Urbanismo y ambiente urbano, retos
Parte sustancial de los graves problemas que experimentamos en nuestra sociedad se originan en el patrón convencional de uso de la tierra durante los últimos 50 años. La baja densidad de la "urbanización" y la separación de los usos propician la dependencia en el automóvil, la congestión de las vías y el aumento del tiempo de transporte. Parte de la contaminación del suelo, agua y aire es por la congestión y tránsito intenso de automóviles, generando problemas de salud.
El uso y actividades sobre el territorio, debido al desarrollo convencional, son costosos en el sentido social, económico y ambiental. La necesidad del automóvil aumenta el presupuesto familiar y público asignado al transporte. Los costos de construcción, mantenimiento y reconstrucción de la infraestructura y servicios públicos crecen geométricamente con el riegue y la baja densidad de la edificación. A éstos, sumamos los costos por las pérdidas en la transmisión de la energía y del agua a través de extensos troncales y sistemas de distribución.
Si añadimos el aumento de los precios del suelo, debido a la escasez relativa de la tierra disponible por el riegue edificatorio y la posible ganancia especulativa, ese sobre-costo genera la reducción de recursos para financiar la infraestructura, la vivienda y los servicios, y el encarecimiento de nuestra vida y producción, reduciendo la capacidad competitiva de la economía.
El auge de la "ciudad del traslado" -como la tenemos ahora- anunció la muerte de lo urbano y de la comunidad en la localidad territorial. Esta ausencia de comunidad territorial propició la alienación, la agresividad y el descontrol social. A los costos mesurables, se suman los sociales.
La comunidad en la localidad territorial se formaba y sostenía por la cercanía de los diversos usos, por la existencia en el lugar de las instituciones públicas, cívicas y religiosas y en la escala humana del barrio urbano y del sector. La pérdida de la base físico-espacial e institucional de la comunidad contribuyó a la fuga de los residentes de la ciudad, a los usos especializados regados sobre el territorio, al aislamiento de la vida en el suburbio y al auge del automóvil. No encontrándose en el suburbio la comunidad que desaparecía en las áreas centrales.
Las fuerzas generadoras del crecimiento hacia afuera fueron creadas por el predominio eventual de los sectores terciarios de la economía: el comercio, los servicios, etc. Éstos ocuparon la ciudad en las primeras etapas de la expansión post-urbana de los ´60s. El comercio se apoderó de las edificaciones residenciales del centro de la ciudad y expulsó a la población residente, principalmente los de mayores ingresos. El despoblamiento del centro, su sobre-comercialización y la ascendencia del automóvil lo congestionaron y eventualmente, le mataron.
La forma de la ciudad y de sus sectores no fue el resultado de un proceso formal o informal de las entidades públicas. La gran masa marginal y la falta de planeamiento del país están reflejadas en nuestro entorno urbano, que acarrea los costos de la falta de funcionalidad, el mal gusto y la contaminación visual y física.
En algunas ciudades y regiones, durante las décadas del 80- 90, crecieron las llamadas "ciudades de los bordes". La fuga dejó de ser exclusivamente al suburbio residencial, sino que se pretendió mudar la ciudad como un todo. La ocupación del espacio que resultó de la expansión multiuso en el suburbio se caracterizó en bolsillos dispersos de zonas comerciales y de oficinas, parques industriales, zonas de condominios, campus corporativos y urbanizaciones aisladas y amuralladas, grapadas a arterias suburbanas. Por lo anterior, éstas cargaron las mismas deficiencias que crearon los problemas de funcionamiento del centro y que propiciaron la necesidad de la fuga.
La instantaneidad de las comunicaciones y la miniaturización de la tecnología tienen efectos notables sobre el significado del territorio y los requerimientos del trabajo.
El Nuevo Urbanismo es entonces una respuesta a los problemas asociados a dichos patrones de ocupación y urbanización del territorio. El Nuevo Urbanismo enfrenta al desarrollo convencional que, como hemos visto y vivido, es la negación de lo urbano.
Entonces el significado del Nuevo Urbanismo se establece en función de sus objetivos principales: mejora la accesibilidad peatonal, reduce la necesidad del traslado y del automóvil y facilita el acceso a los sistemas de transporte colectivo.
