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¿Y el agua qué?


El 9 de enero de 1992, escribí mi primer artículo; precisamente, con el mismo título que encabezo éste. Para esa fecha, la distribución del agua era tan irregular como ahora y el IDAAN informaba que la ampliación de la potabilizadora tomaría unos 18 meses. Ya han pasado once años y las condiciones irregulares ni siquiera son las mismas, son peores. Hoy tenemos una emergencia nacional porque el país se queda sin agua.
El 18 de marzo pasado, redacté otro artículo sobre el agua y los carnavales, en el cual expuse un mosaico de datos. Ya teníamos la sequía y el agua se desperdiciaba en el interior del país y en la capital como si fuera confeti.
Racionamos el suministro del agua, mientras la ANAM ha estado autorizando las quemas hasta llegar a un punto que la deforestación es alarmante y los ríos claman venganza porque se han convertido en zanjas.
El tizne ha teñido toda la ciudad de un gris desagradable y molestoso. Si en el interior y en Darién las quemas se han sobrepasado, en la ciudad la actitud ha sido igual. No creo que estas quemas en la ciudad sean espontáneas. Los gestores se dirán que si en el interior son autorizadas, la capital tiene el mismo derecho.
Las quemas están causando severos daños, le quitan nutrientes al suelo, favorecen su erosión, y afectan las cuencas hidrográficas, produciendo muchas veces que los cauces de quebradas y ríos que alimentan las tomas del agua de la planta potabilizadora se sequen, como está sucediendo actualmente con el río Tocumen.
Mientras globalmente se está tratando de reducir el déficit de agua por la mitad, Panamá la desperdicia. El IDAAN produce por día 269.6 millones de galones de agua potable y de ese total no se contabiliza el 43%, porque el vital líquido se pierde en escapes en la red y por el mal uso de los usuarios. (El Panamá América, 4.23.03). Todo esto no es una sequía, es una tragedia para todos, los agricultores, los productores, los ganaderos, los pobres, los ricos, y se dice que esta situación puede persistir hasta junio. Lo que más me duele es que en lo que yo estoy aterrorizada, nuestra Presidenta manifiesta que esto se escapa de las manos del gobierno (El Panamá América, 4.22.O3). La tala indiscriminada elimina el colchón boscoso que permite mantener agua en el suelo y en los ríos. Con la deforestación el agua de lluvia se escurre y se va al mar. (El Panamá América, 4.22.03)
En Panamá, país tan chico, toda la población debía tener agua, pero hay sectores que hacen mal uso de la misma en deterioro de otros. Nos falta agua, es cierto; pero antes que eso, no que memos, no matemos ni destruyamos la flora. Conservemos nuestros ríos y quebradas limpias; dejémoslos correr a su libres albedrío, sin basura y seremos compensados.

101 años de Panamá América

 
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