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Ven Espíritu Santo y llena la tierra


La cincuentena pascual dentro de nuestra liturgia católica, con la Fiesta del Espíritu Santo. También han concluido tantas cosas durante este mismo período. Hemos estado invadidos por varias semanas de la publicidad de un evento de pocos, pero que querían que fuera de todos, el famoso concurso de simpatía y otros criterios de expertos, auspiciado por un millonario norteamericano, llamado Señorita del Universo. No tenemos nada que decir y más que como nos pasa siempre surgen enjambres de técnicos en decoración, en apreciación estética femenina, en los valores que se utilizan como criterios en otros torneos de este jaez; surgen nuestros agoreros que desde el principio sabían quién iba a triunfar, que nuevamente quedamos en evidencia de que aún somos pueblo pequeño con horizontes pequeños, con aspiraciones pequeñas y con una alienación respecto a la dura realidad en la que estamos inmersos.
En torneos similares en otros países también hubo protestas, lo cual es lo más obvio y legítimo, por el excesivo expendio de dinero cuando hay clamorosas necesidades en salud, educación y seguridad que adolecen de subsidios. No creo que esas protestas afectan la imagen del país, cuando esa imagen ya está hecha por otros indicadores internacionales sobre la corrupción administrativa, por el alto índice de personas con SIDA, por la delincuencia juvenil y otros elevados índices de violencia y de inseguridad ciudadana.
Nos llenamos la boca diciendo que 600 millones de humanos estuvieron pendientes de Panamá, que eso va a incrementar y a traer la inversión extranjera y con eso acabaremos con el desempleo y las lacras consecuentes a esa situación, y seremos mejores ciudadanos.
Como se expresó en un medio escrito, el evento ciertamente salió bien, lo hicimos bien, etc., pero ahora vienen las cuentas y las explicaciones y los desgloses y, sobre todo, el constatar, lo cual es tan difícil y fugaz hacerlo, el retorno beneficioso de esa inversión con la que, para muchos, fue el acontecimiento cumbre de las celebraciones del centenario de vida republicana. Ahora cabría llamar a lo que subseguido, como aquella película de hace años "The day after" (El día siguiente), a la explosión atómica, aun cuando es aplicable al día siguiente de cualquier gran evento, fiesta, carnaval o carnavalito en que la gente queda con esa actitud adormecida y sin saber a ciencia cierta qué fue lo que pasó.
Ante esa realidad, ese Dios que no nos abandona, no importa cuán encompinchados estemos con todo lo que nos distrae de su perenne llamamiento, hoy nuevamente celebramos, aunque no lo sepamos o queramos, la fiesta del advenimiento del Espíritu Santo.
Es el domingo de Pentecostés. Recordemos que era una fiesta hebrea, una de las tres fiestas de peregrinación del Antiguo Testamento. Era originalmente una fiesta agrícola de la siega. Y el elemento característico de las ceremonias de la fiesta de Pentecostés era el ofrecimiento de dos panes cocidos con levadura (Lev.23, 25ss). Aparece aquí clara la conexión con la fiesta de los ácimos, porque el ciclo se inicia con panes sin fermentar y acaba con panes fermentados. También cronológicamente se orienta la fiesta de Pentecostés de acuerdo con la de los dos ácimos, porque se celebra siete semanas después de ésta. Es significativo el sentido, el nombre de "fiesta de las Semanas".
Los hechos de Pentecostés, que viene del adjetivo numeral griego "pente y konta" i.e. cincuenta, hoy hace 50 años celebramos la pascua (20 de abril-8 de junio), y en los Hechos de los Apóstoles nos habla de la efusión del Espíritu y fundación del nuevo pueblo de Dios. Según Lucas en Hechos 2,2-13, el Espíritu se repartió bajo forma de lenguas de fuego entre todos los discípulos reunidos que, según 1,15 serían unas 120 personas. Comenzaron a hablar "en otras lenguas", según el v.6 cada uno de los extranjeros les oía, en su propia lengua o dialecto. Lucas insinúa un milagro no sólo en los que oían, sino también en los que hablaban v.4. En todo caso es innegable porque para "otros" para quienes este lenguaje era ininteligible.
Sin entrar en disquisiciones sobre este fenómeno, podemos decir que la intención de Lucas es demostrar cómo en virtud del Espíritu Santo la predicación del Evangelio de Jesucristo se difundió desde Jerusalén a todos los pueblos.
En el Sermón de la Cena, según San Juan, Jesús nos habla del Espíritu Santo refiriéndose a esta Fuerza de Dios, como "el que nos enseñará todas las cosas, Juan 14 v.25. "El Espíritu de la verdad que dará testimonio de El 15v.26. Se refiere a El, como el Paráclito, es decir, el Consolador en 16, 5-7, Os cumple que me vaya, si no el Paráclito no vendrá vosotros. El convencerá al mundo cuando el pecado, cuanto a la justicia y cuanto al juicio. Y nos guiará en el camino de la verdad integral. El Espíritu glorificará a Cristo, porque recibirá de lo de El".
La liturgia por siglos interpretando el clamor de la cristiandad gime y clama diciendo: Ven Espíritu Santo y consciente de la vaciedad de vaciedades que vivimos y queremos seguir viviendo, le ruega que llene la faz de la tierra. Reple tuorum corda fidelium. Los corazones de tus fieles, y que ojalá estemos dispuestos a recibirlo,pues el país entero lo necesita.

101 años de Panamá América

 
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