"Waterbragueta"
Este fue el sobrenombre que le dio el diario francés Liberation al actual escándalo en que aparece mezclado el Presidente Clinton, que ha puesto al mundo inquieto en cuanto a las consecuencias negativas, en el plano internacional, que puede causar esta tragicomedia.
Un alto costo político por el placer parece tener que asumir el Presidente Clinton por su presunta última aventura extramarital, aunque las consecuencias graves tendrá que asumirlas más por el uso de la mentira como herramienta de poder, que por el acto mismo.
Señalaba un cronista que para Clinton podría serle útil, para la introspección, lo que señaló Lord Chesterfield en su epistolario que le dio fama y autoridad en los asuntos mundanos cuando al referirse al acto sexual expresó que "era una de las actividades animales más sobrevaloradas: el placer es momentáneo; la posición ridícula y el costo, exorbitante". Pues parece ser que para Clinton el costo del placer será devastador pues puede perder, dos años antes de agotado su mandato, la posición de mayor poder en la nación más poderosa de la Tierra, como consecuencia de su presunta última debilidad que en esta materia se le conoce, su aparente relación de 18 meses con la "pasante" en la Casa Blanca que entonces tenía 21 años.
Se trata de un escándalo que involucra sexo, poder y verdad, pues se afirma que Clinton requirió a su aparente amante que era conveniente mentirles a los jueces sobre su relación con él. Ello equivale a tratar de obstruir la justicia y cometer perjurio, ambas ofensas inaceptables en un primer mandatario en los Estados Unidos.
Esto me hace revivir palabras de un apreciado líder de la oposición que me manifestó, palabras más, palabras menos, que la vida sexual de los candidatos no debe tomarse en cuenta por cuanto que es algo personal y que si así fuere, Panamá no hubiese tenido presidentes porque todos han sido mujeriegos.
Los problemas de sexo y poder realmente no son nuevos en la historia de los EE.UU. El fundador de la nación norteamericana Thomas Jefferson fue censurado por cohabitar con una de sus esclavas; Graver Cleveland, presidente de los EE.UU. durante dos términos en el siglo XIX fue vituperado por haber tenido un hijo de una relación extramatrimonial; Dwight Eisenhower sufrió en vida la expiación de sus compatriotas por haber tenido como amante a su chofer, la voluntaria Kay Somerville; el expresidente Kennedy se le han imputado sórdidos amoríos y además su predilección por la mentira como instrumento de poder, aunque en ninguno de esos casos el sexo amenazó la continuidad institucional de la Presidencia.
Una estación de radio de Cincinnati ha ofrecido un millón de dólares para la primera mujer con excepción de Hillary Rodham Clinton que pruebe que ha tenido relaciones sexuales indebidas con el Presidente Clinton durante su gestión. El oferente ha justificado la misma indicando que el público está harto de las especulaciones sobre el nuevo escándalo sexual en la Casa Blanca y que "es hora de decir la verdad y dejar atrás el asunto".
Un diario extranjero analiza la situación y dice que frente a la copiosa información acerca de la vida íntima del Presidente Clinton, que día tras día bombardea a la opinión pública, es menester desglosar dos aspectos. En primer lugar, los que se refieren exclusivamente a la privacidad de una persona, con excepción de aquellos afectados por una denuncia penal, como podría ser un supuesto caso de acoso sexual. En segundo término, los que guardan relación con los actos de gobierno que rozan el interés público. Entre estos últimos se encuentra la posibilidad de que una joven pasante del gobierno norteamericano haya incurrido en perjurio, en falso testimonio y en obstrucción de las investigaciones del caso Whitewater, a instancias del propio presidente norteamericano.
Lamentablemente a esto le falta mucho para que concluya. Todo parece indicar que el caldero se calentará más aun, pues hay indicaciones que en allanamiento que hizo el FBI a la casa de la presunta amante de Clinton, fueron encontradas presuntas evidencias del idilio como regalos y un vestido que Lewinsky usó en uno de sus encuentros con él, así como su computadora.
Las últimas noticias al momento de este escrito dan cuenta que la joven Mónica Lewinsky dijo estar dispuesta a declarar su "affaire" con Clinton siempre que se le conceda inmunidad, pues teme ser acusada de perjurio por haber mentido antes. El problema parece estribar en que si Lewinsky no confiesa, ella será acusada de perjurio y si confiesa, entonces Clinton podría ser acusado de perjurio, ya que Lewinsky firmó declaración jurada donde niega toda relación y el fiscal especial Kenneth Starr parece tener la suficiente evidencia que prueba la existencia de la relación. Todo parece que el destino del Presidente Clinton está actualmente en las manos de una joven de 24 años. Clinton ha negado que la relación haya sido sexual. Dice que su relación no fue inadecuada. Hay quienes comentan que el problema real de Clinton es que se cree Kennedy cuando realmente es Nixon.
A muchos panameños les parecerá irrisorio todo este asunto; pues situaciones peores ni siquiera causan sonrojo entre muchos miembros de la ciudadanía. Pero no sólo en Panamá podría pasar inadvertida una conducta como la presente. El diario italiano de centroizquierda L"Unitá considera que "el mundo está al borde de una crisis tragicómica", ante las críticas a un aparato legislativo que tiene décadas de atraso sobre la evolución del sentido común y de las leyes de gran parte del Occidente moderno".
