Voces de lucha, otra vez
Hace veinte años apareció la primera edición de la obra Voces de lucha, y ahora acaba de editarse la segunda, revisada y ampliada. Debo confesar que fue una experiencia extraordinaria preparar ambos libros y que en verdad los verdaderos autores son los dirigentes que testimonian sus experiencias. En el texto se cuentan muchas cosas. Se habla de sindicatos organizados al amparo de las sombras, bajo los árboles y a la luz de las guarichas en ranchos y cuartos de alquiler, donde hombres y mujeres, curtidos por el trabajo, se atrevieron a dar los primeros, segundos y terceros pasos para unificarse y reivindicar derechos a los que todo ser humano debe tener acceso.
Son voces entre una gran muchedumbre casi anónima, a la que nadie le ha levantado un monumento; compuesta de nombres que nunca ha ostentado ninguna calle de nuestro país. Son como topos que han hecho historia, desde abajo, desde el mundo del trabajo. Todos/as han sufrido de alguna manera injusticias e incluso persecución. Sus nombres han integrado listas negras, con lo que se les intentaba negar un derecho fundamental: el trabajo, por causa del compromiso que asumieron con sus compañeros/as.
Los testimonios abarcan diversos períodos y hechos históricos. En ellos se mezclan no sólo recuerdos, sino también opiniones y posiciones ideológicas y políticas, formando un mosaico multicolor. Pero ese mosaico muestra, también, un consciente o inconsciente deseo de unidad popular y sindical para enfrentar las duras tareas del porvenir; demuestra que, independientemente a determinadas posiciones, es posible y necesario para todos los trabajadores organizarse para cumplir sus legítimas aspiraciones.
Estas páginas proclaman que la lucha sindical no es cosa fácil, y que hay que armarse de valor individual y colectivo frente a los muros de la intolerancia y la incomprensión de los que ven a la realidad como un feudo o como una isla, de su exclusivo provecho. Los testimoniantes descubren y cuentan hechos que se insertan en la fase de la vida nacional correspondiente a la posterioridad de la construcción del Canal (1914) y la crisis que éste genera (hasta 1936); y el mundo laboral en la fase de los intentos por impulsar un proyecto interno de acumulación sobre la base de la industria substitutiva de importaciones (1936 - 68); incluyendo, más adelante, el reformismo militar de los años "60 y la agudización de la transacionalización de la economía nacional; la crisis sociopolítica y económica (dictadura e invasión) de los "80; y la democratización y agudas tensiones de los "90, así como los albores del nuevo siglo.
Los hechos descubren, en muchas de sus partes, los esfuerzos de la clase trabajadora de convertirse en movimiento obrero; y descubren también las relaciones que establecen con otros sectores sociales. Y es una historia contradictoria, llena de luces y sombras, en donde también se descubren errores y caídas, recordándonos que no son ángeles, sino sólo hombres y mujeres. Pero ésta no es una historia para los archivos. Por el contrario, es una historia para desarrollar el testimonio, un género hasta ahora bastante ignorado. El testimonio es la entrega de las voces del pueblo como protagonista de hechos históricos. Supone el uso de las fuentes directas para recoger la estrecha relación que hay entre el testimonio y la vida pasada y presente. Refleja lo multidimensional de la realidad, pero también la sensibilidad humana. Intenta rescatar la memoria colectiva, con el lenguaje vivo de la propia gente.
El trabajo surgió originalmente como una inquietud de las diversas centrales y federaciones del país, para acumular las experiencias de la historia y las riquezas de las luchas del movimiento obrero. Esta inquietud fue recogida por el Instituto Panameño de Estudios Laborales (IPEL) del Ministerio de Trabajo, que editó ambas publicaciones.
Nuestra tarea fue servir de intermediario para que los testimonialistas hicieran llegar sus palabras al público lector. Para ello, elaboramos un cuestionario mínimo que sirvió de guía verbal en las conversaciones con cada trabajador, que aportó fotos de su quehacer, todo lo que fue trabajado como materia prima por el autor, que agregó cronología y anexos. Así recogimos los testimonios de los dirigentes seleccionados por las mismas organizaciones. Las entrevistas se realizaron entre septiembre de 1983 y enero de 1984, y fue publicado en 1984 en tiraje de dos mil ejemplares. Al libro se le agrega el texto de una obra de teatro Primero de Mayo, que fue estrenada en la Chicago, en el lugar de los acontecimientos históricos, el primero de mayo de 1986, exactamente en el centenario de la gesta, por un grupo de teatro latino.
