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Voltear la página


Un pueblo que no conoce su historia está condenado a cometer los mismos errores del pasado. Habida cuenta que la historia se repite en espiral, salvo con diferentes protagonistas y cómplices, resulta absurdo proponer que debemos olvidar esa historia. Por ello, no quisiéramos pensar que altos personeros del gobierno, quienes han dicho que los panameños debemos "voltear la página" para justificar ciertos nombramientos, incluyendo al de la hija de Manuel Antonio Noriega en el servicio exterior, están abogando por echar al olvido la historia de la dictadura militar.
Uno de esos personeros fue el canciller Samuel Lewis Navarro. De hecho, viniendo de él, quien personalmente sufrió los abusos y atropellos de los militares (al menos los últimos), la declaración cobra mayor relevancia e impacto. Entre líneas nos dice que si está dispuesto a hacer ese nombramiento, superando cualquier resentimiento con el padre de la hoy señora o con la propia señora por haber sido cómplice (activa o pasiva) durante los años de dictadura, el resto del país debe también poder hacerlo. A título personal, no discrepamos en forma alguna con la posición del Canciller y el resto de los personeros que han defendido ese y otros nombramientos que constituyen sal a una herida que aún no acaba de sanar.
El problema es que esos nombramientos no son en la empresa de esos funcionarios, sino en el Estado, quien paga con los impuestos de todos los panameños. La inquietud y descontento está en que muchos de los agraciados no ha pagado pena (física o moral) alguna por sus delitos o fechorías, ni mucho menos manifestado remordimiento alguno por lo que hicieron o dejaron de hacer.
Particularmente en este tiempo de Cuaresma, todos debemos aprovechar para impartir perdón. Pero para ello sólo deben ser perdonados aquellos que reconozcan sus atentados contra la sociedad. Sin ese reconocimiento y una manifestación de remordimiento, difícilmente podemos perdonar. Si lo hacemos, nos despertaremos un día con un gobierno plagado de los mismos aprovechadores, ñángaras, sapos, sanguijuelas y demás arrimados, corrompiendo al país.

101 años de Panamá América

 
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