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Usted, 'bfha estado alguna vez en una crcel?


PUES, YO sí! Hace ya varios años acudí a una gentil invitación de ese gran pastor panameño, Monseñor Rómulo Emiliani, creador de importantes agrupaciones como Nutre Hogar, Mensaje al Corazón, Luz y Vida, Ofrece un Hogar, Pastoral Carcelaria y muchas más, todas de los más altos sentimientos de solidaridad humana y sensibilidad social.
El motivo de la reunión era informar a todos los invitados que el Ministerio de Gobierno y Justicia de ese entonces, a través de la Dirección del Sistema Penitenciario, había cambiado los días de visita para la Pastoral Carcelaria de los sábados a los viernes. Muchos de los que hacían esta labor no podían acudir los viernes, creándose un vacío muy grande en la atención pastoral de los recluidos, por lo que Monseñor buscaba la ayuda de otros para continuar con estas visitas semanales. Se dirigió a mí preguntándome si podía cooperar. Lógicamente no pude negarme y al verme enrolado en esta nueva aventura, pregunté, ¿cuándo empiezo?
Me asignaron la cárcel El Renacer, hotel 5 estrellas, si la comparan con los otros centros. Ahí me encontré con todos los militares pagando sus penas y una gran cantidad de detenidos de diferentes países, en su mayoría narcotraficantes y que, por ende, hablaban distintos idiomas. Me llamó la atención que estas visitas eran esperadas por los reclusos. La felicidad se veía claramente reflejada en la expresión de sus rostros. Llegábamos con refrescos que nos donaba Refrescos Nacionales y Coca Cola, los consabidos pastelitos de la Flor Panameña de Calidonia y lógicamente cigarrillos. Me acompañaba siempre ese gran ingeniero Jaén, hermano del S. J. Néstor Jaén, (q.e.p.d) que llevaba su órgano musical portátil para amenizarlos durante las tres horas que estábamos con ellos. Había un grupo de distinguidas señoras que rezaban el rosario con ellos y les leían la Palabra de Dios.
Como no soy ducho en ninguna de estas actividades, se me ocurrió crear una academia de lenguas. Así, cada preso podía aprender el idioma de su interés como inglés, español, italiano, portugués, alemán. Se les asignaban los profesores y les traíamos diccionarios, cuadernos de apuntes y todo lo necesario. Semanalmente se evaluaban los adelantos de cada uno. Recuerdo que les hicimos una fiesta del Día del Niño, y les entregamos juguetes donados por las Farmacias Arrocha; este evento fue muy divertido.
Al finalizar nuestras labores, a eso de las 3.00 p.m., sentíamos que habíamos aportado en algo para mejorar la situación de los reclusos. Con la idea de conocer las condiciones en que vivían los reclusos, pedimos permiso a los custodios para visitar las instalaciones. ¡Lo que vimos nos dejó estupefactos! Aquello era vergonzoso, inhumano. Los reclusos vivían en total hacinamiento y olores nauseabundos insoportables. Como yo había diseñado unas cárceles en las afueras de Buenos Aires, y otra en Guayaquil, con las más estrictas normas de seguridad y con las especificaciones dictadas por las oficinas de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, lo que vi en El Renacer me impresionó muchísimo. En otros países no se les llaman cárceles, sino Centros de Rehabilitación y tienen todo tipo de facilidades. Las celdas se diseñan de acuerdo a la peligrosidad de los reclusos, pero siempre con la idea de que vivan decentemente y prepararlos para reincorporarlos a la sociedad al cumplir sus penas. Los pabellones de máxima seguridad son para una sola persona, con un mínimo de 10 metros cuadrados, incluido un baño completo. Los pabellones de mediana seguridad tienen un área de 21.60 m² para no más de 6 reos por celda, 3.60 m² cada uno. Los pabellones de mínima seguridad, tienen un área de 36.00 m², donde se pueden alojar como 10 personas, con un área de 3.60 m² cada uno, espacio mínimo requerido por recluso. Estos centros de rehabilitación tienen todas las facilidades como enfermerías, consultorios, áreas administrativas, talleres de todo tipo como tornería, mecánica, ebanistería, panadería y pastelería. Tienen un juzgado donde se atienden todos los casos pendientes para agilizarlos; así los reos no tienen que viajar a tribunales en el centro de la ciudad. Si los familiares de algún recluido quieren mejorar la celda, les era permitido correr con los gastos para hacerle mejoras a la celda.
Aquí, en nuestra querida Panamá, se ha formado un tamborito por las llamadas celdas de lujo. Digo "llamadas celdas de lujo", porque en realidad no lo son, a menos que las comparen con las otras celdas. Que quede claro que no estoy defendiendo a ninguna de las personas que han sido destituida por esto, pero hay que sentarse a pensar. La situación de los presos es totalmente inhumana y hay que legislar al respecto. Jamás ningún gobierno se ha interesado en lo mas mínimo en mejorar las condiciones de las celdas panameñas. Cada día la población carcelaria crece, y no se ha hecho adición o mejoramiento a las infraestructuras existentes. Debemos tener conciencia de que esta situación debe acabar. Los reclusos son seres humanos igual que nosotros, y están pagando sus faltas contra la sociedad. Esto no es razón para recluirlos en condiciones infrahumanas. Las cárceles panameñas deben cumplir con los requisitos mínimos de área por reo, facilidades sanitarias, lugares de ejercicio, estudio, etc., para que sean verdaderos centros de rehabilitación. Visiten una cárcel para que entiendan el problema.
No se puede criticar por criticar, ni juzgar por juzgar. Es un deber moral que nuestras cárceles se conviertan en verdaderos centros de rehabilitación, que les dé la oportunidad a los reclusos de reincorporarse a la sociedad. De nuestras cárceles salen peor de lo que entran, por eso quiero hacer énfasis sobre lo eminente que es producir este cambio.
Panamá se está perfilando como un país con futuro brillante por lo que es vital que el sistema carcelario sea renovado totalmente. Si el Gobierno no tiene los fondos, ni los especialistas para reconstruir los centros de rehabilitación, sería muy interesante que se considere la posibilidad de ejecutar estos proyectos en conjunto con la empresa privada, como se hizo con el Aeropuerto de Tocumen.
Pero quien parece tener más posibilidad, por su aceptación con la gente y por su trabajo en el partido es Balbina. Puede ser una figura conciliadora entre las partes que no se ponen de acuerdo y nada despreciable como candidata; aunque no ha dicho nada, ya la están sacando a las giras, y la gente la busca.
Hay un millón de personas sin preferencia política que esperan, no un candidato, sino un plan de gobierno. La mayor parte del pueblo necesita soluciones básicas para vivir que se prometen en campaña, pero más nunca regresan. ¿Quién se atreve a mirar por el bien común deponiendo sus intereses personales? ¿Qué equipo es capaz de aprovechar la bonanza económica a favor de un verdadero desarrollo integral? ¿Quién se decide a procesar a más de cuatro que nos deben cuentas a todos? Ese es el candidato que busca la mayoría. A esa fiesta queremos ir todos los panameños.

101 años de Panamá América

 
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