A votar a Conciencia
En las elecciones de mayo no debe haber abstenciones, ni votos alegres e irreflexivos para no contribuir a que el país vaya de mal en peor; de que sean los menos capaces y responsables los que capturen el poder a nivel de presidente, legislador, alcalde y representante. Todo panameño consciente de su papel en el mejoramiento y desarrollo de la nación, debe participar activamente en este proceso electoral con la plena convicción de que escogerá a los mejores; a aquellos hombres y mujeres que aún están pensando, seriamente, en los intereses de Panamá.
Abstenerse a votar porque no nos gusta ninguno de los candidatos, es negarse a participar en la lucha por un país con mejores oportunidades, con principios y valores que fortalezcan la democracia, la libertad y la justicia social, es comportarse con indolencia e irresponsabilidad, ante el llamado a una patria que hay que salvar.
En el editorial de El Panamá América del 6 de diciembre de 2003, se afirma: "Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. La indolencia, el desinterés y poca responsabilidad de los electores al momento de votar, es la principal causa del clima de corrupción y de mala administración de la cosa pública de la que nos quejamos. Es que al panameño le gusta votar, pero no sabe hacerlo, no es cuestión de depositar, válidamente las papeletas para escoger a los distintos candidatos, sino que no lo sabe hacer a favor de los mejores. Siempre vota por quien le da algo a cambio y ése, de ordinario es el peor. Una vez nombrado el pariente, abierta la vereda o reparada la tubería de agua, el candidato siente que ya pagó. Después viene el lamento por el presidente, alcalde o representante que nada hace o que hace mal. Quizás eso explique el por qué de la pasividad y extrema tolerancia del pueblo por los desatinos y abusos de gobernantes. En el fondo, él sabe que lo puso donde están y que tiene que aguantárselos, porque tiene una parte de culpa. Votar es, pues, más que depositar en la urna de cartón la papeleta. Implica escuchar, observar, discutir y meditar lo que plantean los candidatos. No es escoger al que mejor habla, ni al más bonito, ni siquiera al más joven o viejo, ni al más pobre... Votar es escoger al mejor dotado para el puesto al que aspira.
Para Cristo el éxito consiste en dar la vida, en sacrificarse por los demás. Aunque nosotros aún creemos que si Dios está con nosotros todo nos debe salir bien y ser siempre exitosos. Esto no es cierto, no porque se esté cerca del Señor todo va a salir bien humanamente, no es eso lo que el evangelio dice.
El evangelio mas bien manifiesta que el éxito, la realización total se da llevando la cruz, sirviendo al prójimo y dando la vida por los demás. Ése es el auténtico logro, la plenitud total, cuando todos los dones y carismas que el Señor nos ha dado se vuelcan en una meta preciosa, maravillosa y noble, en algo realmente honesto, bueno, positivo y santo y nos entregamos allí llevando nuestras cruces y muriendo en el calvario. Ése es el éxito del evangelio.
Cristo no acepta usar la violencia para que se practique la justicia. Sí, es verdad que en una ocasión sacó el látigo y expulsó a los mercaderes del templo, pero fue para corregir, no para aniquilar; porque en ese caso hubiera sacado una espada y matado a los mercaderes.
Él sacó un látigo, igual que de pequeños papá o mamá nos dieron de vez en cuando y merecidamente un buen correazo para corregirnos, para que cambiáramos nuestra conducta. Cristo no acepta la violencia, no predica la violencia y no usa la violencia.
Jesús entra a Jerusalén encima de un burrito. ¡Qué decepción para algunos y qué sorpresa para otros! Pero también, ¡qué alegría para los que son hombres y mujeres sencillos y de buena voluntad! Ponen los mantos y las palmas en el suelo y cuando Él entra a la ciudad dicen: Hosanna, hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor. Lo reciben los pobres, los humildes, los sencillos. Los ricos, los poderosos dicen: Oh, qué idiota ése, mira cómo viene, qué ridículo en un burrito y si cree que así va a salvar a Israel, está loco completamente.
Y entra Jesús, manso y sumiso, con sus sandalias viejas, su manto y su túnica, encima del burrito a Jerusalén, para salvarnos de la muerte eterna.
¡Qué linda imagen de paz, de reconciliación! Apacible, humilde, sencillo, así era Jesús. San Pablo dice que nosotros tenemos que imitar los sentimientos de Cristo que siendo Dios se despojó de su rango, se hizo hombre, uno de tantos, sin dejar de ser Dios.
El que es cristiano anda encima de un burrito, sencillo y humilde, demostrando que es hijo de un Dios que es bueno y pacífico, no violento; que vive en armonía con los demás, no agresivo; que vive amando al prójimo, no atacándolo, explotándolo ni humillándolo; que respeta al prójimo, porque en el prójimo está Jesús.