Sin embargo, conceptuamos que la importancia de este incidente, cualquiera que sean sus consecuencias ulteriores, es que en una democracia hasta el más poderoso de los hombres debe estar sujeto a los límites que imponen la ley y la necesaria independencia del Poder Judicial.
Un alto costo político por el placer parece tener que asumir el Presidente Clinton por su presunta última aventura extramarital, aunque las consecuencias graves tendrá que asumirlas más por el uso de la mentira como herramienta de poder, que por el acto mismo.
Señalaba un cronista que para Clinton podría serle útil, para la introspección, lo que señaló Lord Chesterfield en su epistolario que le dio fama y autoridad en los asuntos mundanos cuando al referirse al acto sexual expresó que "era una de las actividades animales más sobrevaloradas: el placer es momentáneo; la posición ridícula y el costo, exorbitante". Pues parece ser que para Clinton el costo del placer será devastador pues puede perder, dos años antes de agotado su mandato, la posición de mayor poder en la nación más poderosa de la Tierra, como consecuencia de su presunta última debilidad que en esta materia se le conoce, su aparente relación de 18 meses con la "pasante" en la Casa Blanca que entonces tenía 21 años.
Se trata de un escándalo que involucra sexo, poder y verdad, pues se afirma que Clinton requirió a su aparente amante que era conveniente mentirles a los jueces sobre su relación con él. Ello equivale a tratar de obstruir la justicia y cometer perjurio, ambas ofensas inaceptables en un primer mandatario en los Estados Unidos.
Esto me hace revivir palabras de un apreciado líder de la oposición que me manifestó, palabras más, palabras menos, que la vida sexual de los candidatos no debe tomarse en cuenta por cuanto que es algo personal y que si así fuere, Panamá no hubiese tenido presidentes porque todos han sido mujeriegos.
Los problemas de sexo y poder realmente no son nuevos en la historia de los EE.UU. El fundador de la nación norteamericana Thomas Jefferson fue censurado por cohabitar con una de sus esclavas; Graver Cleveland, presidente de los EE.UU. durante dos términos en el siglo XIX fue vituperado por haber tenido un hijo de una relación extramatrimonial; Dwight Eisenhower sufrió en vida la expiación de sus compatriotas por haber tenido como amante a su chofer, la voluntaria Kay Somerville; el expresidente Kennedy se le han imputado sórdidos amoríos y además su predilección por la mentira como instrumento de poder, aunque en ninguno de esos casos el sexo amenazó la continuidad institucional de la Presidencia.
Una estación de radio de Cincinnati ha ofrecido un millón de dólares para la primera mujer con excepción de Hillary Rodham Clinton que pruebe que ha tenido relaciones sexuales indebidas con el Presidente Clinton durante su gestión. El oferente ha justificado la misma indicando que el público está harto de las especulaciones sobre el nuevo escándalo sexual en la Casa Blanca y que "es hora de decir la verdad y dejar atrás el asunto".
Un diario extranjero analiza la situación y dice que frente a la copiosa información acerca de la vida íntima del Presidente Clinton, que día tras día bombardea a la opinión pública, es menester desglosar dos aspectos. En primer lugar, los que se refieren exclusivamente a la privacidad de una persona, con excepción de aquellos afectados por una denuncia penal, como podría ser un supuesto caso de acoso sexual. En segundo término, los que guardan relación con los actos de gobierno que rozan el interés público. Entre estos últimos se encuentra la posibilidad de que una joven pasante del gobierno norteamericano haya incurrido en perjurio, en falso testimonio y en obstrucción de las investigaciones del caso Whitewater, a instancias del propio presidente norteamericano.
Lamentablemente a esto le falta mucho para que concluya. Todo parece indicar que el caldero se calentará más aun, pues hay indicaciones que en allanamiento que hizo el FBI a la casa de la presunta amante de Clinton, fueron encontradas presuntas evidencias del idilio como regalos y un vestido que Lewinsky usó en uno de sus encuentros con él, así como su computadora.
Las últimas noticias al momento de este escrito dan cuenta que la joven Mónica Lewinsky dijo estar dispuesta a declarar su "affaire" con Clinton siempre que se le conceda inmunidad, pues teme ser acusada de perjurio por haber mentido antes. El problema parece estribar en que si Lewinsky no confiesa, ella será acusada de perjurio y si confiesa, entonces Clinton podría ser acusado de perjurio, ya que Lewinsky firmó declaración jurada donde niega toda relación y el fiscal especial Kenneth Starr parece tener la suficiente evidencia que prueba la existencia de la relación. Todo parece que el destino del Presidente Clinton está actualmente en las manos de una joven de 24 años. Clinton ha negado que la relación haya sido sexual. Dice que su relación no fue inadecuada. Hay quienes comentan que el problema real de Clinton es que se cree Kennedy cuando realmente es Nixon.
A muchos panameños les parecerá irrisorio todo este asunto; pues situaciones peores ni siquiera causan sonrojo entre muchos miembros de la ciudadanía. Pero no sólo en Panamá podría pasar inadvertida una conducta como la presente. El diario italiano de centroizquierda L"Unitá considera que "el mundo está al borde de una crisis tragicómica", ante las críticas a un aparato legislativo que tiene décadas de atraso sobre la evolución del sentido común y de las leyes de gran parte del Occidente moderno".
Sin embargo, conceptuamos que la importancia de este incidente, cualquiera que sean sus consecuencias ulteriores, es que en una democracia hasta el más poderoso de los hombres debe estar sujeto a los límites que imponen la ley y la necesaria independencia del Poder Judicial.