Urgencia por Africa
África se debate hoy entre la vida y la muerte, y la indiferencia no puede ser la respuesta internacional. Desde el G-8, del mundo industrializado, hasta la ONU dan hoy evidencias de entender las urgencias del continente africano, pero es evidente que los esfuerzos actuales no bastan.
Pareciera que allí, enfermedades biológicas y sociales han puesto en marcha un exterminio masivo. Cifras del Banco Mundial revelan que mientras que en el mundo mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, el 60% de la población sub-sahariana de África vive en condiciones de extrema pobreza, y que los 315 millones de pobres existentes en esa región en 1999, se habrá incrementado a 404 millones en el año 2010.
Cada 30 segundos en las empobrecidas regiones africanas muere un niño víctima de la malaria, y el 50% de la población padece alguna enfermedad relacionada con la ausencia de agua potable.
Aun cuando el G-8 ha decidido condonar la deuda pública de los 18 países más pobres del mundo, entre los que figuran los africanos en cifra mayoritaria, es necesario que las naciones coordinen esfuerzos para detener los estragos del SIDA, que afecta a uno de cada tres habitantes. Sólo en Zimbawe cuatro mil afectados por esa terrible enfermedad mueren semanalmente. Las cifras revelan que para el año 2010 el drama habrá reducido a menos de 30 años las expectativas de vida en las naciones africanas donde es más fuerte la pandemia.
Si a eso se suman los conflictos tribales habrá que concluir que, así como en Haití, las Naciones Unidas debe intervenir en esas naciones para poner fin a los enfrentamientos, a la corrupción de muchos gobiernos, a la indiferencia de naciones poderosas y detener la mano de quienes financian las armas con que allí se hacen las guerras. No hacerlo significaría, no sólo indiferencia, sino complicidad internacional con una tragedia que podría repetirse en otro punto del planeta.
Se sabe que los subsidios y medidas proteccionistas del mundo industrializado son 16 veces mayor a la ayuda internacional que se brinda a un continente que constituye el banco de recursos de la humanidad.
Pareciera que allí, enfermedades biológicas y sociales han puesto en marcha un exterminio masivo. Cifras del Banco Mundial revelan que mientras que en el mundo mil millones de personas viven con menos de un dólar al día, el 60% de la población sub-sahariana de África vive en condiciones de extrema pobreza, y que los 315 millones de pobres existentes en esa región en 1999, se habrá incrementado a 404 millones en el año 2010.
Cada 30 segundos en las empobrecidas regiones africanas muere un niño víctima de la malaria, y el 50% de la población padece alguna enfermedad relacionada con la ausencia de agua potable.
Aun cuando el G-8 ha decidido condonar la deuda pública de los 18 países más pobres del mundo, entre los que figuran los africanos en cifra mayoritaria, es necesario que las naciones coordinen esfuerzos para detener los estragos del SIDA, que afecta a uno de cada tres habitantes. Sólo en Zimbawe cuatro mil afectados por esa terrible enfermedad mueren semanalmente. Las cifras revelan que para el año 2010 el drama habrá reducido a menos de 30 años las expectativas de vida en las naciones africanas donde es más fuerte la pandemia.
Si a eso se suman los conflictos tribales habrá que concluir que, así como en Haití, las Naciones Unidas debe intervenir en esas naciones para poner fin a los enfrentamientos, a la corrupción de muchos gobiernos, a la indiferencia de naciones poderosas y detener la mano de quienes financian las armas con que allí se hacen las guerras. No hacerlo significaría, no sólo indiferencia, sino complicidad internacional con una tragedia que podría repetirse en otro punto del planeta.
Se sabe que los subsidios y medidas proteccionistas del mundo industrializado son 16 veces mayor a la ayuda internacional que se brinda a un continente que constituye el banco de recursos de la humanidad.