El que es cristiano vive, anda encima de un burrito y no encima de aquel caballo brioso de la soberbia y el orgullo. Imitemos a Jesús, subámonos al burrito, porque Él es amor y con Él somos ¡INVENCIBLES!
Abstenerse a votar porque no nos gusta ninguno de los candidatos, es negarse a participar en la lucha por un país con mejores oportunidades, con principios y valores que fortalezcan la democracia, la libertad y la justicia social, es comportarse con indolencia e irresponsabilidad, ante el llamado a una patria que hay que salvar.
En el editorial de El Panamá América del 6 de diciembre de 2003, se afirma: "Los pueblos tienen los gobiernos que se merecen. La indolencia, el desinterés y poca responsabilidad de los electores al momento de votar, es la principal causa del clima de corrupción y de mala administración de la cosa pública de la que nos quejamos. Es que al panameño le gusta votar, pero no sabe hacerlo, no es cuestión de depositar, válidamente las papeletas para escoger a los distintos candidatos, sino que no lo sabe hacer a favor de los mejores. Siempre vota por quien le da algo a cambio y ése, de ordinario es el peor. Una vez nombrado el pariente, abierta la vereda o reparada la tubería de agua, el candidato siente que ya pagó. Después viene el lamento por el presidente, alcalde o representante que nada hace o que hace mal. Quizás eso explique el por qué de la pasividad y extrema tolerancia del pueblo por los desatinos y abusos de gobernantes. En el fondo, él sabe que lo puso donde están y que tiene que aguantárselos, porque tiene una parte de culpa. Votar es, pues, más que depositar en la urna de cartón la papeleta. Implica escuchar, observar, discutir y meditar lo que plantean los candidatos. No es escoger al que mejor habla, ni al más bonito, ni siquiera al más joven o viejo, ni al más pobre... Votar es escoger al mejor dotado para el puesto al que aspira.
Para Cristo el éxito consiste en dar la vida, en sacrificarse por los demás. Aunque nosotros aún creemos que si Dios está con nosotros todo nos debe salir bien y ser siempre exitosos. Esto no es cierto, no porque se esté cerca del Señor todo va a salir bien humanamente, no es eso lo que el evangelio dice.
El evangelio mas bien manifiesta que el éxito, la realización total se da llevando la cruz, sirviendo al prójimo y dando la vida por los demás. Ése es el auténtico logro, la plenitud total, cuando todos los dones y carismas que el Señor nos ha dado se vuelcan en una meta preciosa, maravillosa y noble, en algo realmente honesto, bueno, positivo y santo y nos entregamos allí llevando nuestras cruces y muriendo en el calvario. Ése es el éxito del evangelio.
Cristo no acepta usar la violencia para que se practique la justicia. Sí, es verdad que en una ocasión sacó el látigo y expulsó a los mercaderes del templo, pero fue para corregir, no para aniquilar; porque en ese caso hubiera sacado una espada y matado a los mercaderes.
Él sacó un látigo, igual que de pequeños papá o mamá nos dieron de vez en cuando y merecidamente un buen correazo para corregirnos, para que cambiáramos nuestra conducta. Cristo no acepta la violencia, no predica la violencia y no usa la violencia.
Jesús entra a Jerusalén encima de un burrito. ¡Qué decepción para algunos y qué sorpresa para otros! Pero también, ¡qué alegría para los que son hombres y mujeres sencillos y de buena voluntad! Ponen los mantos y las palmas en el suelo y cuando Él entra a la ciudad dicen: Hosanna, hosanna, bendito el que viene en el nombre del Señor. Lo reciben los pobres, los humildes, los sencillos. Los ricos, los poderosos dicen: Oh, qué idiota ése, mira cómo viene, qué ridículo en un burrito y si cree que así va a salvar a Israel, está loco completamente.
Y entra Jesús, manso y sumiso, con sus sandalias viejas, su manto y su túnica, encima del burrito a Jerusalén, para salvarnos de la muerte eterna.
¡Qué linda imagen de paz, de reconciliación! Apacible, humilde, sencillo, así era Jesús. San Pablo dice que nosotros tenemos que imitar los sentimientos de Cristo que siendo Dios se despojó de su rango, se hizo hombre, uno de tantos, sin dejar de ser Dios.
El que es cristiano anda encima de un burrito, sencillo y humilde, demostrando que es hijo de un Dios que es bueno y pacífico, no violento; que vive en armonía con los demás, no agresivo; que vive amando al prójimo, no atacándolo, explotándolo ni humillándolo; que respeta al prójimo, porque en el prójimo está Jesús.
El que es cristiano vive, anda encima de un burrito y no encima de aquel caballo brioso de la soberbia y el orgullo. Imitemos a Jesús, subámonos al burrito, porque Él es amor y con Él somos ¡INVENCIBLES!