¡Venezolanos ilustres!
La historia de Venezuela es rica en hombres ilustres. Empero, solo son tres de los tantos a quienes, desde niño, admiro sobremanera: Simón Bolívar, Andrés Bello y Rómulo Betancourt. He aquí un esbozo biográfico de estos ilustres ciudadanos venezolanos y el por qué de mi permanente admiración.
Simón Bolívar (1783-1830). Nace gran señor y lucha por la democracia. Heredero de una fortuna, la gasta en la revolución, y muere casi en la pobreza. El Perú le abre sus cofres para llenarlo de oro y él lo rechaza; los caudillos le ofrecen un trono y él lo desdeña. Todo en él es prodigioso y tiene el sello de lo extraordinario, lo sobrehumano, lo inmortal. Recibe de su tierra natal y le confirma la posteridad el dictado más glorioso que se ha dado a ningún ser humano. Seis naciones libres constituyen el testimonio de su grandeza y le bendicen y glorifican como su Libertador. El genio de Bolívar alumbra la conciencia americana con fulgores cada vez más vivos sobre un horizonte cada vez más dilatado y rico.
Andrés Bello (1781-1865). Formado en el enciclopedismo y la tradición clásica, aprovechó su larga estancia en Londres como delegado de la Junta Revolucionaria de Caracas para dedicarse a estudios literarios, filológicos y jurídicos. De regreso a América, se estableció en Chile (1829), donde se dedicó a organizar el sistema de enseñanza; fundó la Universidad de Chile (1842), de la que fue rector vitalicio. Una de sus obras más importante es la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos. En rigor, fue un pedagogo que amaba el orden y que ponía sus mejores esperanzas en la educación como instrumento y camino para la emancipación y el progreso político y social de las masas populares de Iberoamérica.
Rómulo Betancourt (1908-1981). A los 20 años de edad fue desterrado por participar en una sublevación contra la dictadura de Juan Vicente Gómez. En 1936 regresó a su país y fundó el partido Acción Democrática. Fue Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno tras el golpe militar y civil que derrocó a Medina Angarita en 1945. Desempeñó el cargo hasta 1948, en que dio paso a la presidencia de Rómulo Gallegos. Tuvo que exiliarse ese mismo año por el golpe de Estado de Marcos Pérez Jiménez. Regresó a la caída de éste en 1958, y tras ser elegido presidente de la República, gobernó Venezuela de 1959 hasta 1963. Hizo descender la acción gubernamental de las altas recámaras palaciegas, poniéndola a la vista y alcance del pueblo. “Venezuela, política y petróleo” (su obra fundamental), es una denuncia heroica de los sistemas y los hombres que humillaron y arruinaron a Venezuela por más de medio siglo de coloniaje extranjero y de dictadura doméstica.