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¡Vaya estímulo a los colonenses!


En la publicación del viernes 28 de septiembre de este año, el editorial del diario al que le agradezco la publicación reciente de dos artículos en los que trato de situar la real problemática de Colón, me sorprende. No conozco al editorialista, como tampoco conoce éste la realidad de Colón. Este editorial, a mi juicio parece más un artículo de opinión redactado por un detractor de Colón y los colonenses y no es digno de un periódico tan serio como lo es El Panamá América.
Jamás me hubiese podido imaginar tanta insensibilidad social para que en medio de la profunda crisis que nos azota se publicara un artículo, que a todas luces tratando de desacreditar a los grupos organizados hiriera profundamente la autoestima de todos los colonenses.
Un editorial lleno de barroquismos denigrantes, sin contenido, sin esperanzas, sin propuestas y alejado de la realidad. Un editorial que sí transmite un profundo desprecio e irrespeto a los miles de colonenses que estando preparados profesionalmente, con una alta vocación y valoración del trabajo no encuentran oportunidades de un trabajo digno.
Cuánto desprecio nos merecemos para que el editorialista al tratar de golpear a quienes se manifiestan en las calles afirme sobreentendidamente que todos los colonenses sólo somos mendigos, contrabandistas, ladrones, criminales, ineficientes e incapaces; que estamos condenados a vivir en la miseria y no merecemos oportunidad alguna.
Los violentos actos que en medio de la lucha por oportunidades de empleo se han escenificado en Colón, han tenido como protagonista principal a la Policía Nacional. No justificamos los peligrosos niveles que han alcanzado las manifestaciones, pero tampoco podemos dejar de responsabilizar al gobierno por su manifiesto desinterés.
Coincidencialmente, antes, durante y después de estos dramáticos sucesos, es notable que el gobierno o sus voceros insisten en fortalecer la denigrante idea de que los colonenses queremos cobrar sin trabajar.
Por un lado no es cierto que los sucesivos gobiernos han atendido más que en cualquier otra región la problemática laboral en Colón. Por el otro, es preciso recordar que el inadecuado método del subsidio laboral fue creación de los que hoy gobiernan. Desde entonces estos programas se han mantenido como un instrumento político de manipulación de las demandas populares. Quienes dirigen estos programas siempre lo han hecho con una óptica cortoplacista, mostrando reiteradamente la incapacidad de generar proyectos productivos que a la vez constituyan fuentes importantes de ahorro en el gasto público.
El editorialista debiera referirse a la poca correspondencia existente entre los ingresos fiscales generados en la provincia y la inversión pública dirigida a ella. Debería decir que la inversión pública sufre frecuentes reorientaciones de recursos hacia otras regiones o programas.
Lo que ignora el editorialista es que las fuentes tradicionales de empleo ya han agotado su capacidad generadora. Es decir, no se puede esperar la generación masiva de empleos en áreas como la Zona Libre de Colón, los Puertos y la Autoridad del Canal de Panamá. El aparato burocrático del Estado en la provincia no soporta más carga.
Empresas como Refinería Panamá, Cemento Panamá, Envases del Istmo, la Fábrica de Cajas de Cartón y las otras pocas empresas industriales establecidas en el corredor transístmico han llegado a su madurez y no se prevé una pronta expansión. El comercio, aunque incremente su actividad no experimentará un mayor crecimiento en su capacidad de absorción laboral. El transporte de carga está amenazado y el de pasajeros, saturado.
La industria de la construcción mantiene bajos niveles de actividad. Los puertos de cruceros, el desarrollo portuario de Coco Solo y la rehabilitación del ferrocarril, que estaban llamados a compensar la perdida de plazas de trabajo generadas por el cierre de las bases militares no han llenado las expectativas en materia de empleo.
El editorialista debe conocer que la pequeña y mediana empresa han sido desatendidas. Hoy, con todo el impulso y la asignación de recursos a la Ampyme, aún no se implementan dichos programas en Colón, todo está enfocado en Panamá en beneficio de los arnulfistas, que son especiales para la Señora Presidenta.
A todo lo anterior se suma una alta inmigración laboral nacional e internacional que el editorialista trata de justificar. Todo el peso de la demanda laboral de las áreas semi urbanas y rurales recae sobre las empresas establecidas en la ciudad. Esto, nos da una clara imagen de las limitaciones del mercado laboral frente a una creciente demanda de trabajo.
No se trata de invocar una vocación al trabajo en abstracto. En Colón no existen mayores oportunidades de empleo. Dudo mucho que pueda comprobarse la cacareada falta de capacidad profesional de los colonenses, por lo que sería muy útil que el editorialista convenciera al Ministro de Trabajo para que explique a la ciudadanía dónde están o estuvieron las 800 plazas de trabajo disponibles a la que según él, ningún colonense acudió a entrevistarse. Existen más de 800 colonenses capaces que reclaman empleo real y efectivo para poder cobrar. De lo que se trata es que se nos ofrezcan esas oportunidades.
Sólo los colonenses sentimos y vivimos la realidad de ver cómo los recursos de la región se asignan según las prioridades nacionales, sin considerar el valor agregado que puedan dejar en la provincia. Ahí tenemos el caso de las concesiones portuarias, el desarrollo turístico, el ferrocarril, y aún no se conoce si éste será el destino del Centro Multimodal de Carga.
Demagógicamente, Colón ha sido declarada Zona de Emergencia Social y no se han tomado medidas de emergencia. La pobreza en Colón es crítica y conocida. Claro, ya no es noticia, ni le importa a nadie.

101 años de Panamá América

 
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