Votaciones y proyecciones
Votar en plancha es el término que se usa en el idioma político para describir la votación en la que cada candidato en los circuitos plurinominales vota por todos los de su partido, sin excluir a ninguno, lo que equivalía antes a no rayarlo.
Esta práctica funciona a nivel de los partidos numerosos, con lo cual pueden asegurar una mayoría en la Asamblea Nacional.
Los deseos desmedidos de los candidatos, que no les importa con el partido que lo postuló, producen lo que en la actualidad se está viendo. Cada uno está por triunfar en su posición sin importarles, en la mayoría de los casos con el candidato presidencial, que lo relegan a segundo término.
Como he manifestado anteriormente, los legisladores no deben ser postulados exclusivamente por los partidos políticos. Deberá existir además la postulación independiente de todos los que deseen participar y que no se permita su reelección inmediata, como es el caso del Presidente de la República. Sabido es que para lograr esto se necesita enmendar la Constitución Nacional y para ello es conveniente que se haga realidad la conformación de la Asamblea Constituyente, que ya están prometiendo candidatos a la Presidencia de la República.
Si los legisladores no se debieran a los partidos políticos, como establece nuestra Carta Magna, se reforzaría la independencia de los poderes del Estado, porque en la actualidad la Asamblea Legislativa es un órgano supeditado a las decisiones del Poder Ejecutivo, que aunque su ingerencia no sea directa, individualmente los miembros del partido gobernante deben seguir la línea que se les trace.
Mucho se ha escrito y dicho en el sentido que en nuestro país las candidaturas independientes jamás prosperaron, especialmente antes cuando la Constitución Nacional lo permitía. Es importante que se tome en consideración que estamos viviendo otra época, con el agravante que los partidos políticos, especialmente los tradicionales, han descendido en su membresía, al punto que hoy si acaso representan un cincuenta por ciento de la población votante.
El pueblo ha perdido la fe en los partidos de antaño y es difícil que la vuelvan a recuperar. Surge entonces la posibilidad de inscribir nuevos partidos que rescaten la credibilidad pensando en función de nación y que les hagan frente a todos lo que sobrevendrá a partir del año 2000. Estos grupos deberán analizar y contemplar las necesidades que apremian, especialmente en las ramas de salud, educación y desempleo y crear un ambiente de confianza para los inversionistas, tanto locales como extranjeros.
Es conveniente además hacer las enmiendas al Código Electoral, en lo que se refiere a elecciones primarias a todos los niveles, para ocupar cargos que se deciden en las urnas, sobre lo cual un legislador ha vuelto a presentar un ante proyecto de Ley en la Asamblea Legislativa, en el presente período, lo que democratizaría todos los partidos políticos.
Al comienzo del siglo veintiuno, quien resulte electo en las próximas elecciones tiene por delante una tarea sumamente delicada, la cual deberá enmarcarla en una administración honesta y seria, donde el ciudadano presidente y sus colaboradores sirvan a los intereses de la nación y no se sirvan de ellos, como se ha venido haciendo a través de las últimas décadas y que cuando culmine su período se le pueda catalogar como el estadista que puso en marcha el país que tanto anhelamos lo que siempre hemos querido, un Panamá mejor.
Esta práctica funciona a nivel de los partidos numerosos, con lo cual pueden asegurar una mayoría en la Asamblea Nacional.
Los deseos desmedidos de los candidatos, que no les importa con el partido que lo postuló, producen lo que en la actualidad se está viendo. Cada uno está por triunfar en su posición sin importarles, en la mayoría de los casos con el candidato presidencial, que lo relegan a segundo término.
Como he manifestado anteriormente, los legisladores no deben ser postulados exclusivamente por los partidos políticos. Deberá existir además la postulación independiente de todos los que deseen participar y que no se permita su reelección inmediata, como es el caso del Presidente de la República. Sabido es que para lograr esto se necesita enmendar la Constitución Nacional y para ello es conveniente que se haga realidad la conformación de la Asamblea Constituyente, que ya están prometiendo candidatos a la Presidencia de la República.
Si los legisladores no se debieran a los partidos políticos, como establece nuestra Carta Magna, se reforzaría la independencia de los poderes del Estado, porque en la actualidad la Asamblea Legislativa es un órgano supeditado a las decisiones del Poder Ejecutivo, que aunque su ingerencia no sea directa, individualmente los miembros del partido gobernante deben seguir la línea que se les trace.
Mucho se ha escrito y dicho en el sentido que en nuestro país las candidaturas independientes jamás prosperaron, especialmente antes cuando la Constitución Nacional lo permitía. Es importante que se tome en consideración que estamos viviendo otra época, con el agravante que los partidos políticos, especialmente los tradicionales, han descendido en su membresía, al punto que hoy si acaso representan un cincuenta por ciento de la población votante.
El pueblo ha perdido la fe en los partidos de antaño y es difícil que la vuelvan a recuperar. Surge entonces la posibilidad de inscribir nuevos partidos que rescaten la credibilidad pensando en función de nación y que les hagan frente a todos lo que sobrevendrá a partir del año 2000. Estos grupos deberán analizar y contemplar las necesidades que apremian, especialmente en las ramas de salud, educación y desempleo y crear un ambiente de confianza para los inversionistas, tanto locales como extranjeros.
Es conveniente además hacer las enmiendas al Código Electoral, en lo que se refiere a elecciones primarias a todos los niveles, para ocupar cargos que se deciden en las urnas, sobre lo cual un legislador ha vuelto a presentar un ante proyecto de Ley en la Asamblea Legislativa, en el presente período, lo que democratizaría todos los partidos políticos.
Al comienzo del siglo veintiuno, quien resulte electo en las próximas elecciones tiene por delante una tarea sumamente delicada, la cual deberá enmarcarla en una administración honesta y seria, donde el ciudadano presidente y sus colaboradores sirvan a los intereses de la nación y no se sirvan de ellos, como se ha venido haciendo a través de las últimas décadas y que cuando culmine su período se le pueda catalogar como el estadista que puso en marcha el país que tanto anhelamos lo que siempre hemos querido, un Panamá mejor.