Viejas tretas, nuevos errores
El espectáculo de distracción es utilizado a menudo por los políticos que quieren dar un paso, pero crean el llamado “cazabobos” para que la sociedad mire hacia otro lado cuando ellos están ejecutando sus tretas. Parece que eso ha sucedido recientemente en el Ministerio Público. El Procurador Encargado se ausentó por cinco días y puso en práctica la novedad de dejar en el cargo a su asesor, en lugar de algún funcionario de jerarquía de la entidad. Pocos entendieron la medida, y menos cuando el asesor quitó y puso fiscales, con una autoridad de emperador centenario. Parecía muy corto el periodo para medidas tan trascendentales. Las remociones estaban decididas antes que el encargado viajara en misión oficial, según se ha sabido. Así que el asesor no estaba realizando nada por su cuenta, sino cumpliendo con una medida planteada de antemano. De ser así no se comprende la maniobra. ¿Qué le impedía al Procurador Encargado realizar los movimientos por si mismo? ¿Por qué dejarlos en manos de su asesor, acto de inevitable notoriedad, y generador de sospecha colectiva? Fuentes confiables aseguran que el nuevo Fiscal Auxiliar, otrora director de proyectos de la PGN, se había venido desempeñado en la práctica como censor hostil, tanto de su antecesor como de otros fiscales que ahora miran con incertidumbre el manejo del Procurador Encargado. Pese al publicitado despliegue de autoridad, sólida y consistente, el papel del asesor parece haber sembrado más dudas que seguridad.