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Violencia, una bomba de tiempo


La violencia protagonizada por la delincuencia común y el crimen organizado causa cada día más desolación en las calles. El reciente incidente registrado esta semana en horas de la tarde en la Cinta Costera, donde varios sujetos armados -cual película hollywoodense- dispararon contra otro conductor y, pese a la persecución policial, y se dieron a la fuga dejando tras de sí tres heridos graves, es una clara señal de lo que se nos avecina en el país, en caso que no logremos desactivar a tiempo este gran problema.

Habrá que hacerlo apelando al mejor sentido de justicia para que los criminales que nos acosan sean sometidos al imperio de las leyes y el cumplimiento de las penas. Hay que insistir en ello, pues existe en el país la sensación de que se trata de una guerra contra el hampa casi imposible de ganar, salvo que se desencadene una ola de represión brutal. Sin embargo, no debemos olvidar que la defensa de los ciudadanos, únicamente con más violencia, entraña una espiral que sabemos cómo inicia, nunca cómo termina.

En este camino se impone la necesidad de múltiples estrategias. Una de ellas, quizá la más urgente, debe ser la recuperación de la autoridad de la policía y las instituciones que controlan el delito, quienes tendrán que lograrlo siempre al amparo de la leyes que cimentan los Derechos Humanos y la democracia. Valores universales irrenunciables que no admiten interpretación antojadiza.

101 años de Panamá América

 
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