"Virtudes" de la globalización
Hace un año la revista "Proceso Internacional", publicó una entrevista que Anne Marie Mergier, le hizo a la escritora y poetisa francesa, Viviane Forrester, autora de "El horror económico", que no es más que una crítica en forma de novela a la mundialización de la economía. Aunque Forrester no es economista, recordó artículos, leyó libros especializados e interrogó a expertos. Luego, juntó las piezas de ese rompecabezas y se encerró unos diez meses a escribir su libro. Según sus propias palabras, la meta que se propuso fue "desnudar la lógica interna..., de esa economía de mercado a escala planetaria..." Y refiriéndose a esa "lógica", ha dicho que es imperceptible debido a las "declaraciones sibilinas de los tecnócratas internacionales y los discursos demagógicos de los políticos de toda índole..."
Según Mergier, la conclusión a la que llegó Viviane Forrester, constituye la tesis central de su libro: "decenas de millones de desempleados del planeta no encontrarán nunca más trabajo, porque se han vuelto innecesarios a la élite que dirige la economía mundial y que tiene el poder".
¿Miente Forrester en su libro? No. Las estadísticas citadas por ella, hablan por sí solas: "En los países del G7 (los más ricos del planeta), entre 1979 y 1994, el número de desempleados pasó de 13 a 24 millones. Esas cifras no toman en cuenta a los cuatro millones que ya dejaron de buscar trabajo y dejan a un lado a los 15 millones de condenados a aceptar empleos de medio tiempo. Esas cifras, además, son oficiales, es decir, maquilladas. Son, de alguna manera, artificiales. No reflejan cabalmente la tragedia de estos millones de destinos humanos arruinados. Están rebasadas. Entre 1994 y 1996 la situación empeoró y sabemos que va a ir de mal en peor. Así lo exigen quienes rigen la economía mundializada. Debemos dejar la ceguera. Estas estadísticas no son meros síntomas de una crisis coyuntural, como lo pretenden nuestros gobernantes, sino una mutación brutal de la civilización occidental, cuyas consecuencias pueden ser aún peores que lo que sufrimos hoy".
Si la excelsa escritora francesa de "El horror económico", se horroriza de la cruel realidad que se vive en los países ricos de América del Norte y Europa, ¿qué sentiría si echara una mirada a los países pobres, donde sobreviven en condiciones infrahumanas millones de "inútiles", "supérfluos", "estorbosos", para emplear sus propias palabras? Nuestra realidad es terrible. No sólo es el hecho de que millones de seres humanos ya no sirven siquiera para ser explotados, sino que, también hoy día, tal como lo dice Forrester"... la economía es cada vez más especulativa y cada vez menos basada en activos reales; por lo tanto, la explotación del trabajo se está convirtiendo en una fuente anexa de rentabilidad de los capitales". Al igual que ella, a nosotros no nos cabe la menor duda de que nuestros políticos mienten y probablemente gran parte de ellos se mienten a sí mismos cuando hablan de crisis económicas pasajeras. Nuestro gobierno actual, por ejemplo, es uno de los que va a la vanguardia en América Latina en cuanto a la aplicación de las políticas neoliberales de apertura de mercados, privatizaciones y rebaja o eliminación de aranceles de importación. Estamos de acuerdo con la autora de "El horror económico", pues no se trata de una crisis económica transitoria, sino de una "mutación violenta" de nuestra civilización? ¿Esto es algo fatal? ¿Algo que no se puede detener? Quienes se opongan serán llamados "terroristas" y, probablemente, serán aniquilados.
Recordemos lo que sucedió con las reformas al Código Laboral. Cuatro vidas cobró la represión a la oposición popular contra estas medidas de "flexibilización laboral". ¿Qué quieren decir nuestros tecnócratas con eso de la "flexibilización del empleo"? Esta fraseología no es más que la forma hipócrita de encubrir lo que en buen cristiano significa destruir todas las protecciones laborales, reducir al máximo las subvenciones para desempleados o, sencillamente, suprimirlas, pues si se suprimen ¡será mejor!, dicen los defensores de la mundialización.
