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Vigencia del 7 de Septiembre


Este 7 de septiembre se cumplió un aniversario más de la conquista, por parte del pueblo panameño, del reconocimiento estadounidense del derecho panameño a usufructuar su patrimonio nacional canalero, y del derecho superior a tener un Estado perfeccionado sin enclave colonial.
¿Qué es lo que debemos con sentido trascendente celebrar? ¿El hecho en sí de la firma o el resultado conocido de la reversión territorial y patrimonial? Tal como es la costumbre de los tiempos efectistas que vivimos, anticipo que las personas han de señalar a los resultados finales -en la forma de la reversión anhelada- como el evento a conmemorar.
Afirmo que lo que hay que conmemorar en la firma trasciende a la reversión misma, y se constituye en un instrumento con vigencia para regir una política de desarrollo nacional equitativa, armónica y soberana.
Paso a explicarme: El viajero que se planta ante las pirámides de Egipto no puede menos que admirar la obra, su portento, su aire desafiante de los tiempos; pero pocos se detienen a reflexionar sobre el método de planificación y ejecución, el proceso de diseño que llevó a cristalizar semejante edificación. Al ser capaz de concebirla, diseñar y proyectarla, la cultura egipcia ya había triunfado y tan solamente era necesaria la edificación para comprobar que se podía.
Más cerca en nuestros tiempos, la Torre de Eiffel, levantada para la Exposición Universal de París; era un testimonio de lo que ya la ciencia y técnica francesa podía hacer en las postrimerías del siglo XIX; no era un objeto en sí. En la potencialidad y el empeño estaba el triunfo.
¿Y qué es lo que triunfó tras la firma de los Tratados Torrijos-Carter? Triunfó un método, una dirección de conducción de los asuntos externos del Estado panameño, que todavía tiene vigencia.
Por años el pueblo panameño y sus vanguardias estudiantiles, sindicales e intelectuales se preguntaban por qué no podían sacar los reclamos nacionales sobre el Canal y la Zona, del estrecho marco de las relaciones bilaterales -de queja y remiendo-; y pasábamos de una vez por todas a denunciar y arrinconar a Estados Unidos en un marco internacional más amplio. Los gobiernos de turno hacían caso omiso y se entregaban en una eterna ceremonia formal de queja y sumisión.
La conducción torrijista del Estado rompió con ese esquema e hizo de la intuición popular una directriz de triunfo: Se puso fin al bilateralismo, se dio paso al multilateralismo y proa hacia una política de adhesiones internacionales basadas en el toma y daca de solidaridades. El 7 de septiembre reveló la validez de la tesis internacionalista.
Hoy, y como resultado de las secuelas políticas de la Invasión, el Estado panameño y los diversos gobiernos que lo han encarnado, ha renunciado a los anchos espacios de la solidaridad y ha encaminado -cual res obediente camino al sacrificio- toda su política en el marco de estrechas y poco visionarias políticas de relación bilateral -sociedad de tiburón y sardina-. Prueba de ello son los diversos convenios con apellidos Hinton y Becker que hemos suscrito con Estados Unidos, los cuales recortan las alas de nuestra soberanía.
EU han redimensionado el bilateralismo para imponer su dogal político y comercial, ya que la pretendida agenda del ALCA ha demostrado ser un marco de maniobra difícil para encerrar a gobiernos prestos a defender su intereses, como los del Cono Sur. Por ello, lanza su iniciativa bilateral como medio de aislar y batir por separado a los países de América Latina.
Por lo anterior, recordemos que el 7 de septiembre es, sobre todo, el triunfo de una política, de un método con dignidad, que es el del internacionalismo multilateral. No lo olvidemos en las negociaciones futuras.
(*) Miembro del Consejo Mundial de la Paz.

101 años de Panamá América

 
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