Violencia y frontera
CUANDO PARECÍA haber menguado la peligrosidad del área próxima a Colombia, el secuestro de José Vicente y Servio Colastra, en Jaqué Darién revive el drama del impacto de la guerra colombiana en suelo panameño.
Un tema preocupante es la no identificación de los secuestradores, pues la violencia colombiana tiene muchas cabezas y expresa la profunda crisis que vive el hermano país. "Se ha desatado una guerra de todos contra todos: parapoliciales, narcotraficantes, guerrilleros y tropas del ejército regular. Al compás de esas rencillas fatales, más de un millón de colombianos viven ahora en éxodo perpetuo, huyendo de un bando o de otro con su cortejo de mutilados, huérfanos y viudas". (Tomás Eloy Martínez). Panamá comparte su frontera Este con esa realidad y parece no estar exenta de las repercusiones del conflicto.
La frontera de Panamá con Colombia se encuentra, pues, próxima a un activo teatro de guerra. Diversas fuerzas se disputan sitios claves para sus respectivas estrategias y proyectos. No creo que en los planes de ninguno de ellas se encuentre la "conquista de Panamá", sino que ven al territorio nacional como un espacio de refugio para unos, pero que atrae como imán la represalia o acciones de castigo de otros, pagando nosotros el precio que esto conlleva en materia de violación de los derechos humanos de la población que allí reside o transita. Panamá es la quinta frontera territorial de Colombia, la más pequeña, porosa y vulnerable de sus áreas limítrofes.
Estados Unidos ha proclamado en su lista de objetivos mundiales anti-terroristas, la existencia de tres grupos muy cerca de Panamá, en nuestra vecina Colombia, las FARC, el ELN y la AUC. Al interior de Colombia, el conflicto tiende a agudizarse y a escalar más aún, puesto se cierran las negociaciones de paz, se prioriza lo castrense en el marco de la situación internacional y la aplicación del Plan Colombia.
Además, en Colombia, se resumen las tres estrategias contrainsurgente norteamericana de los últimos años: anticomunismo, antinarcotráfico y antiterrorismo, lo que quiere decir que en esa región del mundo se encuentra una de las altas prioridades de la guerra actual. Es de temer el aumento de desplazados, secuestros, crímenes, tráfico de drogas y armas, acciones armadas en la región, etc. Por ello, Panamá debería profundizar una estrategia de seguridad democrática hacia la región fronteriza
Panamá debe establecer estrategias y articulaciones para contrarrestar las repercusiones del conflicto y la crisis colombiana, que deben estar estructuradas sobre la base de una visión integral, democrática, equitativa e incluyente. Pero sin los cambios en Colombia esto no será posible. Por ello, el escenario más deseable para Panamá -el más pequeño y débil vecino de Colombia- es que la crisis colombiana derive en la consolidación de un proceso de paz integral en el hermano país, que incluya a las diferentes expresiones y actores presentes, promoviendo la participación ampliada de la sociedad, proceso que avance por la vía de la negociación política en la construcción de alternativas para los principales problemas sociales, políticos y económicos por los que atraviesa Colombia.
Este escenario no parece factible a corto plazo, pero tampoco parece posible que ninguna de las fuerzas en pugna puedan triunfar y derrotar a sus adversarios, pero cada sector tampoco parece quedar convencidos del todo de las ventajas de la paz, con relación a su posicionamiento actual. En otras palabras, parece que se mantendrá el escalamiento de la guerra combinada con las negociaciones, entendida ambas como partes de un solo proceso.
Todo esto es un desafío a la sociedad civil colombiana y a la comunidad internacional, en cuanto a pensar y realizar estrategias alternativas para coadyuvar a favor de la paz, y lidiar con el continuo deterioro de los derechos humanos que genera la situación en Colombia y en los países vecinos. La agudización del escalamiento bélico que provoca el Plan Colombia, puede resultar en mayores costos humanos, por lo que urge aumentar la disponibilidad y capacidad de proporcionar la asistencia humanitaria de las víctimas de la guerra, y presionar para incidir de diversas maneras en la construcción del proceso de paz y los fundamentos sociales de desarrollo, equidad y democracia; apoyar la reconstrucción del país, y sus relaciones con sus vecinos.
Para ello, Panamá debe posicionar su estrategia sobre la base de estos principios: Neutralidad frente al conflicto en función del respeto al derecho de autodeterminación de Colombia, y de no-intervención en sus asuntos internos. No aceptación de ayuda internacional que condiciones el apoyo o participación en el desarrollo del Plan Colombia. Salvaguardar y defender la soberanía de cualquier agresión externa, pero afirmando los principios de civilidad democrática, derechos humanos y soberanía, en función de impedir rediciones del militarismo o militarización con el argumento de enfrentar el conflicto colombiano. Participación activa en apoyo a los procesos de paz en Colombia, a través de la mediación u otra forma útil para el logro de este objetivo. Promoción de los derechos humanos de las víctimas de las guerras, mediante la asistencia humanitaria. Priorización de la región de la frontera Este como área fundamental para el desarrollo nacional, fortaleciendo el poder local y la participación ciudadana. Desarrollar una política exterior y de seguridad democrática, transparente y de permanente consulta con todos los sectores nacionales.
