Universidad, una cuña del mismo palo
AUNQUE LA Junta Directiva descalificó la opinión de este diario sobre la conveniencia de que la Universidad de Panamá se abocara a un diálogo con el resto del país sobre la naturaleza y alcance de las reformas que necesita, que exceden el marco estrictamente presupuestario al que nos tienen acostumbrados sus autoridades directivas, es satisfactorio escuchar juicios coincidentes con los nuestros de gente que trabaja dentro y conoce en todos sus detalles los intríngulis de la problemática de nuestra primera casa de estudios, que como su nombre lo dice, es "de Panamá", no de un grupo.
Cierto que suele decirse que "no hay peor cuña que la del mismo palo". Pero hay ocasiones en que la mejor, es la de la propia madera, cuando se trata de reparar sus defectos y daños. Y ese es el caso del profesor Ornel Urriola, del Departamento de Historia de la Universidad de Panamá quien, lanza en ristre, tras el sólido escudo de las conclusiones del encuentro organizado por la UNESCO en Salamanca, en 1997, ha dicho que "la educación superior debe evaluarse en función de la adecuación entre lo que la sociedad espera de las instituciones y lo que estas hacen"; y que su modernización ha de pasar por "lo que en el mundo de hoy se denomina pertinencia con la sociedad", pues, de lo contrario, "así se prolonga la agonía y la crisis académica, moral y económica de la institución" ("La UNESCO y la Ley Gustavo", en Semblanza, El Panamá América, 19 de diciembre de 2004, p. 7).
A juicio del profesor Urriola, todo el conglomerado universitario, incluyendo las privadas, comparten la misma deficiencia que señala a la de Panamá, "todas carecen de la necesaria pertinencia", por lo que sugiere como solución que "la Comisión de Educacion de la Asamblea Nacional convoque a las organizaciones económicas, educativas, científicas, culturales y políticas para abrir un debate nacional sobre la Educación Superior par el siglo XXI". Más claridad o mejor, no es posible. El tema es, pues, falta de pertinencia, adecuación, conexidad, con la sociedad a la que se supone sirve y pertenece.
(* )Corresponsal de la agencia AIPE. www.aipenet.com
Era una cosa muy terrible. Había mucho lodo y el lugar estaba lleno de familiares que iban a reconocer a sus muertos.
Unas excavadoras iban abriendo la fosa e iban sacando cuerpos y pedazos de cuerpos en bolsas negras de plástico. Lo peor fue lo que yo y mi familia tuvimos que ver en ese lugar. Mirar uno a uno a esos restos que tenían meses de estar enterrados allí, para reconocer a mi hermano. Yo no quiero contar lo que vimos. No lo quiero contar. Fue el peor momento de mi vida. Después de mirar muchos cuerpos lo encontramos. Lo reconocimos por los dientes y una sortija que siempre llevaba. Lo recogimos y lo enterramos en nuestro pueblo. Está bien el cementerio pues hay siempre muchos pájaros, y se oye cerca el rumor de una quebrada.
A mi y mi familia casi nos dañaron la Navidad. En medio del jolgorio confieso que muchas veces, me he sentido como Sigu durante la invasión, con ganas de meterme debajo de una caja o dentro de un tinaco.
No es fácil vivir en esta ciudad. Todo es complicado. No es fácil ser indio y pobre y vivir aquí. No es fácil ser pobre y negro, o chola y pobre, y vivir aquí. Entonces muchas veces apago la televisión, y me paseo entre los almacenes donde hay muchas cosas que se pueden mirar pero no comprar. ¿Sabes? Es una manera de fugarse,como meterse en una concha y cerrarla. Entonces más me duele mi hermano aquí en un rincón del corazón, en la esquina más oscura y más profunda. Me duele que haya muerto así. Me duele que no haya podido huir de las bombas. Me duele mucho.
Entonces miro al niño en el nacimiento y me viene a la mente su final en la cruz, y también me duele, y me ilumina plenamente su mensaje de paz y justicia.
(De: Machi, un kuna en la ciudad).
(raulleisr@hotmail.com)
Cierto que suele decirse que "no hay peor cuña que la del mismo palo". Pero hay ocasiones en que la mejor, es la de la propia madera, cuando se trata de reparar sus defectos y daños. Y ese es el caso del profesor Ornel Urriola, del Departamento de Historia de la Universidad de Panamá quien, lanza en ristre, tras el sólido escudo de las conclusiones del encuentro organizado por la UNESCO en Salamanca, en 1997, ha dicho que "la educación superior debe evaluarse en función de la adecuación entre lo que la sociedad espera de las instituciones y lo que estas hacen"; y que su modernización ha de pasar por "lo que en el mundo de hoy se denomina pertinencia con la sociedad", pues, de lo contrario, "así se prolonga la agonía y la crisis académica, moral y económica de la institución" ("La UNESCO y la Ley Gustavo", en Semblanza, El Panamá América, 19 de diciembre de 2004, p. 7).
A juicio del profesor Urriola, todo el conglomerado universitario, incluyendo las privadas, comparten la misma deficiencia que señala a la de Panamá, "todas carecen de la necesaria pertinencia", por lo que sugiere como solución que "la Comisión de Educacion de la Asamblea Nacional convoque a las organizaciones económicas, educativas, científicas, culturales y políticas para abrir un debate nacional sobre la Educación Superior par el siglo XXI". Más claridad o mejor, no es posible. El tema es, pues, falta de pertinencia, adecuación, conexidad, con la sociedad a la que se supone sirve y pertenece.
(* )Corresponsal de la agencia AIPE. www.aipenet.com
Era una cosa muy terrible. Había mucho lodo y el lugar estaba lleno de familiares que iban a reconocer a sus muertos.
Unas excavadoras iban abriendo la fosa e iban sacando cuerpos y pedazos de cuerpos en bolsas negras de plástico. Lo peor fue lo que yo y mi familia tuvimos que ver en ese lugar. Mirar uno a uno a esos restos que tenían meses de estar enterrados allí, para reconocer a mi hermano. Yo no quiero contar lo que vimos. No lo quiero contar. Fue el peor momento de mi vida. Después de mirar muchos cuerpos lo encontramos. Lo reconocimos por los dientes y una sortija que siempre llevaba. Lo recogimos y lo enterramos en nuestro pueblo. Está bien el cementerio pues hay siempre muchos pájaros, y se oye cerca el rumor de una quebrada.
A mi y mi familia casi nos dañaron la Navidad. En medio del jolgorio confieso que muchas veces, me he sentido como Sigu durante la invasión, con ganas de meterme debajo de una caja o dentro de un tinaco.
No es fácil vivir en esta ciudad. Todo es complicado. No es fácil ser indio y pobre y vivir aquí. No es fácil ser pobre y negro, o chola y pobre, y vivir aquí. Entonces muchas veces apago la televisión, y me paseo entre los almacenes donde hay muchas cosas que se pueden mirar pero no comprar. ¿Sabes? Es una manera de fugarse,como meterse en una concha y cerrarla. Entonces más me duele mi hermano aquí en un rincón del corazón, en la esquina más oscura y más profunda. Me duele que haya muerto así. Me duele que no haya podido huir de las bombas. Me duele mucho.
Entonces miro al niño en el nacimiento y me viene a la mente su final en la cruz, y también me duele, y me ilumina plenamente su mensaje de paz y justicia.
(De: Machi, un kuna en la ciudad).
(raulleisr@hotmail.com)