso del sistema educativo actual.
¿Por dónde comenzar su necesaria superación? ¿Por la primaria? ¿Por la secundaria? ¿Por la Universidad? Lo cierto es que, como tantas otras situaciones críticas nacionales, hay un círculo vicioso total que hace difícil el diseño de las indispensables sustituciones, porque todavía no se ha descubierto qué fue lo primero: "¿La gallina o el huevo?"
Todo el sistema educativo actual se encuentra tocado de lacras y más lacras. Lo digo porque lo más difícil es autoabsolverse quejándose de la brizna en el ojo ajeno, sin advertir el tronco en el ojo propio.
Nos parece un tanto chistoso que la Universidad de Panamá haya descubierto la metodología infalible, planteándose propósitos internos, cuando lo interno lleva, como todo ahora mismo en el país, las marcas integrales del propio autocanibalismo. La llevada y traída Ley vigente ha suministrado numerosas causas de problemas internos y profundos. La preparación que se imparte, agudizada por la plétora humana que la puebla, tampoco tiene solución del comienzo, ni la del medio, ni la del fin. ¿Es la masa humana actual, entre sus cuatro paredes por doquier, la anhelada y hasta cacareada solución? A veces la ceguera propia nos lleva a la más bonancible de las autoabsoluciones. Incluso hasta se cree que si sanamos una pústula podrida, estaría salvado el cuerpo.
Me conturba desde hace bastante tiempo, que no vemos la puerta de salida, ni la de entrada, ni la del cambio que todavía no sabemos en qué consiste. La autonomía que al comienzo fue la salvación, resulta ahora uno de los males más arraigados y de amenazantes ecuaciones.
Me parece que muchas cosas andan todavía como sea, porque todavía no vemos ni confiamos en solución alguna. Tuve la enorme suerte de que el país no se encontraba con "tanto avance como vemos hoy".
Entre nosotros dejaron sus huellas salvadoras, para nosotros, un grupo de profesores españoles que huían de Franco y de lo que significaba .Demófilo de Buen, Juan María Aguilar, Antonio Moles Caubet y otros que pasaron aquí algunos años menos; Emilio González López auxiliar de la cátedra del gran penalista Jiménez de Azúa, quien después en Nueva York, hasta escribió una densa historia de la literatura española, sin olvidar la Criminología, ni el Derecho Penal, Renato Ozores, quien aquí sentó sus reales, casando también con panameña; Lino Rodríguez Arias, casado con colonense se radicó en Venezuela, quienes nos enseñaban como si estuviéramos en Madrid. Cuánta escoria se ha acumulado entre nosotros, que hasta los diplomas y las maestrías valen su peso en dólares.
No escribo para criticar, y jamás he estado cerca de ninguna frustración personal. Me duelen ahora el abajamiento y la degradación absoluta a que hemos descendido, sin otro destino que el de chapotear en nuestros lodazales. Tengo la seguridad insólita de que algún día nuestro país se auto-regenerará y que entonces viviremos más felices.
¿Por dónde comenzar su necesaria superación? ¿Por la primaria? ¿Por la secundaria? ¿Por la Universidad? Lo cierto es que, como tantas otras situaciones críticas nacionales, hay un círculo vicioso total que hace difícil el diseño de las indispensables sustituciones, porque todavía no se ha descubierto qué fue lo primero: "¿La gallina o el huevo?"
Todo el sistema educativo actual se encuentra tocado de lacras y más lacras. Lo digo porque lo más difícil es autoabsolverse quejándose de la brizna en el ojo ajeno, sin advertir el tronco en el ojo propio.
Nos parece un tanto chistoso que la Universidad de Panamá haya descubierto la metodología infalible, planteándose propósitos internos, cuando lo interno lleva, como todo ahora mismo en el país, las marcas integrales del propio autocanibalismo. La llevada y traída Ley vigente ha suministrado numerosas causas de problemas internos y profundos. La preparación que se imparte, agudizada por la plétora humana que la puebla, tampoco tiene solución del comienzo, ni la del medio, ni la del fin. ¿Es la masa humana actual, entre sus cuatro paredes por doquier, la anhelada y hasta cacareada solución? A veces la ceguera propia nos lleva a la más bonancible de las autoabsoluciones. Incluso hasta se cree que si sanamos una pústula podrida, estaría salvado el cuerpo.
Me conturba desde hace bastante tiempo, que no vemos la puerta de salida, ni la de entrada, ni la del cambio que todavía no sabemos en qué consiste. La autonomía que al comienzo fue la salvación, resulta ahora uno de los males más arraigados y de amenazantes ecuaciones.
Me parece que muchas cosas andan todavía como sea, porque todavía no vemos ni confiamos en solución alguna. Tuve la enorme suerte de que el país no se encontraba con "tanto avance como vemos hoy".
Entre nosotros dejaron sus huellas salvadoras, para nosotros, un grupo de profesores españoles que huían de Franco y de lo que significaba .Demófilo de Buen, Juan María Aguilar, Antonio Moles Caubet y otros que pasaron aquí algunos años menos; Emilio González López auxiliar de la cátedra del gran penalista Jiménez de Azúa, quien después en Nueva York, hasta escribió una densa historia de la literatura española, sin olvidar la Criminología, ni el Derecho Penal, Renato Ozores, quien aquí sentó sus reales, casando también con panameña; Lino Rodríguez Arias, casado con colonense se radicó en Venezuela, quienes nos enseñaban como si estuviéramos en Madrid. Cuánta escoria se ha acumulado entre nosotros, que hasta los diplomas y las maestrías valen su peso en dólares.
No escribo para criticar, y jamás he estado cerca de ninguna frustración personal. Me duelen ahora el abajamiento y la degradación absoluta a que hemos descendido, sin otro destino que el de chapotear en nuestros lodazales. Tengo la seguridad insólita de que algún día nuestro país se auto-regenerará y que entonces viviremos más felices.