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Violencia en el hogar


En muchos hogares se desatan violencias peores que los peligros de las calles, pues se trata de agresiones dentro del círculo familiar que debería ser el nicho más seguro de la sociedad. Las bajas de esta represión domestica son las personas más vulnerables, las mujeres, y los niños y niñas, que engrosan la mayoría de las listas de abusos y agresiones de todo tipo. La violencia los golpea y deja en ellos y ellas sólo heridas corporales sino profundas lesiones en la personalidad y el espíritu de los agredidos.

¿Por qué en la mayoría de los casos son los hombres los agresores? "Los hombres aprenden a aceptar y a ejercer el poder de esta manera, porque les otorga privilegios y ventajas que ni niños ni mujeres disfrutan en general. La fuente de tal poder es la sociedad que nos rodea, pero aprendemos a ejercerlo como propio... pero el poder colectivo de los hombres no sólo radica en instituciones y estructuras abstractas sino también en las formas de interiorizar, individualizar, encarnar y reproducir estas instituciones, estructuras y conceptualizaciones de poder masculino" (M.Kaufman).

Muchas veces lo masculino se afirma en su rol de proveedor único económico de la familia; el monopolio del conocimiento y acceso a la información; y el control tradicional sobre la capacidad reproductora de la mujer (embarazo, número de hijos). Ahora bien, estas bases del poder están en crisis, pues cada vez más las mujeres trabajan, estudian y controlan y deciden sobre su cuerpo.

Esto genera varias reacciones, siendo la peor de ellas la violencia contra la mujer, porque intenta mantener el control a través de la fuerza, no saben manejar la creciente autonomía y poder de las mujeres. Prueba de lo anterior, es el hecho que hace 25 años las mujeres eran sólo un cuarto de la matrícula universitaria y hoy son la mayoría de las egresadas de secundaria y la mayoría del alumnado universitario.

Hace 35 años las tasas de analfabetismo en las mujeres campesinas eran superiores entre ellas, pero hoy esas tasas empiezan a ser desfavorables a los hombres. En las áreas rurales más mujeres terminan la primaria y el abandono de la escuela es mayor entre hombres en función de la sobrevivencia económica familiar.

La participación de la mujer en el campo laboral es evidente, y definitivamente es creciente el número de mujeres que asumen mayor decisión sobre su sexualidad. No obstante, se mantiene la discriminación en las condiciones laborales de las mujeres.

Todos esto exige que los hombres asumamos una nueva masculinidad, que nos eleve como seres humanos y nos permita dialogar con nuestro par, que son las mujeres. Es decir, esta tarea no es sólo de las mujeres, sino también de los hombres, ya que no se va a producir un cambio real en equidad hasta que todos y todas participemos en el proceso.

Y ni hablar del abuso y violencia contra la niñez, cuya vulnerabilidad es total en especial mientras mas pequeños son.

¿Qué significa ser hombre en este nuevo milenio? Es una desafiante pregunta que exige grandes respuestas, o quizás otras preguntas como: ¿Qué tenemos que cambiar? ¿Cómo generar nuevos diálogos entre hombres y mujeres? ¿Cómo recuperar la ternura y el respeto a la infancia? Es a través del reconocimiento de los derechos inalienables de las mujeres y la niñez que se construye la verdadera hombría, aportando asì a la emancipación de la condición humana.

raulleisr@hotmail.com

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