¿Vana esperanza?
Se nos ha anunciado la posibilidad de celebrar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos (EU). Sin perjuicio de reconocer las posibles bondades que pueda otorgarnos dicho convenio, en primera instancia, debemos ser cautelosos en abrigar esperanzas al respecto. Recordemos que los norteamericanos subisidian su agricultura, por lo que debemos negociar ese aspecto muy cuidadosamente para no afectar la nuestra y la producción agropecuaria panameña al permitir la introducción de productos subsidiados a nuestro mercado a un precio más bajo , que si bien podría ser de beneficio para los consumidores nacionales, produciría la quiebra de los productores del patio, incurriéndose en lo que se conoce en inglés como "dumping". Por otra parte, los términos de negociación deben ser definidos previamente, si son multilaterales, bilaterales o siguiendo el modelo de Chile o de Singapur, ya que este último se asemeja, entendemos, más al mercado panameño.
Tampoco olvidemos que EU se encuentra en una etapa de negociación en bloque con Centroamérica, por lo que debemos esperar a que termine la misma, con el fin de poder apreciar las ventajas y desventajas que se produzcan de dicho tratado. El acceso a un mercado gigantesco como el norteamericano constituye la primera ventaja que podría asomarse para nuestros exportadores, sin embargo la actual balanza de pagos es desfavorable para Panamá, lo cual podría mejorarse al producir más a fin de exportar más a la gran nación del norte.
Es claro, entonces, que los términos de intercambio son desiguales y deberán ser mejorados si se pretende reactivar nuestra alicaída economía y favorecer el comercio e industria nacionales.
La alta calidad de los productos norteamericanos y sus precios sumamente competitivos benefician a nuestros consumidores, pero a la vez pueden afectar y distorsionar el principio de libre mercado que debe imperar en el comercio mundial.
El mercado panameño no es igual al mexicano ni al chileno, los cuales cuentan con un alto grado de producción industrial que no guarda relación con la producción nuestra y la exportación de productos no tradicionales como plátano, sandía, melón, piña y demás frutas y vegetales.
Seamos optimistas, pero no en exceso. Debemos contemplar también la posibilidad de negociaciones paralelas con la Unión Europea, y analizar y comparar su mercado con el norteamericano, pues representa además un enorme caudal de posibilidades. El objetivo principal de todo TLC es asegurar a los Estados o partes contratantes la consecución de sus fines comerciales y obtener ventajas y beneficios recíprocos, no lo contrario.
Tampoco olvidemos que EU se encuentra en una etapa de negociación en bloque con Centroamérica, por lo que debemos esperar a que termine la misma, con el fin de poder apreciar las ventajas y desventajas que se produzcan de dicho tratado. El acceso a un mercado gigantesco como el norteamericano constituye la primera ventaja que podría asomarse para nuestros exportadores, sin embargo la actual balanza de pagos es desfavorable para Panamá, lo cual podría mejorarse al producir más a fin de exportar más a la gran nación del norte.
Es claro, entonces, que los términos de intercambio son desiguales y deberán ser mejorados si se pretende reactivar nuestra alicaída economía y favorecer el comercio e industria nacionales.
La alta calidad de los productos norteamericanos y sus precios sumamente competitivos benefician a nuestros consumidores, pero a la vez pueden afectar y distorsionar el principio de libre mercado que debe imperar en el comercio mundial.
El mercado panameño no es igual al mexicano ni al chileno, los cuales cuentan con un alto grado de producción industrial que no guarda relación con la producción nuestra y la exportación de productos no tradicionales como plátano, sandía, melón, piña y demás frutas y vegetales.
Seamos optimistas, pero no en exceso. Debemos contemplar también la posibilidad de negociaciones paralelas con la Unión Europea, y analizar y comparar su mercado con el norteamericano, pues representa además un enorme caudal de posibilidades. El objetivo principal de todo TLC es asegurar a los Estados o partes contratantes la consecución de sus fines comerciales y obtener ventajas y beneficios recíprocos, no lo contrario.