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Vergüenza nacional


Ciertas autoridades panameñas no parecen entender que existen criterios universales de responsabilidad y que, en el caso de la tragedia de la aeronave SAN 100, esto va mucho más allá: se trata del mancillado honor nacional a causa de una decisión no sólo estúpida, sino irresponsable.

No entienden que independientemente de esperar el resultado de una investigación, no importa si fue una falla mecánica, si fue la pieza "Trunnion ASY" solicitada, si fue el fallo del motor como corroboró el propio piloto minutos antes de fallecer, si el helicóptero entró en la "curvatura de la muerte", que si la pericia del experimentado piloto -nunca pudo ser la falta de ella-, o que si el piloto no se comunicó para pedir ayuda -quién puede tener tiempo para manipular una radio en semejante desesperación por salvar la grave situación ¡Dios Santo!-, es incluyan todas aquellas cosas que el propio comunicado oficial tilda de "especulaciones", es importante considerar quién -o quienes- con mando y jurisdicción, autorizó, consintió o no hizo nada por evitar que un importante componente de las fuerzas armadas de Chile, incluyendo al Jefe de Carabineros General José Bernales y otros importantes oficiales de nuestra fuerza policial, abordaran en masa un helicóptero de casi 40 años de uso (1973), utilizado en la Guerra de Vietnam -lo cual significa que cuando Panamá lo obtuvo ya era viejo-, aeronave a la cual apodaban "El Viejo". De hecho, la distancia entre la ciudad de Colón y Panamá no es tanta, como para no haberlos transportado por tierra con eficiencia, seguridad y rapidez.

Sólo pensar que ése no es la principal y suficiente razón de responsabilidad a evaluar, independientemente de los detalles mecánicos, es profundamente insano. Todo fue ni más ni menos una espantosa negligencia con mortales consecuencias. Espero que la investigación llegue y que, caiga quien caiga, se busque las responsabilidades en donde las hay.

Luto y dolor se vive en muchas familias en los dos países hermanos. Aquí en Panamá se acostumbra a tapar el sol con un dedo y no llamarle negligencia a lo que obviamente lo es. Vergüenza nacional sentimos la mayoría de los panameños por tan irreparables pérdidas. Panamá le debe una explicación a Chile y al mundo.

Tenemos que estar claros que en cualquier lugar de esta aldea global, los servidores públicos son responsables por lo que hacen y por lo que dejan de hacer.

Chile y Panamá entero, dos países hermanos, están de luto. Dios bendiga y consuele a chilenos y panameños.

101 años de Panamá América

 
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