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Violencia contra las mujeres


La violencia que viven muchas mujeres, sin distinción de raza, clase social, religión, edad o cualquier otra condición, es una situación generalizada y Panamá, lamentablemente no escapa a esta realidad.

En este orden de ideas, hay que reconocer la existencia de mujeres en mayores condiciones de vulnerabilidad que otras. La pobreza, unida a la ausencia de redes de apoyo familiar adecuadas, la falta de oportunidades laborales, las guerras, los conflictos internos que obligan al desplazamiento forzado interno o transfronterizo, la ausente o limitada instrucción académica son elementos, que entre otros, forman parte de un caldo de cultivo idóneo para violaciones de derechos. Frente a tales circunstancias, las redes de tratantes, por mencionar un solo ejemplo, no desaprovechan la oportunidad de abastecerse de mujeres… esto, sin analizar el fenómeno de la revictimización del que pueden ser objeto las mismas, cuando sus casos pasan a ser procesados por el Estado.

No significa entonces, que las mujeres preparadas académicamente y con autonomía económica, podamos “salvarnos” de la violencia que históricamente se ha ejercido contra nosotras, pues al hablar de “violencia contra las mujeres”, debemos incluir en este marco toda distinción, exclusión o restricción basada en el sexo femenino que menoscabe el ejercicio de nuestros derechos, en cualquier ámbito, ya sea este político, social, cultural, económico o civil y, claro, podemos ser (y somos) víctimas de violencia de género y doméstica. Si contamos con conocimientos y herramientas que nos ayudan a enfrentar a los/as ofensores/as, hay que agregar un escenario institucional que violenta a las mujeres, pues el mismo, en muchos aspectos, está aun imbuido de una óptica patriarcal y androcéntrica.

Que sean más mujeres víctimas de violencia de género que hombres, responde a un proceso de construcción histórico socio-cultural, que supone de nosotras y de los hombres estereotipos comportamentales que propician escenarios de subordinación y control, de misoginia (odio hacia las mujeres). Basta revisar las cifras que dan fe de muchas panameñas que han muerto asesinadas por conocidos y extraños. Al asesinato de mujeres por su condición de tales se le llama Femicidio. En Ciudad Juárez, por ejemplo, las cifras de mujeres asesinadas son aterradoras, ya conocer la forma en que mueren las mismas supone de la sociedad en general y principalmente, de los familiares de las víctimas importantes niveles de resistencia.

Panamá, ha adoptado la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Convención de Belém Do Para) Este instrumento, entre otros, ha sido motor de diversas acciones ejecutadas por el Estado para abordar el tema de la violencia contra las mujeres.

La erradicación de la violencia contra nosotras, debe ser un compromiso de los diversos actores que integran la colectividad. Sí, debemos luchar por mejores días para las mujeres, pues sólo será el reconocimiento y el respeto irrestricto de todos los derechos de las mujeres las condiciones indispensables para su desarrollo individual y para la creación de una sociedad más justa, solidaria y pacífica.

101 años de Panamá América

 
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