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Urge ley que “castre” lengua de calumniadores


“Los que vivieron en perpetuo florecimiento de virtud, revelan con su ejemplo que la vida puede ser intensa y conservarse digna; dirigirse a la cumbre sin encharcarse en lodazales tortuosos; encresparse de pasión tempestuosamente como el océano, sin que la vulgaridad enturbie las aguas cristalinas de la ola”.
Expresamos a la ciudadanía de Panamá y el mundo, que estamos sorprendidos por la forma abyecta y vulgar con que legisladores como Gloria Young y Alberto Magno Castillero se prestan para destruir alegremente la dignidad de las personas, por el sólo hecho de gozar de una inmunidad mal entendida. Estamos seguros que sus electores les dieron el voto para que elaboraran leyes tendientes a solucionar problemas educativos, sociales, económicos... y no para que se entretuvieran mancillando el honor de las personas.
Los dos han irrespetado a la ética, a la moral y a las leyes que deben caracterizar a un legislador, porque si un legislador no las respeta, ¿qué se esperaría de las demás personas que están observando semejante escenario? Al menos que ese sea el mensaje que se esté subliminalmente internalizando a ésta y a las siguientes generaciones.
Decía Ingenieros que la vulgaridad pone su mayor jactancia en exhibirla, sin sospechar que es su afrenta que estalla inoportuna en la palabra o en el gesto; que la vulgaridad se deleita en lo grotesco, vive en lo turbio y se agita en las tinieblas; es a la mente lo que son al cuerpo los defectos físicos, la cojera o el estrabismo; y que los hombres vulgares querrían pedir a Circe los brebajes con que transformó en cerdos a los compañeros de Ulises, para recetárselos a todos los que poseen un ideal. Por eso, cuando vemos en el periódico la frase “castrar a individuos”, expresada sin reparo, en boca de personas que “legislan”, preguntamos a esos dos declarantes: ¿Qué artículo de la Constitución Política de Panamá exige castrar? Para ir terminando con la enfermedad de la calumnia, invito a estos dos legisladores a que vayan craneando una ley que “castre” la lengua a las personas que hacen de la calumnia su modus vivendi.
Es increíble que el legislador Alberto Magno Castillero (vicepresidente de la Comisión de Educación de la Asamblea Legislativa) y la legisladora Gloria Young (presidenta de la Comisión de Asuntos de la Mujer) hayan, sarcásticamente, calumniado el honor de alguien que no conocen, con terminologías soeces y abruptas a los oídos y a los ojos de la cultura, cuando existen otras más apropiadas inherentes al significado Educación. Palabra que además de denotar repulsión, denota agresividad, violencia.
Le preguntamos a estos dos legisladores: ¿Con qué intención han difamado a una persona que no conocen? ¿Acaso su Constitución le da licencia para perjudicar la imagen de las personas? Les expresamos que la nuestra preceptúa que es una falta a la ética y a la moral atentar contra la integridad y honra de las personas. Nosotros aprendimos en la universidad que la verdad se logra sólo a través de investigación, que no da cabida a especulaciones, a suposiciones. Por lo tanto, ustedes deben saber que cuando una persona, en su juicio, ha salido inocente, todo lo que se exprese, contrario al dictamen de un juez, es calumnia. Y parodiando a Shakespeare, le participamos “que hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”.
A la estima que todavía se le tiene a la Asamblea Legislativa, vista como el espejo donde se miran todas las instituciones, no le queda nada bien declaraciones impulsivas de algunos de sus miembros; por el contrario, queda muy mal parada ante la faz del mundo, lo cual causa mucho pesar.
Sabemos que el ocaso de los individuos se vislumbra cuando van dando paso al ocio del fango, destruyendo con la diatriba la dignidad de las personas, y conduciendo a la sociedad al más encarnizado obscurantismo; porque los problemas sociales y económicos no se resuelven ofendiendo a las personas, sino con la ideación de proyectos y la rápida e impostergable ejecución.
Finalmente, solicitamos a la Asamblea Legislativa, nos dé el derecho a réplica, citándonos y dándonos cortesía de sala también a nosotros, como la otra parte afectada, para que puedan cerciorarse de la verdad, escuchando la prístina génesis de esta campaña difamatoria que se ha abanicado contra mi persona.

(* Director del Colegio Benigno Tomás Argote.)

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