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Y el pueblo votó


Tendremos un nuevo presidente. Martín ganó abrumadoramente. Quiero consignar mi admiración por la manera que el presidente electo se maneja con su esposa e hijos. Para mí éste es un buen signo.
También me agrada que se hable de un pacto social contra la pobreza, la corrupción y la desesperanza. A mi modo de ver, el mejor instrumento para alcanzar esta loable meta es la Constituyente Paralela, la cual sea redactada por ciudadanos notables y también comunes y corrientes que no sean juez y parte, como lo son los padres de la patria de hoy día. En el logro de esta meta debemos colaborar todos.
Sé que es muy temprano para adelantar determinados juicios. Hay uno que no puedo dejar de mencionar: Martín debió declarar su decisión de afrontar el problema que aqueja a la Caja de Seguro Social. Su solución es impostergable.
Además percibo, y ojalá que esté equivocado, que los jóvenes votaron por el candidato más joven, sin un verdadero análisis a conciencia y las mujeres favorecieron a Martín también por razones de prejuicio que no estoy preparado a especificar en este momento.
Sostengo que lo importante no es que ganó Martín Torrijos, sino determinar y probar en los hechos que ganó Panamá. Para esto, todos los ciudadanos debemos participar y colaborar de manera altruista y patriótica.
Estoy de acuerdo con las declaraciones de Cuchungo y Billy, candidatos de mi preferencia, en el sentido de que harán una oposición vertical y respaldarán la gobernabilidad que necesita el país.
El pueblo dio una demostración de civismo y votó sin mayores dificultades y en todo orden. Pero nadie puede negar que hemos vivido una caricatura de democracia que, en realidad, es una partidocracia, en la cual los dos partidos más poderosos, hasta ahora, no han permitido la participación amplia de todos los sectores ciudadanos.
No estoy destilando amargura porque perdieron los candidatos de mi predilección, estoy puntualizando ideas que también hubiera subrayado si Cuchungo hubiera salido victorioso.
Debemos luchar denodadamente para hacer de nuestra democracia una realidad funcional, en la cual participan los más variados sectores de opinión y que no se limita a celebrar elecciones cada cinco años.
Un punto que debe ser reconocido por tirios y troyanos es que la cantidad de dinero que se gastó en el proselitismo político fue altísima. Debe buscarse la manera de que se divulguen las donaciones partidistas y que tales sumas extraordinarias se apliquen a la solución de los problemas de los más necesitados, aunque sea en parte.
Como ya lo ha dicho nuestro Arzobispo, los políticos deben servir al pueblo antes que servirse de los recursos del Estado.
Las donaciones políticas en nuestra caricatura de democracia, con frecuencia, se han hecho a guisa de donaciones por las cuales se esperan réditos.
Martín alega que lidera un grupo nuevo de dirigentes que tiene su mirada fija en el presente y el futuro y que ha dejado atrás el pasado. Pues bien, debemos no sólo exigirle que cumpla ese objetivo, sino también cooperar con él en ese empeño, lo cual implica que le toquemos el hombro toda vez que parezca renegar de sus promesas y metas. Las palabras se las lleva el viento, las obras perduran.
Estamos en una etapa incipiente de un nuevo gobierno que se posesionará en escasos cuatro meses. Le deseamos la mejor de las actuaciones porque así lo exigen los ciudadanos que queremos lo mejor para Panamá. Valga la redundancia. Agregamos nuestras palabras de aliento para que los políticos que cuentan cumplan dinámicamente con sus acciones de oposición vertical y apoyo a la gobernabilidad porque Panamá es inmortal y es lo que merece.

101 años de Panamá América

 
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