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Vestirse de Patria un 10 de Noviembre


Un anuncio urgente decía que necesitamos gente que haga historia, espíritus fuertes alejados de la mediocridad y más ciudadanos que digan "intentaré hacer algo"; que afirmen con menos intensidad que las cosas sean imposibles de hacer. En resumen personas que alimenten la esperanza por un mundo mejor.
Eso es precisamente lo que hicieron los pobladores de La Villa de Los Santos el 10 de noviembre de 1821, cuando reunidos en la plaza mayor del pueblo - hoy parque Simón Bolívar- emitieron el primer grito de independencia de esta patria istmeña, que trascendió nuestras fronteras y de allí que el propio libertador la llamara la "Heroica Ciudad". No fueron los "blanquitos intramuros" los que lo hicieron. Fue gente sencilla de un pueblo en el ombligo del territorio que se atrevió a desafiar al imperio Español, y es que La Villa de Los Santos es dueña de uno de los patrimonios históricos y culturales más importantes del país.
A pesar de que en 1914 el presidente Porras trasladó la capital a Las Tablas, los 435 años que tiene hoy el distrito, han servido de múltiples reflexiones políticas, históricas y sociales sobre esta comunidad de personas muy apegadas a su tierra y costumbres.
El grito de independencia, es un grito de amor por la libertad y la esperanza de un futuro mejor. Es un grito de amor que va más allá de la razón y el tiempo. Si esas almas magnánimas, las trasladamos a esta sociedad interesada en que vivimos, también darían un grito por un Panamá Mejor.
He querido reflexionar sobre esta fecha la cual no es sólo apoteosis, ni un gran desfile presidido de nuestras autoridades. Somos testigos de un pasado con sus consecuencias, somos los benefactores de la ley de causa y efecto en la historia de este país que trata de recuperarse de la globalización y de la corrupción de nuestros dirigentes, que no saben el honor de ser los conductores de este pueblo republicano, joven con sólo 101 años de vida "independiente".
Cuando revisaba el libro "Remembranzas de La Villa de Los Santos", escrito por la recién fallecida maestra Cecilia Moreno de Arosemena, me impresionaba cómo ella hacía historia de aquellas pequeñas cosas que tienen un valor infinito en la ciudad donde yo me crié. La humildad de su obra es un sello de sabiduría estupendo, pues hay tantos detalles como el hecho de que nuestros antepasados celebraban el grito el 13 de noviembre y no el 10, hasta que el historiador Ernesto J. Nicolay encontró los archivos de Bogotá donde se confirmaba esta fecha histórica.
A pesar de que en 1997, el gobierno de Pérez Balladares estableció un decreto de los "días puente", en 1999 se consiguió derogar esta disposición. La leyenda santeña se supo imponer, pues hay cosas que no pueden medirse sólo desde el punto de vista material. La Villa continúa siendo un pueblo folklórico, no falta el día que no se escuche un volador. Tiene una imagen especial, a pesar de que la han mantenido por muchos años en el olvido, pues los gobernantes acudían al lugar para estar sólo en el palco de honor.
Pero hoy, la celebración del 10 de Noviembre reclama no sólo su valor histórico sino también la construcción de un alcantarillado y un nuevo hospital que reemplace la vieja y deteriorada instalación del Anita Moreno, el cual ha sido el centro hospitalario cenicienta por años. Desde mi arribo a esta institución en 1989, hemos vivido y subsistido gracias a la voluntad divina, sin razón de las autoridades de salud, gracias a la voluntad fervorosa del Padre Mingo y a la de un grupo de santeños que no ha recibido el merecido apoyo de santeños dentro y fuera de esta tierra.
Los santeños merecen un hospital adecuado. A pesar de que existen dos centros médicos, uno en Chitré y otro en Las Tablas, éstos no resuelven los casos graves que terminan siendo atendidos en el hospital Anita Moreno.
Las luces de la nueva época tienen que llegar a esta comunidad azuerense. La salud es un derecho de todo ser humano. Ya basta de falsas promesas. Es tiempo que los políticos piensen mejor su gestión y asuman de una forma más científica su mandato. Hay que salir del cretinismo mental y mirar al cielo. Pues este no es un grito que se da debajo de un tamarindo, sino en el corazón de todos los azuerenses. Personas que, como dirá el Prof. Milciades Pinzón, tienen espíritu de nobleza y tienen derecho a disfrutar de la miel del progreso.
En este 10 de noviembre, deberíamos vestirnos de patria y así gritarles que ¡somos gente de bien con corazón ardiente, que queremos un mundo mejor!

101 años de Panamá América

 
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