Esperamos que pronto se logre la liberación -sanos y salvos- de los dos ciudadanos españoles y que sucesos como este no se vuelva a repetir.
raulleisr.hotmail.com
Un tema preocupante es la no identificación de los secuestradores, pues la violencia colombiana tiene muchas cabezas y expresa la profunda crisis que vive el hermano país. "Se ha desatado una guerra de todos contra todos: parapoliciales, narcotraficantes, guerrilleros y tropas del ejército regular. Al compás de esas rencillas fatales, más de un millón de colombianos viven ahora en éxodo perpetuo, huyendo de un bando o de otro con su cortejo de mutilados, huérfanos y viudas". (Tomás Eloy Martínez). Panamá comparte su frontera Este con esa realidad y parece no estar exenta de las repercusiones del conflicto.
La frontera de Panamá con Colombia se encuentra, pues, próxima a un activo teatro de guerra. Diversas fuerzas se disputan sitios claves para sus respectivas estrategias y proyectos. No creo que en los planes de ninguno de ellas se encuentre la "conquista de Panamá", sino que ven al territorio nacional como un espacio de refugio para unos, pero que atrae como imán la represalia o acciones de castigo de otros, pagando nosotros el precio que esto conlleva en materia de violación de los derechos humanos de la población que allí reside o transita. Panamá es la quinta frontera territorial de Colombia, la más pequeña, porosa y vulnerable de sus áreas limítrofes.
Estados Unidos ha proclamado en su lista de objetivos mundiales anti-terroristas, la existencia de tres grupos muy cerca de Panamá, en nuestra vecina Colombia, las FARC, el ELN y la AUC. Al interior de Colombia, el conflicto tiende a agudizarse y a escalar más aún, puesto se cierran las negociaciones de paz, se prioriza lo castrense en el marco de la situación internacional y la aplicación del Plan Colombia.
Además, en Colombia, se resumen las tres estrategias contrainsurgente norteamericana de los últimos años: anticomunismo, antinarcotráfico y antiterrorismo, lo que quiere decir que en esa región del mundo se encuentra una de las altas prioridades de la guerra actual. Es de temer el aumento de desplazados, secuestros, crímenes, tráfico de drogas y armas, acciones armadas en la región, etc. Por ello, Panamá debería profundizar una estrategia de seguridad democrática hacia la región fronteriza
Panamá debe establecer estrategias y articulaciones para contrarrestar las repercusiones del conflicto y la crisis colombiana, que deben estar estructuradas sobre la base de una visión integral, democrática, equitativa e incluyente. Pero sin los cambios en Colombia esto no será posible. Por ello, el escenario más deseable para Panamá -el más pequeño y débil vecino de Colombia- es que la crisis colombiana derive en la consolidación de un proceso de paz integral en el hermano país, que incluya a las diferentes expresiones y actores presentes, promoviendo la participación ampliada de la sociedad, proceso que avance por la vía de la negociación política en la construcción de alternativas para los principales problemas sociales, políticos y económicos por los que atraviesa Colombia.
Este escenario no parece factible a corto plazo, pero tampoco parece posible que ninguna de las fuerzas en pugna puedan triunfar y derrotar a sus adversarios, pero cada sector tampoco parece quedar convencidos del todo de las ventajas de la paz, con relación a su posicionamiento actual. En otras palabras, parece que se mantendrá el escalamiento de la guerra combinada con las negociaciones, entendida ambas como partes de un solo proceso.
Todo esto es un desafío a la sociedad civil colombiana y a la comunidad internacional, en cuanto a pensar y realizar estrategias alternativas para coadyuvar a favor de la paz, y lidiar con el continuo deterioro de los derechos humanos que genera la situación en Colombia y en los países vecinos. La agudización del escalamiento bélico que provoca el Plan Colombia, puede resultar en mayores costos humanos, por lo que urge aumentar la disponibilidad y capacidad de proporcionar la asistencia humanitaria de las víctimas de la guerra, y presionar para incidir de diversas maneras en la construcción del proceso de paz y los fundamentos sociales de desarrollo, equidad y democracia; apoyar la reconstrucción del país, y sus relaciones con sus vecinos.
Para ello, Panamá debe posicionar su estrategia sobre la base de estos principios: Neutralidad frente al conflicto en función del respeto al derecho de autodeterminación de Colombia, y de no-intervención en sus asuntos internos. No aceptación de ayuda internacional que condiciones el apoyo o participación en el desarrollo del Plan Colombia. Salvaguardar y defender la soberanía de cualquier agresión externa, pero afirmando los principios de civilidad democrática, derechos humanos y soberanía, en función de impedir rediciones del militarismo o militarización con el argumento de enfrentar el conflicto colombiano. Participación activa en apoyo a los procesos de paz en Colombia, a través de la mediación u otra forma útil para el logro de este objetivo. Promoción de los derechos humanos de las víctimas de las guerras, mediante la asistencia humanitaria. Priorización de la región de la frontera Este como área fundamental para el desarrollo nacional, fortaleciendo el poder local y la participación ciudadana. Desarrollar una política exterior y de seguridad democrática, transparente y de permanente consulta con todos los sectores nacionales.
Esperamos que pronto se logre la liberación -sanos y salvos- de los dos ciudadanos españoles y que sucesos como este no se vuelva a repetir.
raulleisr.hotmail.com