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¿Y ahora, qué?


El Gobierno Nacional presentó unas reformas a la Caja de Seguro Social (CSS) cumpliendo con su responsabilidad administrativa, para cumplir sus promesas electorales o por presiones; la razón no importa. Lo importante es que ellas se dieron y que según sus proponentes en dos años terminará la insolvencia financiera de la institución de seguridad social y se asegurarán sus reservas por muchos años. El proyecto fue muy discutido y ampliamente divulgado.
Cuando se presentó el proyecto original, manifesté que contenía elementos positivos, como la gradualidad y el sacrificio compartido. Dije también que al mismo podrían introducírsele algunos cambios que lo hicieran más justo y equitativo. Con posterioridad, se hicieron algunas modificaciones, más de 90 inicialmente y unas 30 ó 40 antes de que el mismo fuera aprobado en segundo debate. Muchas de las modificaciones fueron de poca trascendencia y más bien de fórmula que de fondo. Sin embargo, el Sr. Presidente de la República hizo un anuncio en que introdujo ciertos cambios, siendo el principal la disminución del incremento a la edad de jubilación de las mujeres.
En la Asamblea Nacional, por razones que desconozco, pero innecesarias; se les dio aprobación a las reformas en horas de la madrugada cuando lo mismo podría hacerse el domingo en horas de la tarde, pues contaban con los votos necesarios para la aprobación. Dejaron con su apresuramiento un mal sabor en la comunidad.
Por otro lado, los huelguistas dirigidos por el CONUSI, el grupo izquierdista más radical del país, declaró una "huelga indefinida". A ellos se sumaron algunos gremios como los educadores y los médicos.
La ley fue aprobada y la huelga decretada. Los perjuicios de la huelga afectan, sobre todo, a los más necesitados.
Los educadores dejaron de enseñarle a sus alumnos en las escuelas públicas, desoyendo las peticiones de las distintas asociaciones de padres de familia. Los médicos, con muy poco sentido humanista, dejaron de atender a los pobres. No obstante, muchos de ellos curan a quienes tienen recursos económicos en sus clínicas privadas. Es el pueblo, en última instancia, el que más sufre con la situación.
Ahora, muchos se preguntan: ¿Qué va a pasar? Es necesario e imprescindible que representantes del gobierno y delegados de los huelguistas se sienten a aclarar situaciones, a dar las explicaciones y los alcances necesarios, aunque creo que la presente ley pudo con algunos cambios ser mejor. Estamos frente a una realidad, ella está vigente; nos guste o no nos guste hay que cumplirla.
Algunos, a quienes califico de ilusos, piensan que el gobierno puede derogarla. No creo, por muchas razones, que eso sea así. Puede el gobierno aclarar en las reglamentaciones a la ley muchas de las incógnitas que con justificadas razones tienen algunos gremios.
Es hora de que las autoridades del gobierno y los representantes sindicales piensen que en esta situación nadie gana, todos pierden.
El país detiene su marcha de progreso y de conciliarse voluntades.
El pobre seguirá cada día más pobre, pues estas medidas radicales dirigidas por quienes no tienen mucho que perder se imaginan que pueden ganar aunque vayan contra del sentido natural del panameño que busca mejorar sus condiciones de vida, dentro del sistema de libre empresa.
Yo le pregunto en este mensaje, ¿cómo está su relación con Dios? De acuerdo con la respuesta le diré si usted podrá vencer cualquier situación de maldad en el mundo o será vencido en cualquier momento.
Pidámosle al Señor que nos mantenga en su gracia, viviendo plenamente una vida en Dios. Y recuerde, ¡con ÉL, usted es INVENCIBLE!

101 años de Panamá América

 
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