Vivir con quien a todo dice "No"
He seguido con preocupación los eventos de la última semana en torno a la libertad de expresión en la Universidad de Panamá. Por su supuesto que tengo una perspectiva privilegiada (por no decir predispuesta) ya que el proceso involucra a mi padre, el Dr. Miguel Antonio Bernal.
Me llamó la atención en particular una de las críticas que manifestaron los administrativos que protestaban el 6 de abril al impedirle el paso al Dr. Bernal, recogida por uno de los medios de comunicación, quejándose que "Bernal a todo se opone, a todo le dice que no". Expresiones como ésta y sus similares las he oído toda mi vida- sea "Dr. No" o "controversial" o hasta "el que se pelea con el espejo".
Pero esta vez en particular, oír esto en la Universidad dio paso a una larga reflexión que aquí comparto.
Para empezar, cualquier persona tiene derecho a expresar su opinión. Es este simple principio el que nos hace libres. Que se ejerza este derecho como crítica a las autoridades gobernantes es lo que alimenta la democracia. Si no se criticase, si nos quedásemos mudos ante las autoridades, no serían éstas capaces de actuar en nombre de aquellos que pretenden representar. Ni mucho menos podrían buscar la mejoría en sus acciones y en sus políticas. Bien nos enseña Thomas Jefferson que figura pública es propiedad pública, siendo sus acciones siempre sujetas a la opinión (y por ende a la crítica) pública. Que no les guste es irrelevante, y no debe venir al caso ante quien ejerce su derecho de expresión.
Todo esto es máxime en una universidad, cuyo propósito social está más allá de dar diplomas y conferir títulos (y ni qué decir de promover la investigación científica, pero ese es un tema para otro momento). Una universidad es la cuna del pensamiento crítico por antonomasia, y sus administradores han de servir - y no mandar - acordemente; es decir, promoviendo la expresión de estudiantes y profesores, y no lo contrario.
Es esto lo que veo con tristeza en la Universidad de Panamá, donde el rector y su ego no se permiten oír los llamados para reconsiderar sus acciones retrógradas y contrarias a la modernización de la casa de Méndez Pereira.
Quienes intentan hacerle ver al Rector la gravedad de los errores que ha cometido, está cometiendo y va a cometer son perseguidos, expuestos y utilizados en su campaña megalomaníaca. Las consecuencias perversas de estas acciones van mas allá de la posible sanción al Dr. Bernal. Más bien atacan el seno mismo de la democracia que estamos tratando de levantar en Panamá. Si los jóvenes de hoy no encuentran educación, expresión y superación en la Universidad, ¿qué podemos esperar de ellos en un futuro no muy lejano?
Volviendo a aquella crítica contra el crítico, quiero creer que el error de estas personas recae en confundir "No" con ser negativo. Si ser negativo fuese ejercer nuestro derecho a la expresión, a la crítica y, por lo tanto, a la democracia, pues tendrían razón. Pero no vale la pena confundir una cosa con la otra. Decir "No" a las nefastas reformas universitarias, así como decir no a la corrupción y a los errores de nuestros gobernantes, es saber ser ciudadano. Es ser consecuente en pensamiento, palabra y acción. Es tener convicciones y no esconderse al momento de defenderlas. Es, a final de cuentas, lo que una universidad debe promover y demostrar. Pero, ¡qué lejos está la Universidad de Panamá de eso!
Prefiero mil y un veces aprender con alguien que dice "No" cuando hay que decirlo, que con la alternativa -una persona que sólo se opone cuando le conviene, que es inconsistente y por lo tanto hipócrita. Es, en última instancia, la elección entre quienes buscan la superación y quienes, por miedo o conveniencia, no saben decir NO.
Me llamó la atención en particular una de las críticas que manifestaron los administrativos que protestaban el 6 de abril al impedirle el paso al Dr. Bernal, recogida por uno de los medios de comunicación, quejándose que "Bernal a todo se opone, a todo le dice que no". Expresiones como ésta y sus similares las he oído toda mi vida- sea "Dr. No" o "controversial" o hasta "el que se pelea con el espejo".
Pero esta vez en particular, oír esto en la Universidad dio paso a una larga reflexión que aquí comparto.
Para empezar, cualquier persona tiene derecho a expresar su opinión. Es este simple principio el que nos hace libres. Que se ejerza este derecho como crítica a las autoridades gobernantes es lo que alimenta la democracia. Si no se criticase, si nos quedásemos mudos ante las autoridades, no serían éstas capaces de actuar en nombre de aquellos que pretenden representar. Ni mucho menos podrían buscar la mejoría en sus acciones y en sus políticas. Bien nos enseña Thomas Jefferson que figura pública es propiedad pública, siendo sus acciones siempre sujetas a la opinión (y por ende a la crítica) pública. Que no les guste es irrelevante, y no debe venir al caso ante quien ejerce su derecho de expresión.
Todo esto es máxime en una universidad, cuyo propósito social está más allá de dar diplomas y conferir títulos (y ni qué decir de promover la investigación científica, pero ese es un tema para otro momento). Una universidad es la cuna del pensamiento crítico por antonomasia, y sus administradores han de servir - y no mandar - acordemente; es decir, promoviendo la expresión de estudiantes y profesores, y no lo contrario.
Es esto lo que veo con tristeza en la Universidad de Panamá, donde el rector y su ego no se permiten oír los llamados para reconsiderar sus acciones retrógradas y contrarias a la modernización de la casa de Méndez Pereira.
Quienes intentan hacerle ver al Rector la gravedad de los errores que ha cometido, está cometiendo y va a cometer son perseguidos, expuestos y utilizados en su campaña megalomaníaca. Las consecuencias perversas de estas acciones van mas allá de la posible sanción al Dr. Bernal. Más bien atacan el seno mismo de la democracia que estamos tratando de levantar en Panamá. Si los jóvenes de hoy no encuentran educación, expresión y superación en la Universidad, ¿qué podemos esperar de ellos en un futuro no muy lejano?
Volviendo a aquella crítica contra el crítico, quiero creer que el error de estas personas recae en confundir "No" con ser negativo. Si ser negativo fuese ejercer nuestro derecho a la expresión, a la crítica y, por lo tanto, a la democracia, pues tendrían razón. Pero no vale la pena confundir una cosa con la otra. Decir "No" a las nefastas reformas universitarias, así como decir no a la corrupción y a los errores de nuestros gobernantes, es saber ser ciudadano. Es ser consecuente en pensamiento, palabra y acción. Es tener convicciones y no esconderse al momento de defenderlas. Es, a final de cuentas, lo que una universidad debe promover y demostrar. Pero, ¡qué lejos está la Universidad de Panamá de eso!
Prefiero mil y un veces aprender con alguien que dice "No" cuando hay que decirlo, que con la alternativa -una persona que sólo se opone cuando le conviene, que es inconsistente y por lo tanto hipócrita. Es, en última instancia, la elección entre quienes buscan la superación y quienes, por miedo o conveniencia, no saben decir NO.