En la escala local, el Nuevo Urbanismo incorpora sistemáticamente el planeamiento y el diseño a la tipo-morfología, es decir, las interfases con la edificación, porque así se logran los objetivos de la ciudad habitable, para estar y accesible. A escala regional, el Nuevo Urbanismo propicia el sistema de transporte público ínter-municipal de alta capacidad, siendo el sistema de transporte colectivo intraciudad el proyecto ancla del sistema de transporte Inter-municipal.
El Nuevo Urbanismo se orienta a la restauración de los centros urbanos como lugares fortalecidos y económicamente competitivos, al reordenamiento del suburbio en espacios y comunidades accesibles, seguras e integradas y al ordenamiento de la ciudad y la región de forma funcional y económica para que el crecimiento resulte inteligente y sostenible a la escala regional.
El Nuevo Urbanismo trasciende las tendencias a descansar dominante o exclusivamente en la zonificación y el reglamento como instrumentos de implantación, al reconocer que la efectividad de éstos se sostiene en el manejo del mercado y de los precios. En consecuencia, la efectividad aumenta en función de la coherencia y complementariedad de sus escalas e instrumentos.
La estrategia fundamental de la economía es la de aumentar la circulación de la riqueza en el interior de la Región mediante los intercambios internos y el aumento consecuente del valor añadido al producto o a los servicios, antes que esta sea succionada por la economía de la región dominante. Por esto, el Nuevo Urbanismo tiene su amarre adicional a los movimientos asociados al desarrollo regional sostenible. Su compromiso con lo local y su fundamento comunitario le llevan a asociarse a los movimientos de la "nueva economía". Se enfrenta así, junto a la desaparición de los comercios locales, a la fuga precoz de la riqueza de las economías locales y a la desarticulación de la sociedad por la penetración acelerada de nueva tecnología y modos de producción.
Por otro lado, el mejoramiento de la ciudad como espacio habitable constituye un recurso de desarrollo de la economía post-industrial. Este atributo del espacio urbano es condición indispensable para la atracción y generación de las empresas de alta tecnología, pues son condiciones que desean y necesitan sus trabajadores y empresarios. Es además condición merecida por los residentes de la ciudad. Entre éstos se acentúa la recuperación de las zonas centrales de la ciudad y cascos urbanos, generando una ciudad habitable, para estar y accesible.
El autor es además ingeniero y docente.
arquinde@cableonda.net
El uso y actividades sobre el territorio, debido al desarrollo convencional, son costosos en el sentido social, económico y ambiental. La necesidad del automóvil aumenta el presupuesto familiar y público asignado al transporte. Los costos de construcción, mantenimiento y reconstrucción de la infraestructura y servicios públicos crecen geométricamente con el riegue y la baja densidad de la edificación. A éstos, sumamos los costos por las pérdidas en la transmisión de la energía y del agua a través de extensos troncales y sistemas de distribución.
Si añadimos el aumento de los precios del suelo, debido a la escasez relativa de la tierra disponible por el riegue edificatorio y la posible ganancia especulativa, ese sobre-costo genera la reducción de recursos para financiar la infraestructura, la vivienda y los servicios, y el encarecimiento de nuestra vida y producción, reduciendo la capacidad competitiva de la economía.
El auge de la "ciudad del traslado" -como la tenemos ahora- anunció la muerte de lo urbano y de la comunidad en la localidad territorial. Esta ausencia de comunidad territorial propició la alienación, la agresividad y el descontrol social. A los costos mesurables, se suman los sociales.
La comunidad en la localidad territorial se formaba y sostenía por la cercanía de los diversos usos, por la existencia en el lugar de las instituciones públicas, cívicas y religiosas y en la escala humana del barrio urbano y del sector. La pérdida de la base físico-espacial e institucional de la comunidad contribuyó a la fuga de los residentes de la ciudad, a los usos especializados regados sobre el territorio, al aislamiento de la vida en el suburbio y al auge del automóvil. No encontrándose en el suburbio la comunidad que desaparecía en las áreas centrales.
Las fuerzas generadoras del crecimiento hacia afuera fueron creadas por el predominio eventual de los sectores terciarios de la economía: el comercio, los servicios, etc. Éstos ocuparon la ciudad en las primeras etapas de la expansión post-urbana de los ´60s. El comercio se apoderó de las edificaciones residenciales del centro de la ciudad y expulsó a la población residente, principalmente los de mayores ingresos. El despoblamiento del centro, su sobre-comercialización y la ascendencia del automóvil lo congestionaron y eventualmente, le mataron.
