Venezuela, democracia para otro día
La tesis de que los conflictos políticos deben resolverse mediante los votos, no debería admitir discusión. En el caso de Venezuela, el referendo revocatorio del domingo demostró que esa tesis sólo es válida si se compite en igualdad de condiciones.
Después de resistirse por meses a aceptar las reglas del juego establecidas en la nueva Constitución, el presidente Hugo Chávez acomodó las cartas para que no hubiera ninguna posibilidad de perder. Sólo hay que revisar el derroche de recursos estatales que, según The New York Times, superaron los $2,500 millones y que, en su mayoría, fueron empleados para improvisados programas sociales a fin de comprometer el apoyo de los sectores populares.
Ese despilfarro de fondos público, no pudo tapar los hechos de cinco años de régimen chavista. Los $120,000 millones de entradas por el petróleo, entre 1998 y el 2003, no fueron suficientes para detener la severa crisis económica. El ingreso de los venezolanos retrocedió a niveles de 1950, la pobreza extrema se duplicó, el desempleó alcanzó el 20% con dos millones de desocupados, ligado a la quiebra de la mitad de las 11,000 fábricas establecidas en 1999 y cinco millones de venezolanos que han engrosado las filas de la economía informal. Antes del referendo hubo irregulares sustituciones de funcionarios de los centros de votación dispuestos por el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Con tres de sus cinco miembros controlados por Chávez se cambió la residencia a por lo menos 500,000 votantes que no encontraron sus mesas. Al cuestionado sistema de cómputos, se sumaron las dificultades para votar en el exterior de la mayoría de los 750,000 venezolanos aptos para hacerlo y el régimen dio ciudadanía a unos 250,000 colombianos residentes en Venezuela a cambio de que respaldaran el continuismo.
La realidad es que la oposición necesitaba un triunfo demasiado contundente, como el logrado en el reciente referendo por los recursos naturales en Bolivia, que fuera reconocido por todos para que la democracia saliera fortalecida en Venezuela. El referendo se convirtió en una forma de democracia participativa, pero no representativa. Fue una mascarada tras la cual Chávez escondió su determinación de destrozar la democracia representativa para consolidar su sistema autocrático que no conoce límites. Ahora buscará perpetuarse en el poder reelegiéndose en el 2006 mediante el clientelismo puro que no asegurará ninguna prosperidad presente ni futura a los venezolanos. Chávez está lejos de ser capaz, ni aunque se lo propusiera honestamente, de recomponer el mapa político venezolano porque en el escenario actual su figura concentra los males que pretendió enterrar y que ahora busca perpetuar. Los vicios del ex teniente coronel golpista, que surgió del debilitado sistema bipartidista que gobernó el país por 40 años, con su vociferante animosidad hacia quienes lo adversan, no hace más que profundizar la fractura política en Venezuela.
Por otro lado, el referendo repercute más allá de las fronteras venezolanas. Los gobiernos de América Latina, no tienen simpatías personales por Chávez. Pero sí intereses económicos, porque les ofrece petróleo a precio internacional con facilidades de pago. Con excepción de Argentina y Brasil, además de Cuba que tiene 14,000 médicos estacionados en Venezuela, la mayoría de los países se mantienen neutrales frente a Chávez. Chile lo ve con recelos por su abierto apoyo a la demanda de Bolivia de una salida al mar. Colombia lo considera una amenaza para su seguridad interna porque la frontera venezolana se ha convertido en un santuario para la guerrilla.
Detrás de ese escenario se encuentra EU, cuya administración no contribuye en nada a apaciguar los ánimos. Pero también sobresale el negocio petrolero. La industria petrolera estadounidense demanda mayor participación en la producción controlada por el estado. Washington no quiere mayor caos, violencia e ingobernabilidad en Venezuela, porque eso haría peligrar las importaciones de petróleo sudamericano que representa el 13% de la demanda estadounidense. A pesar de las protestas de la oposición, que se niega a aceptar el resultado del referendo, el cuestionado triunfo de Chávez calmó los precios internacionales del crudo. Además, en el actual período electoral lo que menos quiere Bush es que se le acuse de que por tratar de desestabilizar a Chávez se disparen los precios del petróleo. La Casa Blanca tendrá que ensayar un acomodamiento, hasta después de las elecciones de noviembre. Mientras, Chávez tendrá mano libre para tratar de aplastar la oposición interna e impulsar su revolución continental.
