Y se hizo la luz
Es posible que todos los ciudadanos, todos los que pagan impuestos, tengan la certeza de que esos recursos se invierten de manera correcta. Es posible que no haya razón para pensar lo contrario, pero cuando un velo de oscuridad cubre sus ojos, comienzan las sospechas. Un recorrido nocturno por la ciudad pone al descubierto extensas áreas poco iluminadas.
Podría ocurrir que en algunos sectores los propios moradores destruyan la infraestructura en las que se apoya el tendido eléctrico, o que las piezas, por desgaste, hayan dejado de funcionar. En todos los casos, sin embargo, la pregunta que surge es qué parte de las autoridades debe estar al tanto de estas realidades.
Un área mal iluminada constituye un atentado a la seguridad del ciudadano, con mayor razón ahora que el crimen y la delincuencia, con innovadoras tácticas, roban, secuestran y asesinan. Ni uno solo de los cadáveres de las ejecuciones que se registran a diario ha sido hallado en áreas iluminadas. Si antes muchos aparecían en apartados lugares de la ciudad, ahora muchos aparece en áreas tan cercanas como Villa Zaíta y otras zonas que, como la avenida Frangipani, son túneles de luces mustias, casi oscuras, por mencionar solo una.
¿Quién se encarga de esto? ¿Quién debe hacerse cargo, por ejemplo, de que el hollín de los autos no oscurezca las luces de los semáforos?
Ojalá que en las direcciones y los funcionarios que tienen que ver con estos temas se haga la luz.