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Universidad sin pluralidad


Las universidades públicas de este país canal dan pena, lástima, porque son como mercados persas y, en el plano de las ideas, han venido constriñéndose, deslustrándose hasta convertirse en instituciones desfasadas donde la lealtad al regente de turno se sobrepone al compromiso de actuar como "conciencia crítica de la nación"; es decir, como faro de sabiduría y de rebeldía en este océano de ignorancia, sumisión, injusticias y de impunidad política de sino doméstica e internacional.
En los predios universitarios se puede comprar cualquier chuchería, pero no se encontrará una librería digna ni un foro para la discusión de las ideas. Estas universidades están enfermas. Paralíticas. Aherrojadas por la politiquería. Dislocadas de la realidad. Abrumadas por la sinrazón. Son como monarquías reaccionarias donde, en vez del consabido "¡Alá es grande!", los arribistas y lisonjeros no cesan de certificar que nuestros rectores son magníficos, brillantes y ejemplares (Unamuno es ninguno).
Pero una universidad es una la pluralidad de ideas y de pensamientos y un lugar donde se ejercerse con libertad crítica y autocrítica; donde hay tolerancia o, por lo menos, alguien que no se deje seducir por las prebendas, que diga qué cosas se hacen mal, que nos hable de ideales, que nos diga que el mundo nos mira; alguien que valore a las personas pensantes; alguien que critique las farsas electorales o estas fiebres incurables por los cargos administrativos o por los dobles o triples salarios; alguien que diga esta boca es mía o que sea capaz de defender causas nobles o altruistas; gremios universitarios críticos y combativos y no gremios cómplices que únicamente sirven de fachada a quienes, invocando la excelencia académica, sólo se preocupan por la excelencia salarial y nominal en este reino de farsas en que paulatinamente ha devenido la educación pública superior.
Resulta censurable, vergonzoso, indigno, que los órganos de gobierno de la UP busquen someter al Dr. Miguel A. Bernal a un ridículo proceso disciplinario para castigarlo por sus opiniones adversas a las políticas que el actual rector viene ejecutando para paliar la gran crisis financiara que de un tiempo hacia acá, gracias a la politiquería y el despilfarro, azota a la Casa de Méndez Pereira. Y me indigna porque en varias ocasiones, siendo docente de la Universidad de Panamá (UP), apoyé al actual rector, pues creí que por su formación humanista estaba en mejor disposición que sus adversarios para dirigir esta nave entre cuyos tripulantes se hallan las personas socialmente proscritas por sus ideas, rebeldías y concepciones heréticas.
Este proceso absurdo e inquisitorial que se le sigue al Dr. Bernal es la confirmación de que la UP ha dejado de ser un reino de pluralidad para convertirse en otro de singularidad, donde lo singular está representado por todo aquello que niega nuestras preconizadas virtudes universitarias. ¡Esto humilla a quienes tenemos la santa obligación de inculcar en los jóvenes ideales sublimes como la tolerancia y el amor incondicional a la libertad y a la justicia, sin olvidar que en defensa de estos valores muchos prohombres han preferido la hoguera antes que renunciarlos capónmente! Este consenso mendaz que se busca crear en la UP y en otras instituciones de educación superior, criminalizando el derecho de disentir, no sólo es vergonzoso, un insulto a la inteligencia, sino también una muestra de lo poco que puede esperar la sociedad de estas instituciones que, haciendo de Torquemadas, persiguen a los catedráticos por sus ideas, mientras que frente a los grandes problemas institucionales y nacionales -como nuestra inutilidad docente, el camino ecológico y la impunidad gubernamental- adoptan una actitud cómplice y complaciente que pone en evidencia que han dejado de ser "conciencia crítica de la nación" para convertirse en templos atestados de fanáticos dispuestos a aplastar aquella pluralidad que en una época no muy remota llenaba de orgullo a propios y extraños.
¿No habrá en la UP un foro para que los opuestos se emplacen sin que se tenga que llegar al extremo de criminalizar las opiniones e, incluso, de querer expulsar a los opuestos para crear, mediante el terror y la intimidación, un consenso mendaz y vejatorio a nuestra preconizada condición de universitarios? Es lastimoso que quienes formulemos críticas a las monarquías universitarias tengamos que recibir insultos, humillaciones y persecuciones. O simplemente ser ignorados y excluidos de la vida señorial universitaria donde ya no hay cabida para el talento herético ni para las ideas opuestas. ¡Méndez Pereira ha de estar revolcándose en su tumba!
(samudio@cwpanama.net)

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