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Universidad, frustración y esperanza


Ha sido tal la desvinculación de la institución universitaria con la realidad de nuestro tiempo que alguien dijo recientemente que la universidad puede desaparecer y nadie se daría cuenta. Solamente aparece en los titulares cuando estudiantes alborotadores se refugian tras sus cercas dejando la impresión de que la época en la que la casa de Méndez Pereira ejercía un liderazgo constructivo sobre el resto de la sociedad, ha quedado atrás.
Resulta frustrante que todo el sacrificado trabajo que realizan los catedráticos serios y responsables en la primera casa de estudios impartiendo docencia o haciendo investigación quede opacado por el amparo que brinda el campus universitario a estos maleantes enmascarados que en ocasiones cuentan con la decidida complicidad de algunos de sus profesores. Es en esta actitud, generada por malos elementos desde sus propias entrañas, donde radica la supuesta amenaza contra su autonomía, no en el clamor de terceros afectados en sus derechos, hartos de que sirva de santuario de delincuentes.
Desgraciadamente el principio de autoridad es la primera víctima en el estado de anarquía que plantean las protestas violentas. El desorden es tal, que hoy en día no se le pregunta a las autoridades del ministerio si hay clases en las escuelas; sino más bien se le consulta a los líderes de los gremios de educadores para saber si asistirán a clases para atender sus obligaciones al frente del salón, o si decretan un paro de labores.
En estas condiciones la figura del profesor o del rector, responsables de mantener el orden dentro de los predios que tienen autonomía, no genera ningún respeto entre sus estudiantes. Mas bien se convierten en rehenes de la violencia quedando inhabilitados para actuar, porque en muchas ocasiones han negociado un pacto de no agresión con los grupos estudiantiles para contar con su voto en las próximas elecciones.
Esperamos que esta situación cambie y que el nuevo rector que toma posesión en pocos días asuma su puesto al frente de la universidad y ejerza su autoridad como corresponde. Esperamos que retome el liderazgo que la comunidad espera de la institución donde se acumula el conocimiento y que vuelva a ser auténtico foro de orientación social de la Nación. Son muchos los problemas que esperan solución, y en ese sentido la universidad tiene una grave responsabilidad porque de ella han de surgir las ideas que nos encaminen hacia un mundo más rico y más justo.
Queremos ver una docencia de calidad que prepare bien a nuestros jóvenes para que asuman su posición al frente de las empresas y del gobierno en el futuro; aspiramos a una investigación que nos ayude a resolver los problemas científicos y tecnológicos que nuestro sector productivo enfrenta y los sociales que nuestra comunidad padece; y necesitamos servicios de extensión efectivos que vinculen a la institución con su pueblo.
Solamente así volverá a convertirse la universidad en motivo de titulares en los periódicos, esta vez para anunciar la esperanza de un futuro mejor.
Añado una información que me relató el ex presidente Ricardo Arias Espinosa, quien acompañó al Presidente Chiari a Washington (en ese entonces los presidentes de Panamá se cuidaban de negociar con los EU sobre la base de un equipo nacional y no partidario, incluso haciéndose acompañar por sus adversarios).
En su visita a Washington, Kennedy recibió a Chiari primero, protocolarmente, con gran demostración de simpatía. Ello hizo decir a un Chiari inusitadamente expansivo cuando conversó, después del recibimiento, con los miembros de su delegación, que Kennedy era el presidente norteamericano que iba a hacerle justicia a Panamá. Arias Espinosa, ya ducho en la materia, le advirtió que esperara a la sesión de trabajo. En efecto, después de la sesión de trabajo con el mismo Kennedy, Chiari era otra persona, nuevamente el hombre reservado y poco expresivo que, según el decir de quienes los conocieron, era la marca de los viejos Chiari.
De haber terminado el período constitucional de 1960 a 1964 con estos resultados, Roberto F. Chiari nunca habría tenido la oportunidad de demostrar su determinación nacionalista. Pero ocurrieron los sucesos del 9 de enero de 1964, cuatro meses antes de las elecciones de su sucesor.

(Continuará la próxima semana)
(ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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