Vacaciones fraccionadas en la Policía
Cierto que es un trabajo sacrificado, que exige largas jornadas impagas que exceden los límites permitidos, además del fraccionamiento y, a veces, supresión de sus vacaciones. Con frecuencia, el precio mayor lo paga la familia del propio policía. Pero no se tiene que llegar siempre a esos extremos y bien podría aliviarse tan precaria condición de servicios.
La situación puede, incluso, ser peor si tomamos en cuenta los bajos salarios y exiguos seguros de vida. La mayoría de los agentes está ahogada en deudas y es víctima de agiotistas y tentaciones. Se requiere para ellos de muchos trabajadores sociales para ayudarles y guiarles en la atención de sus angustias financieras, personales y hogareñas. Y para colmo, muchos tienen que arriesgar su vida a diario. No es de extrañar el alto nivel de suicidios y crímenes familiares.
Por otro lado está la baja moral de muchos, por saberse carentes de respaldo legal en caso de problemas, a más del distanciamiento de sus superiores y oficiales a quienes miran como clase aparte. Fuera de eso, la precariedad de sus instrumentos de trabajo. Escasez de vehículos, armas anticuadas, equipo de comunicación obsoleto e insuficiente. Debemos hacer algo y pronto para mejorar este cuadro, antes que la inseguridad se junte con el problema de los policías y acabe con la relativa prosperidad de que goza el país.