Y ahora ¿qué?
Terminamos los larguísimos y agotadores procesos electorales (referéndum, primarias y elecciones generales) dando muestras en todos ellos de un gran civismo político. Hubo siempre en el diálogo gran altura y la violencia y la confrontación estuvieron proscritas.
Los panameños actuamos a todo lo largo de estas campañas de proselitismo con gran respeto por la opinión ajena y discutiendo los puntos de vista encontrados con altura encomiable.
Pasamos de un país acostumbrado, en décadas pasadas, a los golpes de Estado, a los famosos "paquetazos" y a la alteración por diversos métodos de la voluntad popular, a un Estado de derecho y a una sociedad orgullosa de vivir en una democracia funcional que cada día se perfecciona más. Esto lo logramos con campañas de propuestas electorales, elecciones pacíficas y escrutinios transparentes que fueron un reflejo real del querer mayoritario.
Hoy gozamos del respeto y admiración de la comunidad internacional y nos aprestamos a enfrentarnos a los retos del futuro con la seguridad que nuestra capacidad, puesta muchas veces a prueba, logrará imponerse a situaciones circunstanciales que lo dificulten.
Doña Mireya Moscoso triunfó legítimamente, sin nada que pudiera empañar su ascenso al poder. Se inicia para ella la etapa más difícil de su vida política. Requerirá de toda su capacidad y se pondrá a prueba su liderazgo para conciliar tantas fuerzas antagónicas y unir a los panameños para hacerle frente, con posibilidades de éxito, a las prioridades nacionales. Es una tarea harto difícil, mucho más compleja que la que se le presentó en la conformación de su alianza con los partidos que la abanderaron.
¿Tendrá Doña Mireya Moscoso la capacidad para poder lograr la gobernabilidad necesaria que le permita hacer una realidad su plan de gobierno? ¿Podrá manejar una Asamblea constituida mayoritariamente por grupos que la adversaron en la campaña? Son estas incógnitas que pondrán a prueba no solo a la señora Moscoso sino a toda la dirigencia política del país y a la sociedad entera.
¿Habrá hidalguía, desprendimiento y responsabilidad de quienes ganaron y de quienes perdieron para colocar a Panamá primero por encima de sus propios intereses? ¿Se podrán anteponer los altos intereses nacionales, a la mezquindad y el sectarismo? Pronto lo veremos. Hay, con justificación, preocupación en cuanto a cómo podrá la nueva Presidenta superar, para bien del país, una división política tan grande como la existente y lograr la gobernabilidad necesaria. ¿La oposición, en especial la parlamentaria, actuará juiciosamente, respaldando lo positivo que el gobierno proponga y condenando enérgicamente todo lo censurable? La oposición cuando se hace de manera responsable y seria es un freno a los excesos que un gobierno pueda cometer. Ella, la oposición, es parte esencial en un sistema democrático.
Siempre fuimos proponentes, a través de Solidaridad de la "segunda vuelta" electoral para evitar casualmente, lo que hoy sucede y que el gobierno que rija los destinos del país siempre tenga un piso político amplio y la fuerza necesaria para poder llevar con éxito sus planes y proyectos. Sin embargo, los partidos mayoritarios El P.R.D. y el arnulfismo consistentemente se han opuesto a la medida, pues en el fondo ambos siempre han estado a favor del bipartidismo.
Los panameños actuamos a todo lo largo de estas campañas de proselitismo con gran respeto por la opinión ajena y discutiendo los puntos de vista encontrados con altura encomiable.
Pasamos de un país acostumbrado, en décadas pasadas, a los golpes de Estado, a los famosos "paquetazos" y a la alteración por diversos métodos de la voluntad popular, a un Estado de derecho y a una sociedad orgullosa de vivir en una democracia funcional que cada día se perfecciona más. Esto lo logramos con campañas de propuestas electorales, elecciones pacíficas y escrutinios transparentes que fueron un reflejo real del querer mayoritario.
Hoy gozamos del respeto y admiración de la comunidad internacional y nos aprestamos a enfrentarnos a los retos del futuro con la seguridad que nuestra capacidad, puesta muchas veces a prueba, logrará imponerse a situaciones circunstanciales que lo dificulten.
Doña Mireya Moscoso triunfó legítimamente, sin nada que pudiera empañar su ascenso al poder. Se inicia para ella la etapa más difícil de su vida política. Requerirá de toda su capacidad y se pondrá a prueba su liderazgo para conciliar tantas fuerzas antagónicas y unir a los panameños para hacerle frente, con posibilidades de éxito, a las prioridades nacionales. Es una tarea harto difícil, mucho más compleja que la que se le presentó en la conformación de su alianza con los partidos que la abanderaron.
¿Tendrá Doña Mireya Moscoso la capacidad para poder lograr la gobernabilidad necesaria que le permita hacer una realidad su plan de gobierno? ¿Podrá manejar una Asamblea constituida mayoritariamente por grupos que la adversaron en la campaña? Son estas incógnitas que pondrán a prueba no solo a la señora Moscoso sino a toda la dirigencia política del país y a la sociedad entera.
¿Habrá hidalguía, desprendimiento y responsabilidad de quienes ganaron y de quienes perdieron para colocar a Panamá primero por encima de sus propios intereses? ¿Se podrán anteponer los altos intereses nacionales, a la mezquindad y el sectarismo? Pronto lo veremos. Hay, con justificación, preocupación en cuanto a cómo podrá la nueva Presidenta superar, para bien del país, una división política tan grande como la existente y lograr la gobernabilidad necesaria. ¿La oposición, en especial la parlamentaria, actuará juiciosamente, respaldando lo positivo que el gobierno proponga y condenando enérgicamente todo lo censurable? La oposición cuando se hace de manera responsable y seria es un freno a los excesos que un gobierno pueda cometer. Ella, la oposición, es parte esencial en un sistema democrático.
Siempre fuimos proponentes, a través de Solidaridad de la "segunda vuelta" electoral para evitar casualmente, lo que hoy sucede y que el gobierno que rija los destinos del país siempre tenga un piso político amplio y la fuerza necesaria para poder llevar con éxito sus planes y proyectos. Sin embargo, los partidos mayoritarios El P.R.D. y el arnulfismo consistentemente se han opuesto a la medida, pues en el fondo ambos siempre han estado a favor del bipartidismo.