Vallas que proclaman la fugacidad
La saturación de vallas publicitarias en las calles de la ciudad de Panamá, exacerban el sentido inestable del hombre y su precariedad. De allí que a los cada vez más poblados "sitios" publicitarios, Vía España, la calle 50, la Avenida Ricardo J. Alfaro, la Transístmica y tantos otros, ocupados casi todos sus espacios visuales por una gran valla móvil, un "espectacular" o cientos de "banderas publicitarias", los Municipios deberían darse a la tarea de establecer una regulación que busque la armonía del buen vivir y el bienestar, donde el respeto a los sentidos humanos sea un aspecto consustancial a la salud social del panameño. No hacerlo ahora equivale a pagar muy cara la factura en materia de salud mental.
Para algunos esta tendencia de enterrarnos la vista sobre más y más publicidad debería ser tratada como un signo inequívoco de desarrollo social y libertad ciudadana. Nada más alejado de la verdad. No pocos nos preguntamos, si no es también signo de decadencia de unas ciudades donde monumentalizan los mensajes fugaces y se exacerban los sentidos sin contenido, dirección y destino.
Hasta hace poco, podíamos observar mensajes integrales y que nos hablaban de la memoria colectiva de nuestros pueblos. Entre ellos los viejos monumentos, las antiguas edificaciones y el paisaje verde del que estamos los panameños muy orgullosos. Pero no se está tomando en cuenta el signo que nos distingue de otras ciudades que se enterraron bajo toneladas de concreto, muros y piedras y hoy lo lamentan. Las nuevas construcciones urbanísticas tienen que pelearse a diario un pequeño espacio detrás de una enorme valla. Pensamos que a alguien se le está pasando la mano, pues el problema no termina allí. Los "Diablos Rojos" se han transformado en anuncios móviles y, uno de ellos, nos rebasa con un enorme conejo pintado anunciando el cereal que debemos comer. Y mientras esperamos en el semáforo, un taxi se nos cuela "engalanado" con un enorme gorro alienígena anunciando un nuevo programa de televisión. Las vallas proclaman la fugacidad de lo social. Se trata de un acontecimiento que hay que regular con un sentido ético ya son acontecimientos que no nos llevan a ningún lado. Es, pues, el momento de preguntarnos la ciudad que queremos tener y ver. Ya que sin dirección socialmente reconocible en las calles, ¿podrá alguien atisbar un horizonte urbano con sentido? Alguien debe ponerle un poco de orden al caos publicitario que reina en las calles de Panamá.
La verdad: "Militares saben bien qué pasó", Alberto Almanza, de la Comisión de la Verdad.