Hoy, a cien años de República, cuando muchas veces la palabra parece ser monopolizada, dominada y manipulada, y casi que sólo se abren paso los textos y libros que elogian egregias figuras del acontecer nacional, en esta obra los trabajadores sindicalistas toman la palabra.
Son voces entre una gran muchedumbre casi anónima, a la que nadie le ha levantado un monumento; compuesta de nombres que nunca ha ostentado ninguna calle de nuestro país. Son como topos que han hecho historia, desde abajo, desde el mundo del trabajo. Todos/as han sufrido de alguna manera injusticias e incluso persecución. Sus nombres han integrado listas negras, con lo que se les intentaba negar un derecho fundamental: el trabajo, por causa del compromiso que asumieron con sus compañeros/as.
Los testimonios abarcan diversos períodos y hechos históricos. En ellos se mezclan no sólo recuerdos, sino también opiniones y posiciones ideológicas y políticas, formando un mosaico multicolor. Pero ese mosaico muestra, también, un consciente o inconsciente deseo de unidad popular y sindical para enfrentar las duras tareas del porvenir; demuestra que, independientemente a determinadas posiciones, es posible y necesario para todos los trabajadores organizarse para cumplir sus legítimas aspiraciones.
Estas páginas proclaman que la lucha sindical no es cosa fácil, y que hay que armarse de valor individual y colectivo frente a los muros de la intolerancia y la incomprensión de los que ven a la realidad como un feudo o como una isla, de su exclusivo provecho. Los testimoniantes descubren y cuentan hechos que se insertan en la fase de la vida nacional correspondiente a la posterioridad de la construcción del Canal (1914) y la crisis que éste genera (hasta 1936); y el mundo laboral en la fase de los intentos por impulsar un proyecto interno de acumulación sobre la base de la industria substitutiva de importaciones (1936 - 68); incluyendo, más adelante, el reformismo militar de los años "60 y la agudización de la transacionalización de la economía nacional; la crisis sociopolítica y económica (dictadura e invasión) de los "80; y la democratización y agudas tensiones de los "90, así como los albores del nuevo siglo.
Los hechos descubren, en muchas de sus partes, los esfuerzos de la clase trabajadora de convertirse en movimiento obrero; y descubren también las relaciones que establecen con otros sectores sociales. Y es una historia contradictoria, llena de luces y sombras, en donde también se descubren errores y caídas, recordándonos que no son ángeles, sino sólo hombres y mujeres. Pero ésta no es una historia para los archivos. Por el contrario, es una historia para desarrollar el testimonio, un género hasta ahora bastante ignorado. El testimonio es la entrega de las voces del pueblo como protagonista de hechos históricos. Supone el uso de las fuentes directas para recoger la estrecha relación que hay entre el testimonio y la vida pasada y presente. Refleja lo multidimensional de la realidad, pero también la sensibilidad humana. Intenta rescatar la memoria colectiva, con el lenguaje vivo de la propia gente.
El trabajo surgió originalmente como una inquietud de las diversas centrales y federaciones del país, para acumular las experiencias de la historia y las riquezas de las luchas del movimiento obrero. Esta inquietud fue recogida por el Instituto Panameño de Estudios Laborales (IPEL) del Ministerio de Trabajo, que editó ambas publicaciones.
Nuestra tarea fue servir de intermediario para que los testimonialistas hicieran llegar sus palabras al público lector. Para ello, elaboramos un cuestionario mínimo que sirvió de guía verbal en las conversaciones con cada trabajador, que aportó fotos de su quehacer, todo lo que fue trabajado como materia prima por el autor, que agregó cronología y anexos. Así recogimos los testimonios de los dirigentes seleccionados por las mismas organizaciones. Las entrevistas se realizaron entre septiembre de 1983 y enero de 1984, y fue publicado en 1984 en tiraje de dos mil ejemplares. Al libro se le agrega el texto de una obra de teatro Primero de Mayo, que fue estrenada en la Chicago, en el lugar de los acontecimientos históricos, el primero de mayo de 1986, exactamente en el centenario de la gesta, por un grupo de teatro latino.
Hoy, a cien años de República, cuando muchas veces la palabra parece ser monopolizada, dominada y manipulada, y casi que sólo se abren paso los textos y libros que elogian egregias figuras del acontecer nacional, en esta obra los trabajadores sindicalistas toman la palabra.