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Viernes negro, continúan las frustraciones


Cada año que pasa, me cuesta más encontrar alguna razón válida que justifique el sacrificio que tantos ciudadanos hicimos para quitarnos de encima la nefasta dictadura militar-civiloide que nos sojuzgó por 21 años. Dos tiros de perdigones acabaron en mi anatomía gracias a la insensatez de los gobernantes.

Aquellos días en que lo malo era ejemplar parecen no haberse ido y los valores cívicos, políticos y morales continúan trastocados a tal punto que nuestra juventud no tuvo reparo en llevar al sóleo presidencial al bisoño representante de la demagogia politiquera, Martin Torrijos, escudado detrás de un escaparate de luces y colores, el Team M.

El joven ciudadano no conoce la historia ni parece interesarle; casi ninguno recuerda ni vivió lo sucedido un 10 de julio de 1987, cuando las hordas de la represión se ensañaron con el pueblo panameño que se manifestaba blanca e indefensamente en contra de la dictadura, mientras las principales autoridades de entonces se vanagloriaban de su poder y lanzaban expresiones como que "aquí no entra ningún civilista". Hoy tienen el descaro de aspirar a dirigir nuestro país con sus manos manchadas de sangre.

Lo grave es que por la culpa de nuestra propia inacción y la torpeza política de nuestros gobiernos democráticos, se permitió el renacimiento del PRD, su reciclamiento y camaleónico cambio de imagen, hasta llegar a disfrazarse como partido poderoso, democrático y para la juventud, cuando en realidad ha continuado demostrando su proclividad hacia prácticas propias de sus amos militares, quienes hicieron del paternalismo populista, el despilfarro, la corrupción en todas sus manifestaciones, el nepotismo, la burla a la voluntad popular y la demagogia, su conducta normal.

Me preocupa que, aproximadamente, el 60% de los miembros de mi partido son jóvenes de menos de 30 años, que no tienen idea del costo que tuvo que pagar una generación de sus mayores para que ellos tuvieran la posibilidad de integrarse en un fuerza política tan perseguida como el panameñismo. Es urgente que nuestras autoridades partidarias pongan empeño en su información y capacitación en los principios de la doctrina panameñista y la lucha por la democracia, que aunque imperfecta, es lo que tenemos hoy.

A 21 años de los sucesos del 10 de julio de 1987 y luego de cuatro gobiernos en "democracia", podemos constatar los resultados de la absurda "concertación" política entre las fuerzas democráticas que lucharon contra la dictadura y el brazo político de los militares, el PRD, que fue su principal verdugo. El repago que hoy recibimos, es el despertar del militarismo impulsado por Martin Torrijos, Daniel Delgado Diamante, conocidos norieguistas civiles y ex militares enquistados en el engranaje gubernamental, en contubernio con quienes impulsan el combate al terrorismo y el tráfico de drogas, a través del llamado Plan Mérida.

Los políticos de oposición no parecemos haber aprendido la lección y hoy enfrentamos la posibilidad de que el PRD renueve su mandato por un quinquenio mas, gracias al absurdo y corrupto sistema electoral que ayudamos a construir, sin sospechar (­?) que se constituiría en una trampa mortal muy bien urdida por mentes con claras tendencias hegemónicas y dictatoriales.

En mi opinión, dada la grave crisis social e institucional que afrontamos, lo único que podría salvarnos es abrazar un proyecto renovador como la Constituyente originaria, previa derrota del PRD y sus partidos satélites en las elecciones de mayo de 2009. Esto requerirá del sacrificio y la renunciación de nuestra clase política. ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

Mientras, mi frustración, como la de muchos ciudadanos que luchamos por mejores días y porque la política fuera la herramienta para alcanzar el bien común, seguirá ahondándose.

101 años de Panamá América

 
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