La forma de la ciudad y de sus sectores no fue el resultado de un proceso formal o informal de las entidades públicas. La gran masa marginal y la falta de planeamiento del país están reflejadas en nuestro entorno urbano, que acarrea los costos de la falta de funcionalidad, el mal gusto y la contaminación visual y física.
En algunas ciudades y regiones, durante las décadas del 80- 90, crecieron las llamadas "ciudades de los bordes". La fuga dejó de ser exclusivamente al suburbio residencial, sino que se pretendió mudar la ciudad como un todo. La ocupación del espacio que resultó de la expansión multiuso en el suburbio se caracterizó en bolsillos dispersos de zonas comerciales y de oficinas, parques industriales, zonas de condominios, campus corporativos y urbanizaciones aisladas y amuralladas, grapadas a arterias suburbanas. Por lo anterior, éstas cargaron las mismas deficiencias que crearon los problemas de funcionamiento del centro y que propiciaron la necesidad de la fuga.
La instantaneidad de las comunicaciones y la miniaturización de la tecnología tienen efectos notables sobre el significado del territorio y los requerimientos del trabajo.
El Nuevo Urbanismo es entonces una respuesta a los problemas asociados a dichos patrones de ocupación y urbanización del territorio. El Nuevo Urbanismo enfrenta al desarrollo convencional que, como hemos visto y vivido, es la negación de lo urbano.
Entonces el significado del Nuevo Urbanismo se establece en función de sus objetivos principales: mejora la accesibilidad peatonal, reduce la necesidad del traslado y del automóvil y facilita el acceso a los sistemas de transporte colectivo.
En la escala local, el Nuevo Urbanismo incorpora sistemáticamente el planeamiento y el diseño a la tipo-morfología, es decir, las interfases con la edificación, porque así se logran los objetivos de la ciudad habitable, para estar y accesible. A escala regional, el Nuevo Urbanismo propicia el sistema de transporte público ínter-municipal de alta capacidad, siendo el sistema de transporte colectivo intraciudad el proyecto ancla del sistema de transporte Inter-municipal.
El Nuevo Urbanismo se orienta a la restauración de los centros urbanos como lugares fortalecidos y económicamente competitivos, al reordenamiento del suburbio en espacios y comunidades accesibles, seguras e integradas y al ordenamiento de la ciudad y la región de forma funcional y económica para que el crecimiento resulte inteligente y sostenible a la escala regional.
El Nuevo Urbanismo trasciende las tendencias a descansar dominante o exclusivamente en la zonificación y el reglamento como instrumentos de implantación, al reconocer que la efectividad de éstos se sostiene en el manejo del mercado y de los precios. En consecuencia, la efectividad aumenta en función de la coherencia y complementariedad de sus escalas e instrumentos.
La estrategia fundamental de la economía es la de aumentar la circulación de la riqueza en el interior de la Región mediante los intercambios internos y el aumento consecuente del valor añadido al producto o a los servicios, antes que esta sea succionada por la economía de la región dominante. Por esto, el Nuevo Urbanismo tiene su amarre adicional a los movimientos asociados al desarrollo regional sostenible. Su compromiso con lo local y su fundamento comunitario le llevan a asociarse a los movimientos de la "nueva economía". Se enfrenta así, junto a la desaparición de los comercios locales, a la fuga precoz de la riqueza de las economías locales y a la desarticulación de la sociedad por la penetración acelerada de nueva tecnología y modos de producción.
Por otro lado, el mejoramiento de la ciudad como espacio habitable constituye un recurso de desarrollo de la economía post-industrial. Este atributo del espacio urbano es condición indispensable para la atracción y generación de las empresas de alta tecnología, pues son condiciones que desean y necesitan sus trabajadores y empresarios. Es además condición merecida por los residentes de la ciudad. Entre éstos se acentúa la recuperación de las zonas centrales de la ciudad y cascos urbanos, generando una ciudad habitable, para estar y accesible.
El autor es además ingeniero y docente.
arquinde@cableonda.net