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¡A ver si se atreven a ser demócratas!


A LA PAR QUE publico este escrito, he dirigido sendas notas a los presidentes de los partidos de "la llamada oposición": Panameñista, Molirena, Cambio Democrático, Unión Patriótica y Vanguardia Moral, para solicitarles que demanden la reforma del sistema electoral y que en Panamá se establezca "la doble vuelta", al igual que existe en casi todos los países del continente americano. Otra nota, en igual sentido, la estoy enviando a los líderes de las iglesias, las organizaciones cívicas, los sindicatos y los gremios profesionales y empresariales, para que también exijan que el establecimiento de "la doble vuelta".
Al partido gobernante que, como es obvio, no tiene ningún interés en que se cambie el sistema electoral vigente y a sus dos partidos asociados, el Partido Popular, que de serlo está muy lejos, y el Partido Liberal, también les haré llegar comunicaciones sobre el mismo asunto, pero de diferente tenor, por ser "los principales infrascritos".
El sistema de mayoría relativa que se aplica en Panamá para escoger a los presidentes de la república es antidemocrático, por sus resultados y contrario a la Constitución. En las elecciones de 1994, pudimos comprobar que puede darse el caso, como se dio, que un candidato resultó electo con tan solo el 32% de los votos válidos. Y cada vez que concurran cuatro candidatos, será posible que alguien gane las elecciones con menos del 30% de los votos. Y si fueran cinco o seis, podríamos llegar a extremos tan absurdos como que alguien resulte electo con poco más del 20% de votos.
La base del problema está en la interpretación, contraria al sentido democrático que debe tener toda elección popular, que contraviene la intención lógica del Artículo 177 de la Constitución, al entender que esa norma autoriza la elección del presidenta o presidenta por mayoría simple o relativa. El resultado de toda elección popular debe ser legítimo pero, además, y eso es todavía más importante, representativo. Y no puede ser representativo de la voluntad popular que un presidente sea elegido por una cuarta parte, o menos, de los electores facultados para votar.
Si, como fue el caso en las elecciones de 1994, de las personas habilitadas para votar acudió a las urnas el 65% y el candidato vencedor resultó elegido por sólo el 32% de los votos válidos, en resumidas cuentas, ese candidato sólo tuvo el respaldo de poco más del 20% del electorado. ¿Debe considerarse democrático ese resultado? Por supuesto que no; porque no lo es. Fue "legal", pero no democrático, por no ser representativo.
La perversión del sistema electoral, ha traído, además, otra consecuencia altamente perniciosa: Las famosas "alianzas electorales", integradas por dos o más partidos, con el claro objetivo de reducir a dos las opciones electorales con posibilidades de triunfo. Por esos pactos, a todas luces antidemocráticos, que son moneda corriente en nuestras elecciones, "se han ahogado" las posibilidades de que surjan otras alternativas electorales. Para demostrar lo anterior, sólo baste recordar la suerte que han corrido las “"terceras y cuartas fuerzas". Todas, excepción hecha de la candidatura de Guillermo Endara, en las pasadas elecciones, han estado sentenciadas al fracaso, aún antes de iniciar sus campañas.
En el panorama actual, y como consecuencia de la reciente movida del partido gobernante de aumentar su membresía, los partidos de "la llamada oposición", han reaccionado reclamando la urgente “unión de la oposición”, como la única manera de poder derrotar al PRD en las elecciones del 2009. Esa reacción, aparte de demostrar que "los asustó" la fanfarronada política del partido gobernante, también pone de manifiesto que esos partidos siguen encajonados en el esquema tradicional de las alianzas y los acomodos preelectorales como la única estrategia posible, para aumentar "sus chances de ganar" en el 2009. Pero, además, evidencia que "los líderes de la llamada oposición", en lugar de confiar en el pueblo y respetar "su derecho a elegir", prefieren seguir transitando por caminos antidemocráticos.
La manera de crear los espacios democráticos para que los resultados de las próximas elecciones sean representativos de la voluntad de la mayoría de los panameños no es mediante la repetición de las viejas prácticas caciquistas que han pervertido nuestro sistema electoral. La manera de romper el círculo perverso de los acomodos y reacomodos preelectorales, cuyo único fin es la conquista o la retención del poder, es mediante la apertura del sistema, levantando todas las trabas que lo distorsionan y privan el pueblo elector de su legítimo derecho de decidir a quién le da el mandato de gobernar el país.
La fórmula para que en Panamá exista un sistema electoral verdaderamente democrático es sencilla: Establecer el sistema de doble vuelta para las elecciones presidenciales. Con la doble vuelta, desaparece "la necesidad" de las alianzas y también se impide que algún candidato resulte electo con porcentajes irrisorios de respaldo popular.
Con el sistema de doble vuelta, cada partido puede concurrir, si así lo desean sus miembros, con candidato propio y, por tanto, aunque pudieran darse, las alianzas dejan de ser "necesarias". Con ese sistema, queda en manos del pueblo decidir si elige al presidente en la primera vuelta o cuáles son los dos los candidatos para la segunda vuelta. En ambos casos, la decisión final queda en manos del pueblo elector.
Para implantar la doble vuelta, se requiere, en primer lugar, que los partidos de "la llamada oposición" entiendan que ellos deben ser los más interesados en cambiar el sistema actual. Y, en segundo lugar, obligar al partido gobernante a aceptar que se cambien "las reglas del juego". Si los partidos de la llamada oposición y las organizaciones cívicas, las iglesias, los sindicatos, los gremios profesionales y empresariales se comprometen en ese esfuerzo, es posible y se puede lograr.
La esencia del esfuerzo está en que todos nos atrevamos a ser verdaderos demócratas y confiar en el pueblo. ¿Se atreverán? ¿Nos atreveremos?
Dentro de los programas viales igualmente se tiene proyectado instalar un sistema automático de semáforos, para reducir los tranques vehiculares.
El pasado viernes, se efectuó la licitación para el proyecto de Cinta Costera frente a la avenida Balboa. Dos empresas participaron y dentro de 30 días se debe conocer cuál se adjudicó la obra.
La Cinta Costera incluye una vía a cuatro carriles de flujo continuo, para circular a una velocidad de hasta 60 kilómetros por hora.
  • A un costo de B/.60 millones el Ministerio de Obras Públicas (MOP) construirá en los próximos años, 9 pasos vehiculares en la ciudad.

  • Uno de ellos estaría sobre la Avenida Ricardo J. Alfaro (Tumba Muerto), en el cruce que lleva Cerro Patacón. Esta obra afectará viviendas y comercios.

  • En San Isidro se tiene estipulado construir 2 herraduras invertidas.

  • Asimismo se proyecta la instalación de puentes tipo Mabey, en las Acacias, Los Pueblos y la Avenida Domingo Díaz.

101 años de Panamá América

 
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