Virgilio (70 a 19 a. de J. C.)
Este famoso poeta latino era hombre tan modesto como tímido y retraído. No acostumbraba alternar con personajes conocidos y de alta esfera social. Pero el emperador Augusto, a quien le gustaba recibir a ilustres romanos, y de entre ellos a los poetas, lo invitó a palacio en una ocasión. Varios de los demás visitantes, desde luego, se esforzaban en ser amenos y lograr de alguna manera la atención de su señor. Virgilio, en cambio, fue el único que se mantuvo tranquilo y sin hablar.
Uno de los cortesanos llamado Filisto, sarcásticamente y en alta voz le preguntó si acaso era mudo. La pregunta fue tan inesperada y desconcertante que el poeta no halló de momento una respuesta que ofrecer. El otro, en abierta actitud de ponerlo en ridículo le dijo: -"Se ve que no tienes lengua, o, si la tienes, no has aprendido a usarla".
Al oír eso, el emperador, noble para con Virgilio y, evidentemente para darle una lección de caballerosidad al malévolo, le dijo: -"Un poeta no necesita decir nada cuando sus obras hablan por él". Y como si fuera para reforzar su defensa y acentuar su lección al mentecato, recitó entonces ante todos unos versos de Virgilio.
En aquellos tiempos, y como aún sucede, había escritores que con ínfulas de críticos se expresaban mal de otros escritores. Un tal Cornificio hacía comentarios desventajosos sobre la obra del poeta y, enterado Virgilio se limitó a decir:
-"Bueno, dejadle que hable. Por mi parte, mi única venganza contra los que me critican es aprovecharme de sus buenos consejos".