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Violencia


La violencia en todas sus formas de expresión, representa tal vez el peor obstáculo en la superación del hombre, por eso la humanidad a través del tiempo ha tratado, sin muchos resultados, de buscar alternativas que permitan el desarrollo de los pueblos.
Sin embargo con los adelantos tecnológicos y comerciales, la misma se ha incrementado a tal grado que ofrece servicio, hasta por correspondencia, a quienes lo soliciten: además de sus respectivas dosis de urbanidad.
Pero en esta ocasión quiero referirme a un tipo de violencia, quizás hasta mayor en los casos descritos anteriormente; me refiero a aquellos que huyen de la guerra.
No hay cosa peor que la guerra llámese ideológica, terrorista o urbana; ya que los principales afectados por estos movimientos son aquellos que están en medio de los bandos en confrontación.
La migración hacia la capital de un grupo de ciudadanos procedentes de La Miel y la Isla de Armila, quienes escapaban de la inseguridad y zozobra por temor a incursiones del Ejercito, grupos paramilitares y la guerrilla en la zona sur de Colombia, nos pone un ejemplo de la desesperanza humana, que ante el acecho de la violencia recorre días enteros para buscar un poco de paz.
Me imagino que cuando mis paisanos adoptan la decisión de viajar por días y atravesar montañas, selvas y demás, para llegar a lugares más seguros es porque el miedo es grande.
La violencia en la hermana República de Colombia, ha recrudecido en las últimas semanas con el secuestro más de un centenar de civiles, siendo nuestras fronteras elemento indispensable en la táctica de guerrilleros y paramilitares; pero en detrimento de los panameños que habitan estas áreas.
Somos del convencimiento que las migraciones de nuestros conciudadanos merecen un análisis especial, por lo delicado del asunto, ya que se insinúa nuevos movimientos migratorios en la frontera colombo-panameña, pero también queremos expresar nuestra disconformidad por la apatía del Gobierno hacia este problema.
Nuestra posición, en torno al problema de inseguridad en la frontera con Colombia, no se justifica en cuanto a una posición política; más bien se orienta hacia una situación real y comprobada que exige una rápida acción de nuestras autoridades.
Creemos que los gobiernos de Panamá y Colombia, deberían sostener lo más pronto posible alguna reunión de intercambio bilateral de información y actualización sobre asuntos de seguridad, para poder enfrentar mejor los problemas surgidos en la Comarca Kuna Yala y Darién.

101 años de Panamá América

 
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