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Vamos a decir cosas


Comenzar en octubre es un buen pretexto para olvidar lo que ocurrió en la página anterior del calendario, o por lo menos así lo quisieran algunos. Sin embargo, septiembre tuvo su bueno y su malo, y en esos días sucedieron cosas que aún no culminan. Es que el hecho noticioso genera muchas interrogantes, muchos interrogados y pocas respuestas definitivas.
Por ejemplo, septiembre nos trajo de Lima nada menos que a Vladimiro Illich Montesinos Torres, en el que "sin querer queriendo" llegó a ser encumbrado militar y dejó de serlo en 1976, cuando visitó por su cuenta las oficinas de la CIA en Washington, años después de haber traficado con documentos oficiales y confidenciales sobre la compra de armamento soviético por parte del ejército peruano. Tras el triunfo de Fujimori en 1990, Montesinos que ya había lavado algunos trapos sucios, alcanzó el poder y controló el Servicio de Inteligencia Nacional (SIN) como principal asesor del presidente. En Perú se decía que Fujimori detentaba el gobierno y Montesinos ejercía el poder. Hoy se encuentra en Panamá y su asilo político es un enorme signo de interrogación.
También en septiembre, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), reunida en Caracas, pidió a los países consumidores aliviar la cara tributaria sobre el petróleo el cual considera el mayor componente del precio final al consumidor. En Panamá el Estado impone al combustible un gravamen promedio de 60 centésimos por galón de gasolina y 25 centésimos por galón de diesel. ¿Asumirá Panamá alguna medida de reducción impositiva para aliviar el alto precio que paga el consumidor panameño?
Algo de lo que septiembre no tuvo ni culpa ni responsabilidad, es el llamado "Plan Colombia" que resulta contrario a la denominada Agenda de Paz basada en las conversaciones del gobierno de ese país con las guerrillas de la FARC (no así con los paramilitares), en busca de una solución negociada a los conflictos. Si toda la maquinaria bélica del llamado Plan se pone en marcha, es evidente que las hondas expansivas se harán sentir en los países vecinos. Pero lo peor pudiera tener un efecto devastador más prolongado si el Gobierno colombiano, pese a lo que establece la Constitución, aprueba el uso de armas biológicas, consideradas e incluidas en el Plan, como el hongo Fusarium Oxsporum, altamente volátil de rápida expansión que amenaza la salud y la vida humana, así como la vegetación amazónica y el Darién panameño. Queda probado que el llamado Plan Colombia es como la gasolina al fuego.
Pero también fue en septiembre cuando la CIA presentó ante el Congreso estadounidense un nuevo informe, en donde la Agencia admite su apoyo activo a la Junta Militar encabezada por Pinochet, después del derrocamiento del Dr. Salvador Allende. La CIA reconoce que mantuvo contactos amplios y directos con el general Manuel Contreras de la temida policía política secreta, la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la cual operaba los centros de tortura y enviaba Escuadrones de la Muerte a asesinar a críticos y adversarios del régimen en países como México, Argentina, Italia y Estados Unidos, siguiendo instrucciones directas del general Pinochet, actual senador desaforado y sometido a proceso por las desapariciones dentro de lo que se conoce como la Caravana de la Muerte.
En la patria doméstica, las coimas por puestos públicos, los bonos millonarios de Colón, las amenazas del aumento del pasaje en el transporte público, la interminable polémica de la terminal de transporte, lluvias, inundaciones y apagones. Por suerte septiembre tuvo sólo 30 días como todos los años. A los panameños nos corresponde seguir hacia delante, acumulando experiencias para mejorar ese presente y olvidarnos del ayer. No sea que nos convirtamos en estatuas de sal, como la mujer de Lot, que aún continúa muriendo en el pasado.

101 años de Panamá América

 
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