¿Acaso después de haberse reformado el Código Laboral no es más fácil despedir a un empleado? ¿Acaso ahora no son de duración cada vez más limitada los contratos de trabajo? ¿Acaso los salarios no están prácticamente bloqueados y cuando no lo están bajan? Al lado de millones de personas excluidas del mundo laboral, ya vemos a otros millones de esclavos modernos recibiendo migajas de empleos, aceptando cualquier trabajo en cualquier condición. Y nuestros conspícuos gobernantes no hacen sino aplicar al pie de la letra lo que les ordenan los tecnócratas de las instituciones financieras internacionales.
Según Mergier, la conclusión a la que llegó Viviane Forrester, constituye la tesis central de su libro: "decenas de millones de desempleados del planeta no encontrarán nunca más trabajo, porque se han vuelto innecesarios a la élite que dirige la economía mundial y que tiene el poder".
¿Miente Forrester en su libro? No. Las estadísticas citadas por ella, hablan por sí solas: "En los países del G7 (los más ricos del planeta), entre 1979 y 1994, el número de desempleados pasó de 13 a 24 millones. Esas cifras no toman en cuenta a los cuatro millones que ya dejaron de buscar trabajo y dejan a un lado a los 15 millones de condenados a aceptar empleos de medio tiempo. Esas cifras, además, son oficiales, es decir, maquilladas. Son, de alguna manera, artificiales. No reflejan cabalmente la tragedia de estos millones de destinos humanos arruinados. Están rebasadas. Entre 1994 y 1996 la situación empeoró y sabemos que va a ir de mal en peor. Así lo exigen quienes rigen la economía mundializada. Debemos dejar la ceguera. Estas estadísticas no son meros síntomas de una crisis coyuntural, como lo pretenden nuestros gobernantes, sino una mutación brutal de la civilización occidental, cuyas consecuencias pueden ser aún peores que lo que sufrimos hoy".
Si la excelsa escritora francesa de "El horror económico", se horroriza de la cruel realidad que se vive en los países ricos de América del Norte y Europa, ¿qué sentiría si echara una mirada a los países pobres, donde sobreviven en condiciones infrahumanas millones de "inútiles", "supérfluos", "estorbosos", para emplear sus propias palabras? Nuestra realidad es terrible. No sólo es el hecho de que millones de seres humanos ya no sirven siquiera para ser explotados, sino que, también hoy día, tal como lo dice Forrester"... la economía es cada vez más especulativa y cada vez menos basada en activos reales; por lo tanto, la explotación del trabajo se está convirtiendo en una fuente anexa de rentabilidad de los capitales". Al igual que ella, a nosotros no nos cabe la menor duda de que nuestros políticos mienten y probablemente gran parte de ellos se mienten a sí mismos cuando hablan de crisis económicas pasajeras. Nuestro gobierno actual, por ejemplo, es uno de los que va a la vanguardia en América Latina en cuanto a la aplicación de las políticas neoliberales de apertura de mercados, privatizaciones y rebaja o eliminación de aranceles de importación. Estamos de acuerdo con la autora de "El horror económico", pues no se trata de una crisis económica transitoria, sino de una "mutación violenta" de nuestra civilización? ¿Esto es algo fatal? ¿Algo que no se puede detener? Quienes se opongan serán llamados "terroristas" y, probablemente, serán aniquilados.
Recordemos lo que sucedió con las reformas al Código Laboral. Cuatro vidas cobró la represión a la oposición popular contra estas medidas de "flexibilización laboral". ¿Qué quieren decir nuestros tecnócratas con eso de la "flexibilización del empleo"? Esta fraseología no es más que la forma hipócrita de encubrir lo que en buen cristiano significa destruir todas las protecciones laborales, reducir al máximo las subvenciones para desempleados o, sencillamente, suprimirlas, pues si se suprimen ¡será mejor!, dicen los defensores de la mundialización.
¿Acaso después de haberse reformado el Código Laboral no es más fácil despedir a un empleado? ¿Acaso ahora no son de duración cada vez más limitada los contratos de trabajo? ¿Acaso los salarios no están prácticamente bloqueados y cuando no lo están bajan? Al lado de millones de personas excluidas del mundo laboral, ya vemos a otros millones de esclavos modernos recibiendo migajas de empleos, aceptando cualquier trabajo en cualquier condición. Y nuestros conspícuos gobernantes no hacen sino aplicar al pie de la letra lo que les ordenan los tecnócratas de las instituciones financieras internacionales.