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Venezuela al borde de la violencia


Después que Chávez perdió la popularidad que tuviera durante los dos primeros años de su gobierno, una oposición cada vez más decidida y menos temerosa comenzó a exigirle una profunda rectificación.
La mayoría del país comprendió la peligrosidad de un caudillo que, más allá de lo anecdótico y pintoresco, amenazaba con conducir al país a un régimen socialista y totalitario: por eso la oposición ganó la calle, se realizó un Paro Cívico que fue promovido por los empresarios con el apoyo de los trabajadores organizados y se realizaron inmensas manifestaciones de repudio, como la del 23 de enero de este año.
111 No se trata de un alarmismo infundado ni de exageraciones o acusaciones sin base. Chávez no va a salir de su cargo por la vía pacífica...
Chávez, por supuesto, no rectificó, sino que a cada paso fue radicalizando su discurso, mientras promovía y organizaba las agresiones de sus más fanáticos seguidores. Ante el clamor que hoy pide su renuncia continúa aferrado al poder, afirmando que gobernará Venezuela por muchos años, mientras se prepara para sostenerse en el gobierno por medio de la violencia.
No se trata de un alarmismo infundado ni de exageraciones o acusaciones sin base. Chávez no va a salir de su cargo por la vía pacífica, aunque todo el país le pida la renuncia, aunque se realice una inmensa huelga general, aun cuando pierda un referéndum o elecciones parciales -para ello cuenta con el fraude orquestado desde el Consejo Nacional Electoral que él controla.
Chávez no es un demócrata ni cree en la alternabilidad democrática, y se prepara activamente para el enfrentamiento que -él supone- le dará el poder absoluto: ha creado decenas de Círculos Bolivarianos que actúan como fuerzas de choque provocando enfrentamientos callejeros, tiene estrechos lazos con la guerrilla de las FARC colombianas y muchas fuentes afirman que hay grupos armados entrenando ya en el territorio nacional. Su control sobre las Fuerzas Armadas Nacionales es sin embargo débil, pues sólo los altos mandos, comprometidos de diversas maneras con su gestión, lo apoyan por ahora.
Ante este escenario puede descartarse ya, con seguridad casi absoluta, que se pueda encontrar una solución pacífica a la profunda crisis política que vivimos. Venezuela, aunque no quiera la violencia, tiene que prepararse ahora para que el conflicto sea mínimo, para que haya el menor derramamiento de sangre concebible y se respete en todo lo que se pueda la institucionalidad. Y esto significa un reto para todas las fuerzas de oposición, para el amplio conjunto de quienes deseamos una Venezuela próspera y libre, que incluye desde personalidades aisladas hasta partidos políticos, pasando por ONGs y grupos de toda naturaleza.
Afortunadamente, y esta es la nota positiva que queremos destacar, este proceso ahora avanza a buen paso. Los partidos tradicionales, Acción Democrática y Copei, se reorganizan y cobran fuerza con nuevas figuras a su cargo; la izquierda antichavista, que supera de lejos a la que sigue al caudillo, intenta unirse una vez más, en lo que se llama un "Bloque Progresista".
Y acaba de constituirse también la Alianza por la Libertad, un grupo que se opone sin ambages al izquierdismo y al populismo dominantes y propugna abiertamente una economía de mercado, el respeto a la propiedad privada, y la preservación irrestricta de todas las libertades cívicas; lo apoyan importantes figuras del país y un número creciente de ciudadanos de todos los estratos sociales.
Mientras sindicatos y empresarios organizados se unen, con la bendición de la Iglesia Católica, mientras la sociedad civil sigue en pie de lucha y los partidos se reorganizan y definen, se prepara en Venezuela la batalla final por el respeto a sus libertades. Es posible que la solución a este conflicto, que no puede ser otra que la salida de Chávez, demore todavía algún tiempo; es posible que no se pueda encontrar una salida completamente pacífica a la difícil contradicción en que nos hallamos. Pero el renacer de la conciencia y la definición de nuevas metas para el país resulta, al menos, un signo de esperanza visiblemente alentador.
*Corresponsal de la agencia de prensa AIPE.
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