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Venezuela en la encrucijada: a partir del 28 de mayo


Al inicio del proceso de la megaelección del 28 de mayo, Venevisión entrevistó al antiguo Comandante Francisco Arias Cárdenas, figura clave entre los militares golpistas 4F, su líder exitoso en el Zulia (mientras Chávez fracasó en Caracas e hizo fracasar a todo el movimiento) y quien como Gobernador del Zulia por elección ha demostrado un talante de gobernante conciliador y eficaz. Su candidatura a la Presidencia le ha planteado a Chávez un desafío imprevisto. Acostumbrado a dividir a los venezolanos entre partidarios del pasado régimen, acusados de todos los males pasados, y partidarios de su "revolución bolivariana", presuntos portadores de todos los bienes futuros, Chávez tiene ahora que dividir a los últimos entre "traidores" y "fieles".
Además, se ve obligado a responder a cargos que en boca de un candidato del antiguo régimen los habría podido descalificar: que no ha hecho nada por resolver el desempleo; que no sólo no atrae sino que ahuyenta las inversiones; que no ha logrado contrarrestar el altísimo nivel de delincuencia; que entre sus adláteres civiles hay sospechosos de corrupción y que la quiebra de la entidad financiera Cavendes involucra a allegados al régimen y costará millones al Estado; que habla mucho (sus cadenas semanales de televisión duran hasta cuatro horas, casi como Fidel Castro), pero no resuelve nada...
Al día siguiente de la entrevista, Chávez no asistió al mismo programa al que había sido invitado. Un día después el programa fue eliminado y su animador fue trasladado a trabajar desde Miami. Los medios critican duramente a Chávez, pero sus muy agresivas respuestas se hacen sentir vía los propietarios.
La confrontación más negativa la ha mantenido con los Obispos Católicos, atacándolos y tratando de dividirlos de la masa de creyentes. Desde La Habana los acusó de cómplices de la corrupción del régimen anterior y luego al Presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Baltazar Porras, Arzobispo de Mérida, de ser "un adeco con sotana", desconociendo así la clara trayectoria de la Iglesia en sus pronunciamientos sobre los aspectos morales de la crisis venezolana. A pesar de su aparente religiosidad, persignándose, arrodillándose ante el Papa y ante un Padre Jesuita a quien condecoró, en el libro Habla el comandante de Agustín Blanco Muñoz se cita Chávez diciendo: "¿Soy cristiano? No. No conozco la teoría cristiana ni la practico".
Los Obispos le han respondido firmemente con las palabras de Jesús al guardia que lo abofeteó en la casa de Anás: "Si he faltado al hablar, muestra en que he faltado, pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?". Han criticado su uso del lenguaje bíblico para hacer creer que Dios avala su proyecto político. Y terminaron advirtiéndole que "sus juicios sobre la Iglesia..., son los más negativos emitidos por un Jefe de Estado en toda la vida republicana" de Venezuela.
Su intemperancia divisiva lo ha llevado a contraponerse a un partido aliado, "Patria Para Todos", en materia electoral. Esta actitud es un rasgo de su personalidad, reforzado por el pensamiento fascistoide de su gurú político argentino, Norberto Ceresole. En un escrito intitulado "Caudillo, Ejército, Pueblo. El Modelo Venezolano o la Posdemocracia", de enero-febrero de 1999, éste planteó en lo interno un modelo "posdemocrático" de concentración y centralización del poder, físico y personal, bajo "un caudillo nacional", secundado por un grupo de "apóstoles" y un eventual partido cívico-militar. En lo internacional planteó una alianza de "las fuerzas fragmentativas (pueblos excluidos

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