Uno de cada cuatro niños, desnutrido
Según un reciente estudio preparado por el Banco Mundial con la colaboración del Ministerio de Economía y Finanzas, el 37% de los panameños vive en la pobreza y de ellos, el 19%, o sea, medio millón, la vive en extrema.
El concepto pobreza consulta, entre otros elementos, el consumo de calorías. Se estima que el mínimo requerido es de 2,280 calorías diarias, para lo cual se requiere en alimentos básicos por lo menos B/. 44 mensual por persona, sin incluir ropas, viviendas, medicamentos y otros enseres.
La situación es grave porque, no poder proveerse al menos de B/. 44.00 por mes en alimentos, es vergonzoso para el país y el sistema en que vivimos. Ello es indicativo de que algo muy malo está ocurriendo, lo que puede explotarnos en la cara en cualquier momento.
Pero las cifras no acaban. La desnutrición infantil, o sea los futuros ciudadanos de esta Patria, azota al 24% de todos los niños de entre 8 y 9 años, esto es, a uno de cada cuatro. ¡Esto es espantoso! Y después nos quejamos de la delincuencia, el bajo rendimiento escolar y laboral y otras secuelas.
La situación es, empero, peor en los distritos más pobres. Así, en Kuna Yala y Tolé, 7 de cada 10 niños de la misma edad (8-9 años) sufren desnutrición crónica, peor que la descrita. Las consecuencias son irremediables, puesto que las deficiencias en términos de desarrollo cerebral son irrecuperables de por vida.
Para hacer frente al problema, el actual gobierno contempla una fórmula interesante de autogestión con ayuda oficial, que consiste en la creación de tres mil granjas rurales, bajo la directa promoción del Patronato de Nutrición, a cargo de Antonio M. Singh.
Hasta ahora, se han constituido 30 granjas en diferentes puntos del país, en las que participan decenas de familias pobres que unen esfuerzos para proveerse de lo esencial y permitirse el acceso a servicios públicos indispensables, además de asistencia en modernas técnicas de agricultura, acuicultura, mercadeo y financiamiento.
Se trata de una iniciativa interesante, que salvaguarda la dignidad de los destinatarios, permitiéndoles superar la condición de pobreza a través de su propio trabajo, en vez de la tradicional figura del paternalismo y la caridad. La autogestión, el trabajo cooperativo y la capacitación son la fórmula y la solución al desempleo y a la pobreza.
El concepto pobreza consulta, entre otros elementos, el consumo de calorías. Se estima que el mínimo requerido es de 2,280 calorías diarias, para lo cual se requiere en alimentos básicos por lo menos B/. 44 mensual por persona, sin incluir ropas, viviendas, medicamentos y otros enseres.
La situación es grave porque, no poder proveerse al menos de B/. 44.00 por mes en alimentos, es vergonzoso para el país y el sistema en que vivimos. Ello es indicativo de que algo muy malo está ocurriendo, lo que puede explotarnos en la cara en cualquier momento.
Pero las cifras no acaban. La desnutrición infantil, o sea los futuros ciudadanos de esta Patria, azota al 24% de todos los niños de entre 8 y 9 años, esto es, a uno de cada cuatro. ¡Esto es espantoso! Y después nos quejamos de la delincuencia, el bajo rendimiento escolar y laboral y otras secuelas.
La situación es, empero, peor en los distritos más pobres. Así, en Kuna Yala y Tolé, 7 de cada 10 niños de la misma edad (8-9 años) sufren desnutrición crónica, peor que la descrita. Las consecuencias son irremediables, puesto que las deficiencias en términos de desarrollo cerebral son irrecuperables de por vida.
Para hacer frente al problema, el actual gobierno contempla una fórmula interesante de autogestión con ayuda oficial, que consiste en la creación de tres mil granjas rurales, bajo la directa promoción del Patronato de Nutrición, a cargo de Antonio M. Singh.
Hasta ahora, se han constituido 30 granjas en diferentes puntos del país, en las que participan decenas de familias pobres que unen esfuerzos para proveerse de lo esencial y permitirse el acceso a servicios públicos indispensables, además de asistencia en modernas técnicas de agricultura, acuicultura, mercadeo y financiamiento.
Se trata de una iniciativa interesante, que salvaguarda la dignidad de los destinatarios, permitiéndoles superar la condición de pobreza a través de su propio trabajo, en vez de la tradicional figura del paternalismo y la caridad. La autogestión, el trabajo cooperativo y la capacitación son la fórmula y la solución al desempleo y a la pobreza.