Violencia social
A PARTIR DE los 80, fundamentalmente la violencia social se ha incrementado, sobre todo en las grandes ciudades de América Latina, lo cual coincide con la profundización de la crisis económica de la denominada década perdida.
El problema de la violencia es tan complejo como los múltiples factores que la originan; sin embargo, la solución no radica en medidas represivas; es un problema estructural, cuya principal causa es de índole económica; frente al legítimo poder represivo y ocasionalmente abusivo del Estado, la violencia parece constituirse en una vía, ilegítima pero real, para compensar desigualdades que el Sistema traduce.
Galtung, concluyó: "la violencia es un acto que tiene como consecuencia la no realización de la satisfacción de las necesidades efectivas, somáticas y mentales del individuo por causa de otro". Es decir, que la violencia surge cuando los logros personales quedan muy por debajo de la capacidad de las personas para realizarse. Y el otro, que impide la realización plena de las personas es el Sistema; llámese capital financiero internacional y sus cómplices, o en términos llanos, los que deciden el destino de los recursos del Estado, los que "recomiendan" y recortan los gastos sociales, porque son "improductivos", o porque distorsionan o atentan contra el libre mercado; los mismos que exigen y confieren prioridad a la deuda.
En el Sermón del Monte, Jesús dijo: "Padre nuestro"; no Padre mío, evidencia de que pensó en todos y no únicamente en él. Y agregó, "el pan nuestro", no mi pan; indicativo de que el pan debería ser para todos, independientemente de que unos cuantos se arroguen ese "derecho", como si fuera privativo de minorías. También dijo: "perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"; desafortunadamente alguna institución o poder supra-institucional cambió el texto por: "perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden..", como si la deuda no fuera una ofensa; es más, se trata de la peor ofensa, porque atenta contra la humanidad entera, y contra la razón, fundamento básico de nuestra condición de seres dotados de entendimiento. Porque la deuda es un mecanismo diabólico, a través del cual, los pocos, que concentran excesos, acaban con millones de seres humanos que hoy día mueren de hambre en todo el planeta.
Aunque si revisamos a fondo, seguramente reconoceríamos que los verdaderos deudores son ellos, porque los mecanismos de explotación con que nos han saqueado, refleja que las únicas víctimas de esa trampa diabólica somos nosotros; sin embargo, no dudo que los perdonaríamos, porque el perdón es una virtud cristiana. No obstante, deberíamos saber que si, en un acto de conversión, se les ocurriese perdonarnos la astronómica deuda, y dejáramos las reglas intactas, sería cuestión de tiempo para quedar igual o en peores condiciones; porque el esquema es altamente eficiente para drenar nuestras riquezas mientras nos hacen creer que promueven el desarrollo de nuestros pueblos y combaten la pobreza. El Sistema es violento; las consecuencias no pueden ser menos violentas.
Para entender el fenómeno debemos investigar las causas que subyacen en la impotencia y la frustración que traducen el desempleo, el hambre, el hacinamiento, la falta de educación, etc. ¿Cuántos, padeciendo hambre o "viviendo" en la miseria, no violentaríamos las reglas del Sistema? Cada vez es mayor el contingente de excluidos, para quienes cualquier cosa puede resultar mejor que su penosa realidad, y el riesgo de morir en el intento pesa menos frente a la sola posibilidad de poner la olla. Además, la solución no es la caridad o el darles lo que nos sobra; porque como seres humanos merecen un trato digno. Ferrater Mora dijo: "Para mí, sólo es justificable la violencia contra el tirano, pues el tirano es la encarnación de la violencia y utilizarla contra él es una forma de destruirla".
Quienes ordenan los operativos saben que los delincuentes no únicamente viven en El Chorrillo o en Curundú, pero por más que endurezcan las penas o más cárceles que construyan, el problema no se resolverá mientras persistan o se profundicen las desigualdades sociales, la inequidad y la iniquidad, porque si bien las palabras empujan, los ejemplos arrastran y conceder domicilio por "cárcel" a asaltantes del erario público, valiéndose de "peritajes médicos", podría traducir peores consecuencias ..