Después de resistirse por meses a aceptar las reglas del juego establecidas en la nueva Constitución, el presidente Hugo Chávez acomodó las cartas para que no hubiera ninguna posibilidad de perder. Sólo hay que revisar el derroche de recursos estatales que, según The New York Times, superaron los $2,500 millones y que, en su mayoría, fueron empleados para improvisados programas sociales a fin de comprometer el apoyo de los sectores populares.
Ese despilfarro de fondos público, no pudo tapar los hechos de cinco años de régimen chavista. Los $120,000 millones de entradas por el petróleo, entre 1998 y el 2003, no fueron suficientes para detener la severa crisis económica. El ingreso de los venezolanos retrocedió a niveles de 1950, la pobreza extrema se duplicó, el desempleó alcanzó el 20% con dos millones de desocupados, ligado a la quiebra de la mitad de las 11,000 fábricas establecidas en 1999 y cinco millones de venezolanos que han engrosado las filas de la economía informal. Antes del referendo hubo irregulares sustituciones de funcionarios de los centros de votación dispuestos por el Consejo Nacional Electoral (CNE).
Con tres de sus cinco miembros controlados por Chávez se cambió la residencia a por lo menos 500,000 votantes que no encontraron sus mesas. Al cuestionado sistema de cómputos, se sumaron las dificultades para votar en el exterior de la mayoría de los 750,000 venezolanos aptos para hacerlo y el régimen dio ciudadanía a unos 250,000 colombianos residentes en Venezuela a cambio de que respaldaran el continuismo.
La realidad es que la oposición necesitaba un triunfo demasiado contundente, como el logrado en el reciente referendo por los recursos naturales en Bolivia, que fuera reconocido por todos para que la democracia saliera fortalecida en Venezuela. El referendo se convirtió en una forma de democracia participativa, pero no representativa. Fue una mascarada tras la cual Chávez escondió su determinación de destrozar la democracia representativa para consolidar su sistema autocrático que no conoce límites. Ahora buscará perpetuarse en el poder reelegiéndose en el 2006 mediante el clientelismo puro que no asegurará ninguna prosperidad presente ni futura a los venezolanos. Chávez está lejos de ser capaz, ni aunque se lo propusiera honestamente, de recomponer el mapa político venezolano porque en el escenario actual su figura concentra los males que pretendió enterrar y que ahora busca perpetuar. Los vicios del ex teniente coronel golpista, que surgió del debilitado sistema bipartidista que gobernó el país por 40 años, con su vociferante animosidad hacia quienes lo adversan, no hace más que profundizar la fractura política en Venezuela.
Por otro lado, el referendo repercute más allá de las fronteras venezolanas. Los gobiernos de América Latina, no tienen simpatías personales por Chávez. Pero sí intereses económicos, porque les ofrece petróleo a precio internacional con facilidades de pago. Con excepción de Argentina y Brasil, además de Cuba que tiene 14,000 médicos estacionados en Venezuela, la mayoría de los países se mantienen neutrales frente a Chávez. Chile lo ve con recelos por su abierto apoyo a la demanda de Bolivia de una salida al mar. Colombia lo considera una amenaza para su seguridad interna porque la frontera venezolana se ha convertido en un santuario para la guerrilla.
Detrás de ese escenario se encuentra EU, cuya administración no contribuye en nada a apaciguar los ánimos. Pero también sobresale el negocio petrolero. La industria petrolera estadounidense demanda mayor participación en la producción controlada por el estado. Washington no quiere mayor caos, violencia e ingobernabilidad en Venezuela, porque eso haría peligrar las importaciones de petróleo sudamericano que representa el 13% de la demanda estadounidense. A pesar de las protestas de la oposición, que se niega a aceptar el resultado del referendo, el cuestionado triunfo de Chávez calmó los precios internacionales del crudo. Además, en el actual período electoral lo que menos quiere Bush es que se le acuse de que por tratar de desestabilizar a Chávez se disparen los precios del petróleo. La Casa Blanca tendrá que ensayar un acomodamiento, hasta después de las elecciones de noviembre. Mientras, Chávez tendrá mano libre para tratar de aplastar la oposición interna e impulsar su revolución continental.