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Venezuela: el chavismo se fractura


Caracas (AIPE)- Con una virulencia sorprendente ha estallado, en estos días, la lucha interna dentro del Movimiento Quinta República (MVR), la heterogénea coalición de fuerzas en que se apoya el presidente Hugo Chávez de Venezuela. Todo comenzó aparentemente cuando Jesús Urdaneta, uno de los comandantes originales del golpe del 4 de febrero de 1992, fue destituido de su cargo como jefe de la DISIP, un importante cuerpo policial de inteligencia política. A los pocos días, otros dos comandantes -el gobernador del estado Zulia, Francisco Arias Cárdenas, y el dirigente del MVR, Joel Acosta Chirinos- se solidarizaron con él en una proclama que hacía reclamos indirectos a Hugo Chávez, quien dirigió la famosa asonada.
Pronto estallaron los fuegos de la disputa. Urdaneta, respaldado por los otros dos dirigentes, lanzó acusaciones de corrupción bastante claras y directas contra Luis Miquilena, el anciano que es la principal figura de origen civil del MVR y que tiene un largo pasado de militancia en la izquierda. Este contraatacó con un lenguaje destemplado, descalificando a los comandantes y acusándolos de ser parte del mismo pasado que el chavismo pretende sepultar. La confrontación cobró intensidad hasta que el mismo presidente tuvo que salir al ruedo, para tratar de apaciguar los ánimos y disminuir las pérdidas políticas de una posible división en las fuerzas que lo apoyan. Pero él no es neutral: se dice, con fundamento, que Miquilena habla de un modo tan agresivo sólo porque tiene el respaldo expreso del caudillo.
El chavismo es un movimiento heterogéneo en el que conviven -o convivían- ex militares golpistas, de orientación nacionalista, junto con grupos y figuras provenientes de la izquierda más recalcitrante y dirigentes medios de los partidos tradicionales que se pasaron a tiempo a la nueva fuerza política cuando apreciaron su capacidad de triunfo. No tiene una orientación ideológica clara y lo que une a todos estos sectores, y les da arraigo popular, es su denuncia y oposición frontal ante la corrupción en que ha vivido el país en los últimos años. Por eso, las acusaciones de los comandantes tienen un peso que nadie en su sano juicio puede desestimar: atacan a Chávez en la fuente misma de su prestigio y son potencialmente capaces de hacerle perder popularidad con rapidez. Las acusaciones son, además, no sólo verosímiles, sino muy probablemente ciertas: es obvio que Miquilena y otros jerarcas del MVR se han enriquecido rápidamente en estos meses, son evidentes los signos exteriores de riqueza que manifiesta Chávez y hay innumerables denuncias, provenientes de otras fuentes, que señalan la forma discrecional en que militares y funcionarios gastan el dinero público.
Los comandantes disidentes no poseen una verdadera maquinaria política, pero son concientes de las repercusiones que tienen sus fundadas denuncias de corrupción. Saben, además, que no será fácil callarlos. Mucha gente podría abandonar a Chávez si éste, que ha hecho hasta ahora un gobierno desastroso, apareciera también rodeado de un entorno corrupto, similar al de los partidos políticos que combatió de un modo tan brutal: su misma razón de ser desaparecería rápidamente, quedando prácticamente sin apoyo y sin respuesta ante la opinión pública.
Por ahora el comandante supremo está tratando de convencer a la gente de que las denuncias se investigarán a fondo y de que hay un plan económico serio, capaz de sacar a Venezuela de la profunda recesión en que se halla. Seguramente no podrá mostrar resultados positivos en materia económica antes de las elecciones generales programadas para mayo, pero tendrá tiempo, sin embargo, de demorar los procesos sobre corrupción para salvar la imagen del MVR.
Su situación política, en todo caso, es bastante comprometida. Puede conservar en los próximos meses el poder casi dictatorial que hoy tiene pero, amenazado ahora desde varios frentes, Chávez perderá pronto la imagen impoluta que tenía ante sus seguidores. Cada vez más ha de ser juzgado por sus hechos, no por sus palabras, y en esto el comandante se encuentra en clara situación de desventaja.
Analista político venezolano.

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