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Vocación de servicio


Cuando fui legislador de 1994 a 1999 observé que la mayoría más uno que hacía quórum en la Asamblea Legislativa se ausentaba frecuentemente. Había días que no se trabajaba.
A mi juicio, el pleno es el lugar na- tural de trabajo del legislador y por tratarse de un empleo como cualquier otro, presenté un proyecto de ley para que se les descontara el día a quienes no asistían a las sesiones ni enviaran a sus suplentes. Con ello se modificaría el reglamento interno que regula las asistencias.
Para algunos, la iniciativa atentaba contra la familia legislativa porque ya se había hecho costumbre la inasistencia. El proyecto fue presentado cinco veces. Al tercer año, hubo una modificación en el reglamento interno donde se estableció la figura del quórum deliberativo que indicaba que con siete personas se empezaban sesiones en lugar de la mitad más uno de los 72 legisladores. Significaba entonces que se discutían temas sobre los que no se podía votar.
En ese sentido, la situación hoy día es que quienes no perciben los salarios de estos cargos públicos en la empresa privada, corren para ellos obviando sus responsabilidades.
Y es que para aspirar a un puesto como el de legislador debe tenerse vocación de servicio, porque los que tenemos la suerte de llegar allá, recibimos nuestro mayor premio el último día del periodo: la conciencia tranquila.
Por otro lado, las licencias por viaje o asuntos políticos son un derecho que no critico. No obstante, el que las solicita constantemente tendrá que rendir cuentas a sus electores a los que no debe engañar haciéndolos creer que está discutiendo leyes en su beneficio.
La Asamblea Legislativa representa lo que el pueblo eligió y como tal, tiene derecho a equivocarse. Si lo ha hecho dignamente que la reelijan o de lo contrario, que se le dé oportunidad a nuevas figuras.

101 años de Panamá América

 
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