¿Usted qué opina?
(* Analista uruguaya. © www.aipenet.com)
El problema de la violencia es tan complejo como los múltiples factores que la originan; sin embargo, la solución no radica en medidas represivas; es un problema estructural, cuya principal causa es de índole económica; frente al legítimo poder represivo y ocasionalmente abusivo del Estado, la violencia parece constituirse en una vía, ilegítima pero real, para compensar desigualdades que el Sistema traduce.
Galtung, concluyó: "la violencia es un acto que tiene como consecuencia la no realización de la satisfacción de las necesidades efectivas, somáticas y mentales del individuo por causa de otro". Es decir, que la violencia surge cuando los logros personales quedan muy por debajo de la capacidad de las personas para realizarse. Y el otro, que impide la realización plena de las personas es el Sistema; llámese capital financiero internacional y sus cómplices, o en términos llanos, los que deciden el destino de los recursos del Estado, los que "recomiendan" y recortan los gastos sociales, porque son "improductivos", o porque distorsionan o atentan contra el libre mercado; los mismos que exigen y confieren prioridad a la deuda.
En el Sermón del Monte, Jesús dijo: "Padre nuestro"; no Padre mío, evidencia de que pensó en todos y no únicamente en él. Y agregó, "el pan nuestro", no mi pan; indicativo de que el pan debería ser para todos, independientemente de que unos cuantos se arroguen ese "derecho", como si fuera privativo de minorías. También dijo: "perdona nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores"; desafortunadamente alguna institución o poder supra-institucional cambió el texto por: "perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden..", como si la deuda no fuera una ofensa; es más, se trata de la peor ofensa, porque atenta contra la humanidad entera, y contra la razón, fundamento básico de nuestra condición de seres dotados de entendimiento. Porque la deuda es un mecanismo diabólico, a través del cual, los pocos, que concentran excesos, acaban con millones de seres humanos que hoy día mueren de hambre en todo el planeta.
Aunque si revisamos a fondo, seguramente reconoceríamos que los verdaderos deudores son ellos, porque los mecanismos de explotación con que nos han saqueado, refleja que las únicas víctimas de esa trampa diabólica somos nosotros; sin embargo, no dudo que los perdonaríamos, porque el perdón es una virtud cristiana. No obstante, deberíamos saber que si, en un acto de conversión, se les ocurriese perdonarnos la astronómica deuda, y dejáramos las reglas intactas, sería cuestión de tiempo para quedar igual o en peores condiciones; porque el esquema es altamente eficiente para drenar nuestras riquezas mientras nos hacen creer que promueven el desarrollo de nuestros pueblos y combaten la pobreza. El Sistema es violento; las consecuencias no pueden ser menos violentas.
Para entender el fenómeno debemos investigar las causas que subyacen en la impotencia y la frustración que traducen el desempleo, el hambre, el hacinamiento, la falta de educación, etc. ¿Cuántos, padeciendo hambre o "viviendo" en la miseria, no violentaríamos las reglas del Sistema? Cada vez es mayor el contingente de excluidos, para quienes cualquier cosa puede resultar mejor que su penosa realidad, y el riesgo de morir en el intento pesa menos frente a la sola posibilidad de poner la olla. Además, la solución no es la caridad o el darles lo que nos sobra; porque como seres humanos merecen un trato digno. Ferrater Mora dijo: "Para mí, sólo es justificable la violencia contra el tirano, pues el tirano es la encarnación de la violencia y utilizarla contra él es una forma de destruirla".
Quienes ordenan los operativos saben que los delincuentes no únicamente viven en El Chorrillo o en Curundú, pero por más que endurezcan las penas o más cárceles que construyan, el problema no se resolverá mientras persistan o se profundicen las desigualdades sociales, la inequidad y la iniquidad, porque si bien las palabras empujan, los ejemplos arrastran y conceder domicilio por "cárcel" a asaltantes del erario público, valiéndose de "peritajes médicos", podría traducir peores consecuencias ..
¿Usted qué opina?
(* Analista uruguaya. © www.aipenet.com)