Vecinos vigilantes
Con sorpresa hemos advertido la pretensión de un radio comentarista, si es que no le entendimos mal, de que tratemos de averiguar qué han hecho los vecinos vigilantes y a quiénes han denunciado.
Consideramos que debemos oponernos muy decididamente a esa errónea aspiración que, por muy bien intencionada que sea, sería acabar con un sistema voluntario y privado de cooperar con las autoridades nacionales para combatir el delito.
Con frecuencia nuestra prensa ha informado y reproducido fotos sobre la captura de individuos con grandes cargamentos de drogas constitutivas de alarma por el inmenso daño que representan para la salud pública. Muchas de esas capturas se han logrado gracias a la desprendida y humanitaria labor de los vecinos vigilantes. Lo mismo ha ocurrido con la captura de asaltantes de bancos, y en casos de secuestros y de homicidios; esos fueron descubiertos gracias a pistas ofrecidas por celosos vecinos vigilantes. Con todos ellos, precisamente, hay que mantener una política de mucha discreción y no revelar jamás quiénes son ni dónde están, ni cuáles son los casos por cuya valiosa información fueron descubiertos por nuestras autoridades.
La protección que se merecen y se les da a los vecinos vigilantes es tal, que ni siquiera nuestras autoridades intentan identificarlos. Eso constituye el mayor estímulo para que ellos no cejen en sus nobles esfuerzos de cooperar en la tarea de combatir la delincuencia.
Nuestra sociedad debe sentirse agradecida por el servicio noble que es, por lo humanitario, que prestan los vecinos vigilantes. Y, sobre todo, en los casos de narcotráfico que, al igual de lo que ocurre con el tráfico de armas, su resultado es la muerte, en el primer caso, paulatina, y en el otro, inmediata; pero siempre matar.
Consideramos que debemos oponernos muy decididamente a esa errónea aspiración que, por muy bien intencionada que sea, sería acabar con un sistema voluntario y privado de cooperar con las autoridades nacionales para combatir el delito.
Con frecuencia nuestra prensa ha informado y reproducido fotos sobre la captura de individuos con grandes cargamentos de drogas constitutivas de alarma por el inmenso daño que representan para la salud pública. Muchas de esas capturas se han logrado gracias a la desprendida y humanitaria labor de los vecinos vigilantes. Lo mismo ha ocurrido con la captura de asaltantes de bancos, y en casos de secuestros y de homicidios; esos fueron descubiertos gracias a pistas ofrecidas por celosos vecinos vigilantes. Con todos ellos, precisamente, hay que mantener una política de mucha discreción y no revelar jamás quiénes son ni dónde están, ni cuáles son los casos por cuya valiosa información fueron descubiertos por nuestras autoridades.
La protección que se merecen y se les da a los vecinos vigilantes es tal, que ni siquiera nuestras autoridades intentan identificarlos. Eso constituye el mayor estímulo para que ellos no cejen en sus nobles esfuerzos de cooperar en la tarea de combatir la delincuencia.
Nuestra sociedad debe sentirse agradecida por el servicio noble que es, por lo humanitario, que prestan los vecinos vigilantes. Y, sobre todo, en los casos de narcotráfico que, al igual de lo que ocurre con el tráfico de armas, su resultado es la muerte, en el primer caso, paulatina, y en el otro, inmediata; pero siempre matar.