Violencia en Jerusalén
La imagen del niño palestino acribillado en medio de las súplicas de su padre dio la vuelta al mundo, dramatizando las tensiones entre Israel y Palestina que no encuentran una adecuada salida a las negociaciones de paz al borde de la paralización, a pesar de la mediación persistente de Estados Unidos. La Secretaria de Estado Madeleine Albright salió corriendo en virtual persecución de Yasser Arafat, quien abandonaba a gritos la embajada norteamericana en París, irritado al parecer por la postura del Primer Ministro de Israel Ehud Barak de negarse al retiro de las fuerzas judías en Gaza y Cisjordania. Arafat regresó a la mesa de negociaciones, mientras los palestinos extremistas se agitaban en un recrudecimiento abrupto de la Intifada, como respuesta a la represalia militar israelita.
En apariencia el estallido de disturbios se debió a la presencia en los territorios ocupados del general(r) Ariel Sharon, cabeza del partido de oposición derechista Likud. Sharon representa a ojos de los palestinos al sector de israelitas que se niega a retirarse de los territorios ocupados, rechaza el derecho a la creación del Estado de Palestina y simboliza la intransigencia israelita militarista antiárabe. Pero en el fondo la violencia obedece a razones estructurales, vale decir a la percepción de que Israel persiste en mantener un statu quo de inequidad que envenena la convivencia con los palestinos.
En términos bíblicos, para algunos se repite la contienda de David y Goliat presentando a los palestinos como los miembros débiles de una comunidad humana indefensa cuyos jóvenes lanzan piedras al adversario, mientras que el ejército israelí responde con ametralladoras y helicópteros que disparan cohetes contra edificios de apartamentos. Probablemente esto sea una realidad virtual que no muestra las maquinaciones de los grupos de extremistas palestinos y las complejidades de los puntos de vista religiosos sobre los lugares santos y Jerusalén. Pero lo que ve la opinión pública internacional no abona favorablemente a la causa israelita ya que en vez de diálogo hay enfrentamientos bélicos de piedras palestinas contra metralletas judías y que la convivencia se arrastra penosamente propulsada por intermediarios oficiosos como Estados Unidos, que ha invertido mucho tiempo y mucha paciencia sin obtener resultados satisfactorios para las partes. "Se trata de una situación tremendamente volátil" comentó Madeleine Albright, después del fracaso del entendimiento palestino- israelita. Mientras tanto se prepara una cumbre árabe para analizar el deterioro de la situación del Medio Oriente en un clima de resentimiento que en nada favorece a la causa de la paz.
En apariencia el estallido de disturbios se debió a la presencia en los territorios ocupados del general(r) Ariel Sharon, cabeza del partido de oposición derechista Likud. Sharon representa a ojos de los palestinos al sector de israelitas que se niega a retirarse de los territorios ocupados, rechaza el derecho a la creación del Estado de Palestina y simboliza la intransigencia israelita militarista antiárabe. Pero en el fondo la violencia obedece a razones estructurales, vale decir a la percepción de que Israel persiste en mantener un statu quo de inequidad que envenena la convivencia con los palestinos.
En términos bíblicos, para algunos se repite la contienda de David y Goliat presentando a los palestinos como los miembros débiles de una comunidad humana indefensa cuyos jóvenes lanzan piedras al adversario, mientras que el ejército israelí responde con ametralladoras y helicópteros que disparan cohetes contra edificios de apartamentos. Probablemente esto sea una realidad virtual que no muestra las maquinaciones de los grupos de extremistas palestinos y las complejidades de los puntos de vista religiosos sobre los lugares santos y Jerusalén. Pero lo que ve la opinión pública internacional no abona favorablemente a la causa israelita ya que en vez de diálogo hay enfrentamientos bélicos de piedras palestinas contra metralletas judías y que la convivencia se arrastra penosamente propulsada por intermediarios oficiosos como Estados Unidos, que ha invertido mucho tiempo y mucha paciencia sin obtener resultados satisfactorios para las partes. "Se trata de una situación tremendamente volátil" comentó Madeleine Albright, después del fracaso del entendimiento palestino- israelita. Mientras tanto se prepara una cumbre árabe para analizar el deterioro de la situación del Medio Oriente en un clima de resentimiento que en nada favorece a la causa de la paz.